La productora y distribuidora estadounidense A24 ha realizado un trabajo estupendo en cuanto a posicionamiento de marca porque desde su fundación en 2012, a instancias de Daniel Katz, John Hodges y David Fenkel, logró imponerse de a poco como la usina indie por antonomasia del nuevo milenio, una garantía de trabajos muy pulidos a escala formal con pretensiones de trascendencia o profundidad ideológica/ discursiva/ retórica por fuera de esa inmediatez comercial que suele obsesionar al Hollywood actual, empobreciendo todos los films. Si nos concentramos en su producción reciente encontraremos diversos ejemplos de los dos grupitos que marcaron a fuego la identidad empresarial, primero el terror y los thrillers elevados en sintonía con Haz que Regrese (Bring Her Back, 2025), de los hermanos Danny y Michael Philippou, Opus (2025), de Mark Anthony Green, Babygirl (2024), de Halina Reijn, Y2K (2024), de Kyle Mooney, y Hereje (Heretic, 2024), de Scott Beck y Bryan Woods, y después los dramas polirubro que también han colaborado con la idiosincrasia tan particular de A24, pensemos en Marty Supreme (2025), de Josh Safdie, Si Tuviera Piernas te Patearía (If I Had Legs I’d Kick You, 2025), de Mary Bronstein, Del Cielo al Infierno (Highest 2 Lowest, 2025), de Spike Lee, Eddington (2025), de Ari Aster, La Máquina (The Smashing Machine, 2025), de Benny Safdie, Warfare (2025), de Alex Garland, El Brutalista (The Brutalist, 2024), de Brady Corbet, y Queer (2024), de un Luca Guadagnino siempre inquieto que hace poco se apareció con Cacería de Brujas (After the Hunt, 2025), en esta oportunidad para la Metro-Goldwyn-Mayer controlada por Amazon.
Ahora bien, la compañía en los últimos meses también se ha dedicado a privilegiar un cine más “accesible” para el espectador del montón aunque sin perder el trasfondo arty marca registrada, algo que fue anticipado por el erotismo de Babygirl, el sarcasmo adolescente de Y2K y la claustrofobia y el sadismo de Hereje, por un lado, y que puede verse de manera mucho más evidente en comedias dramáticas como Amores Materialistas (Materialists, 2025), de Celine Song, Amistad (Friendship, 2024), de Andrew DeYoung, y Eternidad (Eternity, 2025), de David Freyne, y en esa fantasía -en mayor o menor medida- detrás de La Leyenda de Ochi (The Legend of Ochi, 2025), de Isaiah Saxon, Muerte de un Unicornio (Death of a Unicorn, 2025), de Alex Scharfman, e incluso Parthenope (2024), de Paolo Sorrentino, por el otro lado. Especialmente la flamante Eternidad llama la atención porque es una mixtura entre la vieja screwball comedy de guerra de sexos, modelo Preston Sturges, Frank Capra o Ernst Lubitsch, y el leitmotiv de los ángeles, el Paraíso, los finados recientes y el Más Allá, todo un rubro en gran medida creado durante la Segunda Guerra Mundial y el período inmediatamente posterior con la intención de superar en términos culturales las masacres del conflicto. El trabajo de Freyne, por cierto más cerca de la sensibilidad sesuda de Amores Materialistas que de las ironías sociopolíticas de Cuando el Cielo se Equivoca (Good Fortune, 2025), opus de Aziz Ansari con el que comparte temática celestial, es casi una relectura de Dos en el Cielo (A Guy Named Joe, 1943), de Victor Fleming, y su remake para el olvido, Siempre (Always, 1989), una película bienintencionada de Steven Spielberg.
Freyne, un director y guionista irlandés que viene de someterse a una cirugía por un tumor cerebral, aquí ofrece una versión corregida de los bodrios de Nora Ephron y Richard Curtis que por cierto deja muy atrás a sus dos propuestas previas, las descartables Los Curados (The Cured, 2017) y Saliendo con Amber (Dating Amber, 2020), la primera un rip-off de En Persona (In the Flesh, 2013-2014), la curiosa serie de zombies de Dominic Mitchell para la BBC, y la segunda una comedia social sobre la amistad y la homofobia durante los años 90. El guión del realizador y Patrick Cunnane comienza con el fallecimiento de Larry Cutler (Barry Primus como anciano, Miles Teller en la acepción joven), veterano que se atraganta con un pretzel en una celebración familiar y que llevaba 65 años de matrimonio con Joan (Betty Buckley en la tercera edad, la hermosa Elizabeth Olsen durante sus treinta y pico), una mujer que a su vez estuvo casada con Luke (Callum Turner), quien falleció a inicios de la década del 50 en la Guerra de Corea. Cutler va a parar a un Más Allá donde toma la forma de su versión más feliz, la del romance bisoño con Joan, y se le informa que tiene una semana para elegir una de las muchísimas eternidades posibles, en esencia unos Paraísos temáticos siempre parecidos a sí mismos, no obstante cuando estaba por marcharse a un retiro de sol y playa llega al limbo su esposa, quien en vida estaba atravesando la fase terminal de un cáncer. Larry quiere que lo acompañe pero el asunto se le complica porque también aparece Luke, el cual lleva la friolera de 67 años esperando a la misma fémina con devoción y la idea de marcharse con ella a una eternidad de paisajes montañosos soñados.
La primera mitad de la película aglutina la representación mordaz y burocrática del Más Allá de Beetlejuice (1988), de Tim Burton, y todos los vaivenes románticos de Escalera al Cielo (A Matter of Life and Death, 1946), de Michael Powell y Emeric Pressburger, y El Cielo Puede Esperar (Heaven Can Wait, 1978), remake a cargo de Warren Beatty y Buck Henry de El Difunto Protesta (Here Comes Mr. Jordan, 1941), de Alexander Hall, y la segunda parte y sobre todo el último acto unifican aquella sucesión de finales falsos de La Historia sin Fin (Die Unendliche Geschichte, 1984), de Wolfgang Petersen, y la confusión existencial de Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004), opus de Michel Gondry con guión de Charlie Kaufman, amén de esa fórmula del triángulo amoroso de ultratumba calcada de Dos en el Cielo y Siempre, ahora cambiando la perspectiva porque en vez de centrarnos en el héroe de guerra casi todo gira alrededor del personaje de Teller, algo así como un “tercero en discordia” que en el relato resulta legitimado por los décadas y décadas de matrimonio con la fémina. La propuesta no sólo aprovecha la dinámica screwball y este limbo transformado en un emporio cutre símil Las Vegas o Macao en donde te obligan a consumir una experiencia perpetua, planteo que efectivamente puede convertirse en un martirio infernal si no se elige con cuidado, sino que asimismo ofrece un desempeño parejo y prodigioso de parte de todo el elenco, tanto los tres actores principales como los encargados de componer a la vecina de los Cutler, esa Olga Merediz en la anatomía de la estrafalaria Karen, y a los “coordinadores de eternidad” de Joan y Larry, hablamos de John Early, un comediante televisivo y socialista que compone al afeminado Ryan, y Da’Vine Joy Randolph, una actriz negra corpulenta que interpreta a Anna y que se hizo conocida hace poco en el mercado internacional por su extraordinaria participación en Los que se Quedan (The Holdovers, 2023), maravilla de Alexander Payne. Es precisamente la criatura de Randolph la que pronuncia el latiguillo conceptual de fondo, “todo lo que somos es una colección de recuerdos”, horizonte humanista de la odisea que nos ocupa ya que Luke oficia de fantasma divinizado en la memoria de ella, Larry hace las veces de una estabilidad aburrida pero cariñosa y Joan, finalmente, está en los zapatos de una especie de juez que debe decidirse -como todos nosotros en algún momento- entre los ideales de juventud y la complejidad agridulce de la experiencia, esta última un amasijo caótico sin demasiadas certezas. Eternidad, con su astuto equilibrio entre risas y lágrimas y con sus tres desenlaces en secuencia basados en la soledad de la mujer y en sendos Paraísos con sus dos parejas, constituye una rareza en el cine contemporáneo descerebrado porque la obra esquiva el sustrato cínico autocontenido y el facilismo del regreso al ecosistema de los vivos y apuesta, en cambio, por una escenificación minimalista, diálogos hilarantes y una enorme honestidad emocional, para colmo en medio de la artificialidad del limbo capitalista en pantalla y de sus Edenes reducidos a productos para una clientela siempre despistada…
Eternidad (Eternity, Estados Unidos/ Canadá, 2025)
Dirección: David Freyne. Guión: David Freyne y Patrick Cunnane. Elenco: Elizabeth Olsen, Miles Teller, Callum Turner, Barry Primus, Betty Buckley, Da’Vine Joy Randolph, John Early, Olga Merediz, Panta Mosleh, Brandi Alexander. Producción: Tim White y Trevor White. Duración: 114 minutos.