La carrera del realizador chino/ hongkonés John Woo, el último director revolucionario que dio el cine de acción posmoderno, puede resultar un tanto laberíntica para los no iniciados pero en realidad es bastante lineal porque abarca cinco etapas que comienzan en sus años formativos en la industria cinematográfica de Hong Kong, por cierto en ebullición durante las décadas del 70 y 80 gracias a la popularidad inagotable de Bruce Lee y el kung fu a nivel internacional. Así las cosas, el señor se paseó por el melodrama, las gestas históricas, el musical, el cine bélico, las propuestas ómnibus, el wuxia (espadas más China Antigua más romance), las aventuras, la fantasía, el slapstick, las faenas familiares y sobre todo la comedia criminal y el cine de artes marciales en general, entregando un grupito atractivo de propuestas que anticiparon a cuentagotas distintos detalles de lo que estaba por venir, La Mano de la Muerte/ The Hand of Death (Shao Lin Men, 1976), El Último Caballero/ Last Hurrah for Chivalry (Hao Xia, 1979) y Héroes de Guerra/ Heroes Shed No Tears (Ying Xiong Wu Lei, 1984), amén de Exorcismo Infernal/ To Hell with the Devil (Mo Deng Tian Shi, 1982), toda una curiosidad que mezclaba el terror con las risas. El período de gloria de Woo, entre mediados de los años 80 e inicios de la década siguiente, suele englobarse en el denominado “gun fu”, una amalgama de artes marciales y armas de fuego que hacen las veces de cuchillos y espadas, y en la Matanza Heroica/ Heroic Bloodshed, subgénero del cine de acción que combina de manera muy estilizada ingredientes del wuxia, el film noir y los spaghetti westerns casi siempre haciendo foco en antihéroes solitarios, policías y/ o miembros de las tríadas, la mafia china. La seguidilla de joyas que marcaría a fuego todo el derrotero profesional del cineasta abarca Amenaza Final/ A Better Tomorrow (Ying Hung Boon Sik, 1986), Amenaza Final II: La Revancha/ A Better Tomorrow II (Ying Hung Boon Sik II, 1987), El Killer/ The Killer (Dip Huet Seung Hung, 1989), Una Bala en la Cabeza/ Bullet in the Head (Dip Huet Gai Tau, 1990), Reto a la Ley/ Once a Thief (Chung Hang Sei Hoi, 1991) y Duro de Vencer/ Hard Boiled (Lat Sau San Taam, 1992), la cual tendría una especie de secuela en el ecosistema de los videojuegos de la mano de un producto con la participación o sello de Woo, Dominio Completo (Stranglehold, 2007), lote al que se suma la correcta o en todo caso accesoria Sólo Héroes/ Just Heroes (Yee Dam Kwan Ying, 1989).
Como el transcurso del tiempo ha ratificado, no fue precisamente una buena idea mudarse a Hollywood porque el control dictatorial de los estudios superaba considerablemente al de su productor de cabecera de la etapa hongkonesa, Tsui Hark, por ello sólo pudo redondear una propuesta interesante, Contracara (Face/ Off, 1997), y en esencia se consagró a un pelotón de odiseas muy desparejas que incluye a Hard Target: Operación Cacería (Hard Target, 1993), Código Flecha Rota (Broken Arrow, 1996), Misión Imposible II (Mission Impossible II, 2000), Códigos de Guerra (Windtalkers, 2002) y El Pago (Paycheck, 2003), más las televisivas Matar a un Ladrón (Once a Thief, 1996), remake de su opus de 1991, y Blackjack (1998), flojo film con Dolph Lundgren. La esperable vuelta a Asia se materializó vía la épica histórica El Acantilado Rojo/ Red Cliff (Chi Bi, 2008) y su secuela inmediata, El Acantilado Rojo II/ Red Cliff II (Chi Bi: Jue Zhan Tian Xia, 2009), sin embargo todo lo ofrecido luego sería cuesta abajo porque rápidamente cayeron en el olvido otro díptico muy ambicioso, El Cruce (The Crossing, 2014) y El Cruce II (The Crossing 2, 2015), y un par de intentos de regreso al wuxia y aquella Matanza Heroica, Reino de Asesinos/ Reign of Assassins (Jian Yu, 2010) y Cacería Humana/ Manhunt (Zhui Bu, 2017), respectivamente. El último ciclo se corresponde a dos repliegues fallidos hacia los años del gun fu aunque ahora -de nuevo- dentro del ecosistema anglosajón, un planteo que lo llevó a tropezarse con la misma exacta piedra de antaño y nos dejó con Venganza Silenciosa (Silent Night, 2023), epopeya casi muda/ sin diálogos, y El Asesino (The Killer, 2024), relectura del neoclásico de 1989 para el servicio de streaming de Universal Pictures, Peacock. Semejante derrotero, lleno de idas y vueltas a lo largo de más de cinco décadas, no hizo más que engrandecer a la distancia su última obra maestra, Duro de Vencer, no tanto una síntesis del acervo de Woo sino más bien una destilación perfecta de sus obsesiones que resulta comparable a lo hecho por Ringo Lam, el otro gran representante de la Matanza Heroica, en Punto de Impacto/ Full Contact (Hap Do Ko Fei, 1992), una de sus tres joyas ineludibles junto con Ciudad en Llamas/ City on Fire (Lung Foo Fung Wan, 1987) y Prisión en Llamas/ Prison on Fire (Gam Yuk Fung Wan, 1987), la primera la inspiración más que evidente para Perros de la Calle (Reservoir Dogs, 1992), policial negro del cleptómano bobalicón Quentin Tarantino.
En la película que nos ocupa, un thriller progresivamente más y más demencial y por ello fascinante que fue doblado por completo en estudio con las voces de los actores originales, Woo optó por aminorar la carga de dos componentes fundamentales de sus films previos, el melodrama y los protagonistas como integrantes de las tríadas, para centrarse más que nada en la acción y glorificar a los esbirros de la ley desde esa cosmovisión un tanto grotesca e hiperbólica que roza la autoparodia, perspectiva tendiente a generar un convite que lleva al extremo el “caos controlado” que enmarca el período de oro del cineasta en consonancia con una serie de circunstancias acumuladas del montón, pensemos en la necesidad de reescribir los personajes por problemas de casting, en el repentino fallecimiento en 1991 a raíz de un infarto del primer guionista, Barry Wong, en el apuro para contratar cuanto antes a un sustituto para que siga puliendo la historia diagramada por el realizador, Gordon Chan, en la constante improvisación de Woo durante el rodaje aprovechando actores y locaciones disponibles varias, en su creciente ambición -y por ende, dificultades- a la hora de construir las secuencias de balaceras y explosiones, en los sucesivos sobornos para contentar a las tríadas de la praxis real en calidad de “permisos de filmación”, en la disputa de egos entre las dos estrellas y actores fetiches del señor, los maravillosos Chow Yun-fat y Tony Leung Chiu-wai, y por supuesto en la idea de Woo de mudarse a posteriori a Estados Unidos al punto de tener que eliminar íntegramente la trama primigenia de Duro de Vencer, centrada en un psicópata que envenenaba un cargamento de comida para bebés, para no espantar a posibles financistas de un Hollywood siempre timorato, necio o santurrón. El relato, como decíamos antes, es prácticamente inexistente y apenas si se concentra en la relación entre por un lado el Inspector Yuen Ho-yan alias Tequila (Chow), quien en la primera escena se queda sin su compañero y mejor amigo, Benny Mak (Bowie Lam), debido a un tiroteo en una casa de té entre dos bandas de traficantes de armas, y por el otro lado Alan (Leung), policía encubierto que reporta al jefe y a la novia del anterior, Pang (Philip Chan) y Teresa Chang (Teresa Mo), y oficia de raudo sicario de las tríadas, debiendo saltar por obligación contextual -o un juego de poder que se le escapa de las manos- de la pandilla del Tío Hoi (Kwan Hoi-san) a la del advenedizo Johnny Wong (Anthony Wong), su sucesor entusiasta.
Tres son las carnicerías cruciales de la experiencia, la inicial en la casa de té, donde Tequila mata sin saberlo a otro oficial encubierto, aquella del centro de operaciones de Hoi, especie de aguantadero que es asaltado por Johnny, sus secuaces y un Alan que termina reventando a regañadientes a su antiguo jefe para que Wong pase a controlar desde el negocio de armas hasta el narcotráfico y el desguace de vehículos robados, y finalmente toda la segunda parte del metraje en el Hospital Maple de Hong Kong, cuando las dos policías -el agente secreto y el inspector- descubren el escondite del arsenal de Johnny, precisamente ubicado en una bóveda subterránea del nosocomio a la que se ingresa desde la morgue, por obra y gracia de un informante, Xiaogao/ Foxy (Stephen Tung), quien es golpeado por las huestes de Wong y termina siendo asesinado en el hospital por el principal ejecutor del villano, Mad Dog (Philip Kwok), a su vez un tuerto con problemas de conciencia porque no le gusta para nada la propensión a matar inocentes del mandamás, personal médico y muchos pacientes incluidos. Todos los latiguillos formales y temáticos de Woo dicen presente sin anestesia alguna en Duro de Vencer, recordemos esa cámara lenta para el suspenso o los momentos agitados, unas one-liners sarcásticas, travellings constantes, los zooms y primeros planos furiosos, el motivo del “ejército de un solo hombre”, alguna que otra toma secuencia, el gore ampuloso, una edición semi lírica, imágenes congeladas, un soundtrack de impronta jazzera, los planos holandeses y desde ángulos bajos en términos macros, muchos fundidos por barrido, una historia tan escueta como ridícula, esos cuerpos volando por los aires, la traición, los duelos bombásticos a la mexicana, pinceladas de slapstick, bastante anglofilia, algo de romance, dilemas morales homologados al honor y a la lealtad, explosiones por doquier, la fraternidad masculina, diálogos entre irónicos y existencialistas, esa infaltable revancha, giros crípticos que a la postre resultan muy sencillos, coreografías inverosímiles de batallas, homoerotismo histérico tácito, el cameo del propio director -aquí componiendo al dueño sin nombre del bar donde Tequila toca el clarinete, un mentor del susodicho- y la obsesión de siempre con las consecuencias psicológicas de matar a paparulos que se cruzan en el camino de estos chiflados de armas tomar, como por ejemplo las ametralladoras, las escopetas, las pistolas, los revólveres y esas hilarantes bazucas que dominaron los 80 y 90.
Woo recupera la algarabía homicida, léase el ballet del gun fu, aunque se muestra menos adepto a la iconografía cristiana, la fanfarria lacrimógena y aquellos chispazos abiertamente bizarros, agujeros negros en el desarrollo narrativo de por medio. El recurso del hospital como un paradójico depósito de armas implica el surrealismo atroz del cineasta, una crítica virulenta al sistema de salud e incluso sendas referencias a James Bond/ 007, franquicia absurda por antonomasia de la historia del cine, y Duro de Matar (Die Hard, 1988), gesta de John McTiernan alrededor de otra toma de rehenes que es saboteada desde adentro. El latiguillo de la insatisfacción también dice presente porque Alan pretendía ser un policía común y corriente pero le encargaron esta misión encubierta, donde de combatir el delito pasó a transformarse en partícipe necesario, mientras que Tequila deseaba ser músico de jazz para consagrarse a un devenir artístico idealizado, en sí vinculado al hedonismo. Otro pivote importante para por el rescate de los bebés de la maternidad del hospital, jugada que rankea en punta como una de las más estrafalarias de toda la Matanza Heroica y asimismo funciona de excusa para uno de los mejores chistes del film, cuando Tequila le dice al crío en sus brazos “acción prohibida para menores” y luego recibe un balazo y debe limpiarle la sangre al mocoso, salpicada en su cara desde el cuerpo del inspector. Estamos frente a una superproducción muy imaginativa que supera por mucho al Hollywood de aquella época -y sobre todo al posterior, ese inmundo del Siglo XXI- gracias a su dinamismo, su efusividad y sus masacres non stop, abriéndose camino como la última joya inmaculada de Woo y para muchísimos cinéfilos la última gran odisea del cine de acción desde entonces, una catedral del desvarío en simultáneo cruento y adictivo que patentó todo lo que vendría después, del mismo modo que el asiático bebió a caudales de los ralentís y las bellas carnicerías del Sam Peckinpah de La Pandilla Salvaje (The Wild Bunch, 1969) y Perros de Paja (Straw Dogs, 1971), los duelos y dilemas del Sergio Leone de Érase una vez en el Oeste (C’era una Volta il West, 1968) y Érase una vez en América (Once Upon a Time in America, 1984), todo el catolicismo de redención de ese Martin Scorsese de Calles Salvajes (Mean Streets, 1973) y Taxi Driver (1976) y la elegancia y el esteticismo neo noir del Jean-Pierre Melville modelo El Samurái (Le Samouraï, 1967) y El Círculo Rojo (Le Cercle Rouge, 1970), entre otras…
Duro de Vencer (Lat Sau San Taam, Hong Kong, 1992)
Dirección: John Woo. Guión: John Woo, Barry Wong y Gordon Chan. Elenco: Chow Yun-fat, Tony Leung Chiu-wai, Anthony Wong, Stephen Tung, Teresa Mo, Philip Chan, Philip Kwok, Bowie Lam, Kwan Hoi-san, John Woo. Producción: Terence Chang y Linda Kuk. Duración: 128 minutos.