El Esquema Fenicio (The Phoenician Scheme)

Más tedio ornamental

Por Emiliano Fernández

A menos que ocurra algún milagro a futuro (todo es posible en la tierra de Dios y el Diablo, sobre todo de este último), la decadencia de Wes Anderson parece que llegó para quedarse porque después de la calamitosa Asteroid City (2023) se aparece con la igualmente vacía y mediocre El Esquema Fenicio (The Phoenician Scheme, 2025), justo cuando se asomaba una lejana posibilidad de que levantase la puntería gracias al buen nivel en general de sus cuatro cortometrajes interconectados para Netflix basados en textos del afamado Roald Dahl, hablamos de La Maravillosa Historia de Henry Sugar (The Wonderful Story of Henry Sugar, 2023), El Cisne (The Swan, 2023), El Desratizador (The Rat Catcher, 2023) y Veneno (Poison, 2023). Las correspondencias en cuanto a torpeza, obsesiones y falta de ideas novedosas -o presencia de redundancias, que es lo mismo- se sienten tan evidentes que hasta parecen adrede, en este sentido pensemos que en la odisea que nos ocupa y la anterior nos topamos con una historia situada en una década del 50 hiper caricaturesca, dos ejes fundamentales en tanto corazones de la trama, uno principal y el otro secundario, y un objetivo narrativo tácito que se va rápidamente al demonio por la tendencia del realizador, guionista y productor estadounidense a privilegiar su estilo ornamental y hoy por hoy muy tedioso y repetitivo por sobre cualquier sustancia conceptual o simbólica, así en Asteroid City dominaban el luto/ la depresión y una crítica muy light a la ingenuidad conservadora yanqui y en El Esquema Fenicio prevalecen la familia en crisis que se reconstruye y un ataque demasiado difuso a la oligarquía capitalista especuladora que gusta de entregarse a unos proyectos faraónicos construidos sobre la explotación, la rapiña o el parasitismo más mundano, amén de esa intentona frustrada a la que nos referíamos anteriormente en cuanto al trasfondo identitario del convite, en el primer caso vinculado a parodiar la ciencia ficción bien paranoica del período y en el segundo a satirizar el cine de espionaje de la Guerra Fría.

 

Una vez más recurriendo a su colección de maquetas/ casitas de muñecas/ mamushkas/ dioramas/ mattes/ miniaturas mediante las cuales pretende recuperar la frescura de Jacques Tati, Max Ophüls y Jean Renoir aunque desde la frialdad de Stanley Kubrick o Luchino Visconti y por supuesto jugando con unas tableaux vivants que nada pueden hacer ante sus homólogas de gente más talentosa y astuta como Serguéi Paradzhánov, Roy Andersson, Peter Greenaway y Aki Kaurismäki, entre otros, el norteamericano ahora nos presenta el periplo de tres personajes, Anatole “Zsa-Zsa” Korda (Benicio del Toro), un millonario de ascendencia húngara especializado en el tráfico de armas y faenas industriales varias, la Hermana Liesl (Mia Threapleton), una bella monja que es también la única hija del anterior porque tiene la friolera de nueve hijos varones menores de edad, y Bjørn Lund (Michael Cera), un entomólogo noruego que forma parte del séquito de empleados hiper rastreros del magnate. Si bien el guión trata de coquetear con dos intereses adicionales, léase la historia de amor entre Lund y Liesl y la reconexión entre esta última y su padre, un ser despreciable como todo capitalista que se mueve sin ética y adora la mano de obra esclava, el verdadero eje del relato es asimismo bipartito y abarca por un lado una serie de intentos de asesinato contra Zsa-Zsa en apariencia a cargo de un consorcio empresarial mafioso dirigido por Excálibur (Rupert Friend), luego de los cuales el oligarca experimenta alucinaciones sobre un Más Allá que lo juzga, precisamente, por ser repugnante, y por el otro lado una retahíla de encuentros con inversores para cubrir el déficit, La Brecha/ The Gap según el argot de la película, que genera la manipulación del precio de los materiales, por parte del diabólico consorcio de empresarios de todo el globo, para un mega proyecto de Korda en la Fenicia del título, país ficticio que alude a una antigua región de Medio Oriente y en esencia una nación a la cual el millonario pretende transformar expandiendo mucho su infraestructura.

 

Como si se tratase de una copia burda o hueca de la saga por antonomasia del director estadounidense Blake Edwards y el actor británico Peter Sellers, aquella de las recordadas La Pantera Rosa (The Pink Panther, 1963), Un Disparo en la Oscuridad (A Shot in the Dark, 1964), El Regreso de la Pantera Rosa (The Return of the Pink Panther, 1975), La Pantera Rosa Ataca de Nuevo (The Pink Panther Strikes Again, 1976), La Venganza de la Pantera Rosa (Revenge of the Pink Panther, 1978) y La Pista de la Pantera Rosa (Trail of the Pink Panther, 1982), aquí los intentos de homicidio contra Zsa-Zsa son muy espaciados y poco inspirados, el palabrerío banal, caprichoso e insoportable suplanta al slapstick o la comedia física de antaño y por cierto el desfile de personajes bizarros por la pantalla no agrega nada a lo ya visto en todas las obras previas de Anderson, en términos concretos nos referimos a los encuentros del trío protagónico con los inversores en sintonía con Marseille Bob (Mathieu Amalric), Marty (Jeffrey Wright), la Prima Hilda (Scarlett Johansson) y los socios Leland (Tom Hanks) y Reagan (Bryan Cranston), salvándose únicamente de generar hastío aquel Tío Nubar del hilarante Benedict Cumberbatch, la excepción que confirma la regla. Lo que se mueve por detrás de la crisis creativa del realizador es el hecho de que su modelo artificial de narración se agotó después de alcanzar la cúspide en El Gran Hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel, 2014), por ello la espiral descendente fue escalonada e incluyó una primera fase todavía atractiva, aquella de Isla de Perros (Isle of Dogs, 2018) y La Crónica Francesa (The French Dispatch, 2021), y otra abiertamente dolorosa o amiga de una vergüenza ajena por la casi nula capacidad de reinventarse o enriquecer su lenguaje expresivo con otros recursos menos vanidosos o autoindulgentes, etapa reciente que cubre Asteroid City y la presente El Esquema Fenicio, obras que en gran medida dejaron de ser graciosas y abusan de los diálogos cortantes/ cortados en línea con el primer David Mamet.

 

A pesar de que se agradecen la belleza y la enorme minuciosidad del diseño de producción de Adam Stockhausen, la presencia del estupendo Del Toro, esa fotografía muy delicada de Bruno Delbonnel y el carácter entre lírico y jovial de las secuencias celestiales justo luego de cada semi fallecimiento de Korda, en las cuales descubrimos luminarias de la talla de Willem Dafoe, F. Murray Abraham, Charlotte Gainsbourg y Bill Murray, amén de detalles como la eventual condición de agente del consorcio de Bjørn y el chiste repetido de esas granadas de mano que Zsa-Zsa ofrece a los secundarios como si fuesen bombones o un canapé, lamentablemente todas las situaciones, criaturas e intercambios parecen responder a una remake tácita de El Gran Hotel Budapest aunque sin el encanto ni la inteligencia de aquella, como aseverábamos antes, y la falta total de naturalidad -aquí exacerbada hasta el ridículo- a esta altura tiende a aburrir o molestar porque en vez de generar el efecto buscado en consonancia con el cine europeo, la reflexión mediante un distanciamiento con respecto a lo visto, en realidad lo que provoca es un autosabotaje general porque la frialdad de los personajes, según el relato atravesando sucesivas debacles de todo tipo pero sin demostrarlo en lo anímico, los termina empardando a maniquíes sin alma o quizás a títeres cuyos hilos se ven a la distancia. Así como el objetivo de criticar al capitalismo salvaje cae en saco roto por esta sensación de pose cíclica sin convicción ideológica verdadera alguna, la misión de reírse del espionaje modelo década del 50 derrapa en una colección de intentos estériles de asesinato -de nuevo, únicamente se salva el último y aparatoso del Tío Nubar- y reuniones anodinas con otros oligarcas del rubro de los negocios que definitivamente sólo Anderson parece considerar gratificantes o dignas de ocupar tanto metraje. Sin emociones y con un conservadurismo formal tristón, El Esquema Fenicio no llega a ser mala aunque confirma el automatismo narcisista y siempre petrificado de un realizador que gira sobre sí mismo…

 

El Esquema Fenicio (The Phoenician Scheme, Estados Unidos/ Alemania, 2025)

Dirección y Guión: Wes Anderson. Elenco: Benicio del Toro, Mia Threapleton, Benedict Cumberbatch, Michael Cera, Tom Hanks, Scarlett Johansson, Bryan Cranston, Mathieu Amalric, Jeffrey Wright, Bill Murray. Producción: Wes Anderson, Jeremy Dawson, Steven Rales y John Peet. Duración: 101 minutos.

Puntaje: 4