La carrera del estadounidense Paul Feig, uno de los pocos especialistas del nuevo milenio en la comarca de las carcajadas, suele señalarse como responsable parcial de la decadencia de la comedia en el Siglo XXI porque literalmente casi toda su producción artística está volcada al rubro y deja bastante que desear. El señor empezó su derrotero como guionista, actor y comediante de stand-up pero en realidad se hizo conocido por haber creado Jóvenes y Rebeldes (Freaks and Geeks, 1999-2000), la serie de la NBC de apenas una temporada que mutaría en objeto cultural de culto. Cuando saltó a la dirección de largometrajes en un primer momento apostó a la seriedad aunque el asunto no le funcionó, basta con recordar esa ópera prima infumable ambientada en el Bloque del Este durante la Guerra Fría, La Fuerza del Valor (I Am David, 2003). Luego vendría una serie de comedias idiotas -varias con la anodina Melissa McCarthy- que incluye Menores sin Control (Unaccompanied Minors, 2006), Damas en Guerra (Bridesmaids, 2011), Chicas Armadas y Peligrosas (The Heat, 2013), Una Espía Despistada (Spy, 2015), Cazafantasmas (Ghostbusters, 2016), Otra Oportunidad para Amar (Last Christmas, 2019), La Escuela del Bien y del Mal (The School for Good and Evil, 2022) y ¡Lotería Mortal! (Jackpot!, 2024). Lo más cerca que estuvo Feig de ofrecer una obra interesante fue Un Pequeño Favor (A Simple Favor, 2018), aquella amalgama de suspenso, sátira social y comedia negra que fue protagonizada por Anna Kendrick y Blake Lively, sin embargo el realizador eventualmente arruinaría los personajes con Otro Pequeño Favor (Another Simple Favor, 2025), secuela lela distribuida por Amazon Prime Video. Semejante periplo definitivamente lo preparó para entregar su primera película sobresaliente, La Empleada (The Housemaid, 2025), film que forma parte de la camada reciente de thrillers eróticos que desde el conservadurismo de nuestros días tratan de retomar algo del desparpajo y la lujuria de las postrimerías de la centuria pasada.
Basado en la novela de 2022 del mismo título de Freida McFadden, una médica que hasta hace poco solía autopublicar sus relatos en formato digital y como audiolibros, el guión fue escrito por Rebecca Sonnenshine, una especialista en productos televisivos y opus Clase B, y comienza con la contratación como empleada doméstica de Millie Calloway (Sydney Sweeney), una ex convicta que en la universidad reventó a golpes a un violador de la alta burguesía, por parte de una oligarca de Long Island, en el Estado de Nueva York, Nina Winchester (Amanda Seyfried), ciclotímica muy violenta que toma medicamentos para la psicosis y la esquizofrenia y está casada con Andrew (Brandon Sklenar), con quien cría una hija de ella de una relación previa, Cecelia (Indiana Elle). Necesitada sí o sí del trabajo para no regresar a prisión, Millie soporta los delirios y las agresiones de Nina y eventualmente inicia un tórrido romance con su marido, quien se muestra encantador aunque resulta ser un psicópata tremendo como su madre, Evelyn (Elizabeth Perkins), al punto de encerrar a sus parejas en el ático de la mansión de los Winchester para “castigarlas” exigiéndoles que se arranquen cabellos, como en el caso de Nina por una desavenencia por su pelo, o se corten el abdomen con un pedazo de vajilla, como hace con Millie después de que rompiese por accidente un plato valioso al asustarse por el jardinero del lugar, Enzo (Michele Morrone), a su vez el único que sabe que el personaje de Seyfried eligió al de Sweeney para forzar la separación y ser libre del yugo de Andrew. Como decíamos con anterioridad, la odisea se enrola en el pelotón inspirado por La Doncella (Ah-ga-ssi, 2016), de Park Chan-wook, que abarca Los Voyeristas (The Voyeurs, 2021), de Michael Mohan, Aguas Profundas (Deep Water, 2022), del veterano Adrian Lyne, Asesino Serial (Strange Darling, 2023), de J.T. Mollner, Babygirl (2024), de Halina Reijn, Amor, Mentiras y Sangre (Love Lies Bleeding, 2024), de Rose Glass, y Bone Lake (2024), film claustrofóbico de Mercedes Bryce Morgan.
La propuesta analiza la simpatía impostada femenina, la perfección burguesa ultra falaz, la bipolaridad de la mafia social capitalista, esa esclavitud típica de los trabajos domésticos en general, el clasismo en una sociedad profundamente injusta/ plutocrática como la yanqui y finalmente los ecos en el presente de la antigua aristocracia, sobre todo en materia de la invisibilidad de los asalariados frente a los ojos de la fauna hedionda del privilegio, el poder y el capricho. Mientras que la primera mitad del relato apela a recursos de Atracción Fatal (Fatal Attraction, 1987), de Lyne, y La Mano que Mece la Cuna (The Hand That Rocks the Cradle, 1992), gesta de Curtis Hanson que hace poco tuvo su flojísima remake a instancias de Michelle Garza Cervera, ahora invirtiendo el asunto porque la extraña/ “rompehogares” es la víctima y la esposa la desquiciada, posesiva y/ o orientada a la venganza, la segunda parte de La Empleada se vuelca a la victimización femenina de Durmiendo con el Enemigo (Sleeping with the Enemy, 1991), de Joseph Ruben, y al maquiavelismo de la manipulación con cuentagotas modelo “me quieren volver loca”, todo un clásico de los thrillers rosas que se remonta a Luz de Gas (Gaslight, 1940), de Thorold Dickinson, y Rebeca, una Mujer Inolvidable (Rebecca, 1940), de Alfred Hitchcock, pasa por La Escalera de Caracol (The Spiral Staircase, 1946), de Robert Siodmak, y Perdón, Número Equivocado (Sorry, Wrong Number, 1948), de Anatole Litvak, y llega hasta El Sabor del Miedo (Taste of Fear, 1961), de Seth Holt, y Cálmate, Dulce Carlota (Hush Hush, Sweet Charlotte, 1964), de Robert Aldrich. La estructura del relato, melodramática en su cosmovisión, está obsesionada con la necesidad de contraataque de parte de los vulnerables, en especial no dejándose engañar por las apariencias, y con la crueldad de las cúpulas comunales en sintonía con La Cenicienta, cuento de hadas de base oral cuyas versiones escritas más famosas son las de Giambattista Basile de 1634, Charles Perrault de 1697 y los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm de 1812.
Aquí el manejo atrapante y naturalista del suspenso, la convivencia freak y ciertos detalles humorísticos macabros se unifica con las muy buenas actuaciones de las dos protagonistas, ya conocedoras de las minucias del thriller sensual como lo demuestran la mencionada Los Voyeristas, estelarizada por Sweeney, y Chloe (2009), aquella faena de Atom Egoyan con Seyfried que formó parte de un mínimo intento previo de regreso al formato vía Infidelidad (Unfaithful, 2002), de Lyne, Mujer Fatal (Femme Fatale, 2002), de Brian De Palma, y La Piscina (Swimming Pool, 2003), de François Ozon, entre otras películas que recuperaron el acervo de los años 80 y 90 de gente como Paul Verhoeven, John Dahl y Roman Polanski. Entre alguna que otra cita a Barry Lyndon (1975), joya de Stanley Kubrick, y la insólita aparición de un cover de 1977 a cargo de Linda Ronstadt de Tumbling Dice, obra maestra de Exile on Main St. (1972), de The Rolling Stones, el opus del tardíamente redimido -al menos por ahora- Feig por un lado esquiva la misandria del período woke hollywoodense previo, hoy ya finiquitado por el ascenso de la derecha neonazi y los dardos de la izquierda marxista, y por el otro lado exacerba la denuncia de la lacra lunática multimillonaria, como los amigotes Donald Trump y Jeffrey Epstein, que se cree impune o dueña de la vida y la muerte de todos a su alrededor, casi siempre comportándose como unos retrasados mentales monotemáticos y tóxicos semejantes al mileismo. El último acto no sólo coquetea con el terror sino que asimismo juega con la parodia social en torno a la hipocresía del que se vende en público como impoluto, elegante o amoroso y en privado demuestra ser un payaso peligroso fanático del control, la humillación, el chantaje pancista o la cultura del castigo descabellado/ sádico/ autocontenido, en pantalla sintetizado en el eslogan de Andrew y su mami, “las acciones tienen consecuencias”, parte de una ritualización punitiva sobre la base del amedrentamiento y la hegemonía económica de todos estos monstruos de la mentira…
La Empleada (The Housemaid, Estados Unidos, 2025)
Dirección: Paul Feig. Guión: Rebecca Sonnenshine. Elenco: Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar, Michele Morrone, Elizabeth Perkins, Indiana Elle, Ken Barnett, Sophia Bunnell, Megan Ferguson, Ellen Tamaki. Producción: Paul Feig, Laura Allen Fischer y Todd Lieberman. Duración: 131 minutos.