La realizadora escocesa Lynne Ramsay se hizo conocida en el circuito indie internacional del nuevo milenio tanto por su idiosincrasia incorruptible, de hecho negándose una y otra vez a ceder ante las exigencias idiotas del mainstream de hoy en día en plan de agradarle al público masivo más conservador, como a raíz de su producción poco prolífica precisamente por el rasgo anterior, así fue echada o abandonó diversos proyectos del montón, siendo los más sonados Desde mi Cielo (The Lovely Bones, 2009) y La Venganza de Jane (Jane Got a Gun, 2015), dirigidas respectivamente por Peter Jackson y Gavin O’Connor después de su salida. La cineasta sólo pudo redondear cinco películas en casi 30 años de carrera contados desde sus primeros cortometrajes de mediados de los 90, hablamos de un díptico apenas correcto, Cazador de Ratas (Ratcatcher, 1999), bildungsroman o relato de aprendizaje de contexto marginal, y El Viaje de Morvern (Morvern Callar, 2002), drama psicológico sobre las idas y vueltas del gremio rosa contemporáneo, y otra dupla pero excelente, Tenemos que Hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin, 2011), retrato intimista de una maternidad que derivaba en pesadilla, y Nunca Estarás a Salvo (You Were Never Really Here, 2017), relectura del vigilantismo lunático modelo Taxi Driver (1976), de Martin Scorsese, más la flamante Mátate, Amor (Die My Love, 2025), propuesta sobre un caso de trastorno bipolar que se confunde con depresión posparto y que lamentablemente rankea como lo más flojo que haya entregado Ramsay, aquí perdida en una andanada de latiguillos noventosos que empantanan el relato o desencadenan una decepción progresiva, sin duda en cámara lenta.
Mátate, Amor, asimismo, es algo mucho repetitiva porque refrita el dejo femenino caótico de El Viaje de Morvern y aquellos dilemas maternales en secuencia de Tenemos que Hablar de Kevin, por cierto sin el misterio de la primera ni el sustrato verdaderamente horroroso de la segunda. Basado en la novela homónima de 2012 de la argentina radicada en Francia Ariana Harwicz, el guión de Ramsay y los dramaturgos Enda Walsh y Alice Birch se centra en Grace (Jennifer Lawrence) y Jackson (Robert Pattinson), una pareja que se muda de Nueva York a una morada rural en Montana que perteneció al tío del muchacho, quien se suicidó pegándose un tiro en el culo. Grace, una escritora que termina embarazada, se lleva mejor con el padre senil del personaje de Pattinson, Harry (Nick Nolte), que con la madre sonámbula, Pam (Sissy Spacek), la cual a su vez más adelante se queda sola cuando fallece su marido. En el período posterior al nacimiento del mocoso de turno Grace se hunde en un ensimismamiento cada vez más preocupante que al principio le achaca a su compañero, ese Jackson que debe ausentarse por motivos de trabajo, no ayuda demasiado en los cuidados del bebé y para colmo trae un perro hiper ladrador al hogar, sin embargo la mujer va más allá de la frontera de lo común cuando comienza a fantasear con un motociclista negro que oficiaría de amante, Karl (LaKeith Stanfield), y derrapa en comportamientos delirantes, peligrosos o violentos como estrellarse a conciencia contra un ventanal, arañar las paredes del baño, pretender bajarse de un vehículo en movimiento o simplemente matar de noche al can -supuestamente enfermo- luego de caminar hasta la casa de Pam y robarle la escopeta.
El film, producido por Scorsese y la propia Lawrence, se sostiene casi exclusivamente en las actuaciones de ella, hoy reflotando su talante sufrido hogareño modelo Joy: El Nombre del Éxito (Joy, 2015), de David O. Russell, y ¡Madre! (Mother!, 2017), joya de Darren Aronofsky, y Pattinson, británico que viene de brillar en Mickey 17 (2025), de Bong Joon-ho, Batman (The Batman, 2022), de Matt Reeves, El Diablo a Todas Horas (The Devil All the Time, 2020), de Antonio Campos, Tenet (2020), de Christopher Nolan, Esperando a los Bárbaros (Waiting for the Barbarians, 2019), de Ciro Guerra, y El Faro (The Lighthouse, 2019), de Robert Eggers, ya que los 118 minutos de duración de Mátate, Amor resultan muy excesivos y la trama literalmente no va a ningún lado porque no hay profundización alguna del universo psicológico de los personajes y éstos se mueven como carcasas vacías destinadas a compulsiones, sin justificación o auténtica coyuntura para lo desplegado en pantalla. Ramsay, siempre pendiente de los floreos aportados por el director de fotografía Seamus McGarvey y los editores Toni Froschhammer y Adam Biskupski, por momentos abusa del pulso lánguido meditabundo automatizado del cine independiente de los años 90 y en otras oportunidades se sustrae hacia pinceladas videocliperas que tampoco ayudan a contextualizar el masoquismo de Grace y toda la paciencia que le tienen su novio -eventual marido- y la parentela/ los allegados de éste, en este sentido tampoco está aprovechado el morbo que la misma película construye en relación a una posible arremetida psicopática de la fémina contra su vástago, en sí invirtiendo la fórmula de Tenemos que Hablar de Kevin.
Más allá de lo atractivo que pueda resultar escuchar por ahí clásicos como Kooks (1971), de David Bowie, Love Me Tender (1956), de Elvis Presley, Pearly-Dewdrops’ Drops (1984), de Cocteau Twins, In Spite of Ourselves (1999), de John Prine e Iris DeMent, Crossroads (1968), de Cream, o un cover de Love Will Tear Us Apart (1980), de Joy Division, a cargo de la propia Ramsay, lo cierto es que la odisea no sabe qué quiere ser y deambula perdida entre la tragedia sepulcral, el terror alucinógeno, la comedia muy negra y el melodrama de feminidad/ relación romántica/ maternidad/ estado mental en crisis, algo sustentado en dos personajes no particularmente interesantes ni queribles a pesar del estupendo desempeño de Pattinson y Lawrence, dúo inusual que hace todo lo posible para apuntalar la angustia y un guión poco imaginativo que gira en círculos. Se podría aseverar que la directora no pasa vergüenza porque el trasfondo errático del convite no cae en el subsuelo del mainstream de hoy en día y además el gesto de patear el tablero con una propuesta relativamente sexy y experimental resulta bienvenido, consecuencias aparte. Las imprecisiones del opus tampoco están bien administradas a nivel ideológico debido a que fácilmente se lo puede acusar desde la derecha de victimizar a una madre irresponsable y anodina y desde la izquierda de banalizar los padecimientos de la maternidad en función de la autoindulgencia infantil de esta Grace que termina internada en un psiquiátrico después de enajenarse a todos. Mátate, Amor por lo menos evita toda wokeada y a veces atrapa gracias a sus planteos abstractos acerca de la autodestrucción y esta espiral de manías burdas y agresivas del Siglo XXI…
Mátate, Amor (Die My Love, Estados Unidos/ Canadá/ Reino Unido, 2025)
Dirección: Lynne Ramsay. Guión: Lynne Ramsay, Enda Walsh y Alice Birch. Elenco: Jennifer Lawrence, Robert Pattinson, Nick Nolte, Sissy Spacek, LaKeith Stanfield, Gabrielle Rose, Sarah Lind, Clare Coulter, Luke Camilleri, Michael Shepherd. Producción: Martin Scorsese, Jennifer Lawrence, Thad Luckinbill, Lisa Walsh, Molly Smith, Justine Ciarrocchi, Trent Luckinbill y Andrea Calderwood. Duración: 118 minutos.