El mayor mérito de Okja (2017), y el que la sitúa en un nivel muy superior con respecto a casi todo el cine contemporáneo, pasa por el hecho de que es una película explícitamente política, con un objetivo bien concreto orientado a denunciar con énfasis el maltrato y la explotación animal en el capitalismo alimenticio de nuestros días a través de una fábula ecológica y antiimperialista francamente prodigiosa. El realizador y guionista Bong Joon-ho, el genio detrás de Barking Dogs Never Bite (Flandersui Gae, 2000), Memories of Murder (Salinui Chueok, 2003), The Host (Gwoemul, 2006), Mother (Madeo, 2009) y Snowpiercer (2013), se mete de lleno en los tópicos de la crueldad y la comercialización de la vida sin el clásico maquillaje naif del mainstream norteamericano, llamando a las cosas por su nombre y haciendo que el relato hable por sí mismo desde la más diáfana sinceridad.
Como en los otros films de Bong, en esta ocasión volvemos a tener en el centro de la trama a un personaje que lucha en pos de defender sus valores contra los vientos y las mareas de una sociedad egoísta, reaccionaria y agresiva que no permite que nadie se salga del molde preestablecido, lo que genera una serie de situaciones con un registro que va desde lo cómico hasta lo trágico, poniendo siempre de relieve que detrás de cada conflicto de interés se esconde un cúmulo más que generoso de actores que lo complejiza y lo aleja de las fórmulas narrativas vetustas de “los buenos versus los malos”, ya que aquí lo que prima es una suerte de reinterpretación basada en el eje del dolor y la transformación de algunos en inocentes y del resto en culpables/ responsables de las muchas barrabasadas perpetradas. A diferencia del infantilismo actual, los opus del surcoreano adoptan una perspectiva adulta.
Ya el prólogo nos aclara el contexto general: en New York, en 2007, Lucy Mirando (Tilda Swinton), la CEO de la Mirando Corporation, una de las empresas agroquímicas más odiadas del planeta, anuncia que descubrieron un súper cerdito en una granja de Chile y que lo llevaron a Estados Unidos, logrando reproducir con éxito 26 retoños porcinos que serán los protagonistas de una competencia al ser enviados a los 26 países donde la multinacional tiene sucursales para su crianza -a lo largo de 10 años- por parte de productores locales o campesinos. El devenir salta a 2017, en una región montañosa de Corea del Sur, donde viven la pequeña Mija (Ahn Seo-hyun), una niña de 14 años, su abuelo Hee-bong (Byun Hee-bong) y el gigantesco animal que responde al nombre de Okja, quien por su tamaño e inmejorable salud, fruto de su desarrollo natural, es elegida como la ganadora del concurso.
Luego de una década de amistad entre la joven y la cerda (aunque en realidad su apariencia está a mitad de camino entre un hipopótamo y un manatí), Mija no toma para nada bien que se lleven a Okja de las montañas y por ello emprende una “misión de rescate” que la conduce a Seúl, donde a su vez se topará con el Frente de Liberación Animal, un comando ecologista radical -dirigido por Jay (Paul Dano)- que pretende reemplazar el dispositivo de monitoreo que posee el animal en una oreja por una réplica con una cámara para registrar las barbaridades cometidas por la Mirando Corporation en sus laboratorios: Jay le dice a la niña la triste verdad, centrada en el hecho de que Okja no nació en Chile, que fue creada como un cerdo de probeta y que es apenas un ardid publicitario barato para la reconversión definitiva de la compañía hacia la ganadería sustentada en reses gigantescas y transgénicas.
Bong vuelve a pasearse de manera magistral por enclaves tan disímiles como la fantasía bucólica, las aventuras contraculturales, la comedia de pulso satírico, la crónica testimonial de izquierda, el horror más perturbador y el drama de separaciones imprevistas, esas que ponen en una carrera contra el reloj a la protagonista para salvar del suplicio a su amiga, una víctima más de la línea de producción de una industria de la muerte a nivel masivo. Por supuesto que el director, más allá del núcleo Mija/ Okja, se ubica del lado de la brigada de ambientalistas pero tampoco deja pasar que en esencia son unos burgueses muy ridículos y que en tiempos como el presente su valentía es uno de los pocos focos de resistencia ante la avanzada de un capitalismo cada día más individualista, asesino y execrable, plagado de plutócratas del espanto que diseñan campañas de marketing para seducir a un pueblo idiota.
Hasta los imbéciles de los medios de comunicación y las redes sociales caen en la volteada bajo la figura del Dr. Johnny Wilcox (gran trabajo de Jake Gyllenhaal), un zoólogo y veterinario que funciona como la “cara visible” de la Mirando Corporation ante un público ignorante del sadismo del que es capaz el susodicho para con los animales, asimismo una fase más del ciclo de la hipocresía y la explotación detrás del negocio de la mentira y los cadáveres (el último acto del relato, centrado en el matadero en sí, rankea en punta como una de las experiencias más dolorosas del cine reciente). Bong consigue apuntalar la idiosincrasia de cada sector desde un realismo tan irónico como certero: mientras que para la compañía Okja representa una lavada de imagen vinculada a ganancias exorbitantes, para el Frente de Liberación Animal una muestra más de las atrocidades cometidas contra seres indefensos y para los consumidores apenas otra fuente de alimento, para Mija el súper cerdo es un amigo que le escapa a toda cosificación porque de por sí merece respeto y cariño. El maravilloso desenlace, una especie de inversión de su homólogo de The Host, es la frutilla de un postre verdaderamente humanista atento a esa sensibilidad silenciada en un mundo que se sumerge en la apatía de unos moldes preconcebidos y destinados a estallar…
Okja (Corea del Sur/ Estados Unidos, 2017)
Dirección: Bong Joon-ho. Guión: Bong Joon-ho y Jon Ronson. Elenco: Ahn Seo-hyun, Tilda Swinton, Jake Gyllenhaal, Paul Dano, Byun Hee-bong, Giancarlo Esposito, Steven Yeun, Lily Collins, Daniel Henshall, Shirley Henderson. Producción: Bong Joon-ho, Seo Woo-sik, Ted Sarandos, Jeremy Kleiner, Lewis Taewan Kim, Dede Gardner y Dooho Choi. Duración: 118 minutos.