Terror en Shelby Oaks (Shelby Oaks, 2024), disfrutable ópera prima del estadounidense Chris Stuckmann, un youtuber y crítico de cine devenido director en una metamorfosis que hace poco pudo verse en la carrera de los hermanos gemelos australianos Danny y Michael Philippou, en términos de su periplo creativo/ financiero recuerda a Actividad Paranormal (Paranormal Activity, 2007), film independiente de Oren Peli que luego de una proyección en el Screamfest Horror Film Festival de Los Ángeles sería adquirido por Steven Spielberg a través de su compañía, DreamWorks Pictures, la cual a su vez quedó en manos de una Paramount Pictures que eventualmente decidiría reeditar toda la propuesta y cambiar el desenlace original. El caso de Terror en Shelby Oaks fue mucho menos agresivo en cuanto a las modificaciones impuestas por el mainstream gracias a la presencia de Mike Flanagan, quien de hecho ofició de mentor de Stuckmann durante la postproducción y facilitó un acuerdo de distribución planetaria con Neón, empresa que incluso financió el rodaje de diversas escenas que en un primer momento el realizador y guionista debió cortar porque no alcanzaba el escaso financiamiento reunido, parte mediante productores independientes y parte vía Kickstarter, la célebre plataforma de micromecenazgo para una infinidad de proyectos, una jugada que en suma hizo posible ampliar y no limitar el horizonte creativo original de la película completando lo que faltaba en materia narrativa y sobre todo el final, ahora mucho mejor con respecto al primer corte por el gore y toda la intensidad adicional.
La historia, responsabilidad de Stuckmann y su esposa, Samantha Elizabeth, es una especie de secuela de una serie de realidad alternativa que el primero subió a YouTube, Paranoicos Paranormales (Paranormal Paranoids, 2021), en esencia una colección de videos símil metraje encontrado o “found footage”, género de moda durante la primera década del nuevo milenio, centrados en unos investigadores paranormales amateurs que desaparecieron en el año 2008 en un pueblo fantasma de Ohio, precisamente Shelby Oaks, retahíla de ultra bajo presupuesto que acaparó millones de visualizaciones y por ello lo convenció de transformar el asunto en su primer largometraje. En pantalla los Paranoicos Paranormales son Laura Tucker (Caisey Cole), David Reynolds (Eric Francis Melaragni), Peter Bailey (Anthony Baldasare) y Riley Brennan (Sarah Durn), todos encontrados muertos y con sus cadáveres un tanto malogrados con la excepción de la última, cuya hermana, Mia Brennan (Camille Sullivan), se deja entrevistar en 2020 para un documental dirigido por una tal Janet (Emily Bennett), proyecto que se corta cuando un loquito, Wilson Miles (Charlie Talbert), se pega un tiro en la cabeza en la puerta de la casa de Mia para dejarle un video de él mismo en Shelby Oaks masacrando a Laura, David y Peter. El grueso del film es la pesquisa de Mia sobre lo sucedido porque cree que Riley aún continúa con vida, lo que la lleva a recordar episodios de su niñez de vigilancia sobrenatural y a alejarse de su esposo escéptico, Robert Walker (Brendan Sexton III), porque considera que “algo” viene acosando a las hermanas.
El trabajo tiene más en común con el found footage posmoderno de La Última Transmisión (The Last Broadcast, 1998), de Stefan Avalos y Lance Weiler, y El Proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999), de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, que con las ramas más recientes del formato, desde aquella espectacularización televisiva permanente de A Medianoche con el Diablo (Late Night with the Devil, 2023), de los hermanos Cameron y Colin Cairnes, pasando por la ortodoxia aburrida de la saga que comenzase con la antología V/H/S (2012), hasta llegar al ecosistema de pantalla de computadora o “screenlife” de thrillers como Buscando (Searching, 2018), de Aneesh Chaganty, Perfil (Profile, 2018), de Timur Bekmambetov, C U Soon (2020), de Mahesh Narayanan, y Desconectada (Missing, 2023), de Will Merrick y Nicholas D. Johnson, sin olvidarnos del fetiche narrativo con la prisión y el parque de atracciones de Shelby Oaks que recuerda muchísimo a su homólogo en relación a los manicomios de la canadiense Fenómeno Paranormal (Grave Encounters, 2011), de Colin Minihan y Stuart Ortiz, y la surcoreana Gonjiam: Hospital Maldito (Gon-ji-am, 2018), de Jung Bum-shik. Stuckmann se luce durante la primera mitad de la odisea y en especial en ocasión de los 17 minutos iniciales hasta el suicidio de Miles, cuando a modo de introducción une el found footage, los especiales televisivos y el “mockumentary” o falso documental para ofrecer un popurrí visual atrapante, honestamente como no se veía desde hacía mucho tiempo en un cine norteamericano del Siglo XXI entre anodino y bobo.
Lamentablemente luego de aquel prólogo la película adopta la ficción de anclaje tradicional y a pesar de que las escenas subsiguientes mantienen cierta eficacia en materia del manejo del suspenso, el misterio y/ o la imaginería diabólica con cuentagotas, lo cierto es que el convite de a poco se desinfla hasta el punto de mutar en un trabajo ameno y no mucho más que mete en la licuadora -o coquetea con- recursos varios como los espectros del J-Horror, los asesinos en serie, la locura más literal, las casas embrujadas, la parafernalia folklórica y el infaltable terror de familia traumatizada en sintonía con Flanagan. El conservadurismo hollywoodense de ese último tramo ya cien por ciento ocultista, cuando Mia explora Shelby Oaks y se topa con el hogar de una anciana tétrica llamada Norma (Robin Bartlett), madre de Wilson y devota de unos sabuesos infernales y el íncubo Tarion, no llega a arruinar la experiencia en su conjunto gracias a la tensión todavía alta del relato y una estrambótica referencia final al cautiverio, la violación y una maternidad satánica modelo El Bebé de Rosemary (Rosemary’s Baby, 1968), de Roman Polanski, y La Profecía (The Omen, 1976), gesta de Richard Donner. Terror en Shelby Oaks, como decíamos con anterioridad, es una propuesta minimalista que podría haber sido mucho mejor si se hubiese volcado en cuerpo y alma al planteo detectivesco de los primeros minutos en línea con otro evidente punto de referencia, Noroi (2005), opus del japonés Kôji Shiraishi, sin embargo el resultado tampoco pasa vergüenza y dignifica la integridad artística de nuestro enclave indie contemporáneo…
Terror en Shelby Oaks (Shelby Oaks, Estados Unidos/ Bélgica, 2024)
Dirección: Chris Stuckmann. Guión: Chris Stuckmann y Samantha Elizabeth. Elenco: Camille Sullivan, Sarah Durn, Caisey Cole, Anthony Baldasare, Eric Francis Melaragni, Emily Bennett, Charlie Talbert, Brendan Sexton III, Robin Bartlett, Keith David. Producción: Chris Stuckmann, Mike Flanagan, Ashleigh Snead, Cameron Burns y Aaron B. Koontz. Duración: 91 minutos.