La Voz de Hind Rajab (Sawt Hind Rajab)

La escoria sionista genocida lo hizo de nuevo

Por Emiliano Fernández

La Voz de Hind Rajab (Sawt Hind Rajab, 2025), film de Kaouther Ben Hania nominado al Oscar a Mejor Película Extranjera por Túnez, nación de origen de la directora y guionista, es un prodigioso retrato de los entretelones del homicidio del 29 de enero de 2024 de Hind Rami Iyad Rajab, una nena palestina de cinco años que quedó atrapada durante tres horas en un coche con los cadáveres de sus tíos y sus cuatro primos, todos asesinados por 355 disparos de un tanque de la lacra sionista genocida de Israel después de que se ordenase la evacuación del barrio gazatí de Tel al-Hawa. Las tropas judías, especialistas en crímenes de guerra, matanza de inocentes y el encubrimiento reglamentario posterior, sabían desde el vamos que estaban acribillando a una parentela evacuada y para garantizar la impunidad extendieron el martirio de la chiquilla todo lo posible hasta que autorizaron una ruta de rescate y dieron luz verde a una ambulancia de aquella Media Luna Roja Palestina de Fathi Arafat, el hermano médico de Yasser Arafat, la única organización humanitaria autorizada por los neonazis de Medio Oriente a brindar asistencia médica en Cisjordania y la Franja de Gaza, dando por resultado el asesinato primero de los dos paramédicos de turno, cuando un misil estadounidense de otro tanque israelí impactó contra la ambulancia, y después de la misma Hind Rajab, cuyos restos junto con los de los otros palestinos ejecutados durante la masacre sólo pudieron recuperarse doce días después, cuando los genocidas se retiraron de la zona dejando algunos huesos y chatarra metálica calcinada. La operación, parte de las limpiezas étnicas, expulsiones y matanzas masivas de árabes que viene llevando a cabo el Estado de Israel desde su creación en 1948, como atestigua Tantura (2022), el excelente documental del hebreo Alon Schwarz, de hecho se enrola en el genocidio maximizado a cargo del primer ministro Benjamín Netanyahu, lunático que con la excusa de los ataques de octubre de 2023 de Hamás pretende eliminar a los palestinos vía la inanición, el corte de electricidad y agua, el desplazamiento forzado masivo, la destrucción de infraestructura, comunicaciones y centros de salud, los homicidios en masa, la violencia sexual, el bloqueo de rutas, el cese de la natalidad y la destrucción de sitios educativos, religiosos y culturales.

 

Con alrededor de 70 mil muertos oficiales, más o menos el mismo número debajo de los escombros, 170 mil heridos y amputados y más de un millón de individuos padeciendo hambruna, enfermedades y necesidades básicas insatisfechas, siendo alrededor de la mitad mujeres y niños, la catástrofe genocida en Gaza terminó representada en toda su brutalidad e ignominia en el caso de Hind Rajab, uno que adquirió resonancia internacional porque el mismo personal de la Media Luna Roja Palestina, cuya base de operaciones en la Ciudad de Gaza se ubica a apenas ocho minutos de viaje de donde estaba atrapada la nena, difundió en redes sociales los audios grabados de las llamadas al servicio, un equivalente al 911 yanqui, y los videos que los trabajadores de la sanidad registraron de sí mismos en el centro de llamadas de emergencia en Ramala, ciudad de Cisjordania, lo que enfatiza el hecho de que las tres horas de espera se debieron a la burocracia de autorizaciones para el despacho de cada ambulancia, así las cosas la Media Luna Roja Palestina está obligada a hablar con la oficina en Jerusalén de la Cruz Roja, ésta se comunica con la Unidad de Coordinación de Actividades en los Territorios Ocupados, unidad militar del Ministerio de Defensa de Israel, la cual entrega una ruta “aprobada” por los sionistas para que la ambulancia pueda moverse sin ser atacada, todo a su vez la primera fase del asunto ya que a posteriori debe recorrerse la misma maraña de autorizaciones ante cada emergencia por bombardeos y arremetidas terrestres para solicitar la salida del vehículo de asistencia médica desde la base en Gaza, amén del hecho de que el ejército israelí de todos modos suele disparar adrede contra el personal sanitario autorizado. La película de la tunecina, conocida por las estupendas La Bella y los Perros (Aala Kaf Ifrit, 2017), El Hombre que Vendió su Piel (Ar-rajul Alladi ba’a Zahrahu, 2020) y Las Cuatro Hijas (Les Filles d’Olfa, 2023), precisamente retoma el andamiaje híbrido de esta última, recuperando la voz real de Hind Rajab y recreando con actores la desesperación en el centro en Cisjordania de la Media Luna Roja Palestina, con el objetivo de construir un docudrama psicológico fascinante deudor de la claustrofobia de La Culpa (Den Skyldige, 2018), aquella joya muy similar del realizador sueco Gustav Möller.

 

Quizás la mejor de la camada reciente de obras que se proponen explícitamente fijar la identidad palestina, analizar los atropellos neocolonialistas y genocidas y reclamar justicia ante un ecosistema internacional que condena pero no detiene al Estado de Israel, dejándolo hacer desde el contubernio capitalista de siempre, pensemos en convites como Palestina 36 (Palestine 36, 2025), de Annemarie Jacir, Lo que Queda de ti (Allly Baqi Mink, 2025), opus de Cherien Dabis, y Pon tu Alma en tu Mano y Camina (Put Your Soul on Your Hand and Walk, 2025), de Sepideh Farsi, La Voz de Hind Rajab constituye un exquisito ejemplo de cómo debería ser el arte, léase inconformista, comprometido y valiente, sin eufemismos idiotas y con la capacidad de golpear al neofascismo donde le duele, en el corazón de sus patrañas y delirios jingoístas. Ben Hania, como decíamos con anterioridad, retiene de las grabaciones la voz de la mártir y la contrapone al devenir de los voluntarios de la Media Luna Roja Palestina, en esencia los dos que hablan con la nena, Omar A. Alqam (Motaz Malhees), receptor de llamadas, y Rana Hassan Faqih (Saja Kilani), la supervisora directa del anterior, y el dúo gerencial de la organización, Mahdi M. Aljamal (Amer Hlehel), el coordinador de las autorizaciones y ambulancias en Gaza, y Nisreen Jeries Qawas (Clara Khoury), psicóloga del centro en Ramala que en última instancia también termina hablando con Hind Rajab. La realización indaga en la burocracia del rescate que no fue, el colapso psicológico de los involucrados y desde ya el desamparo total y absurdo de la mocosa ante el accionar de la escoria invasora de Israel y la mafia sionista filonazi que se abraza al poder con Netanyahu a la cabeza y la complicidad de casi todo el pueblo judío dentro del país, una pantomima institucional construida sobre una región robada descaradamente a los palestinos utilizando de pretexto el Holocausto, efectivamente reproduciendo al milímetro las tácticas de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. En pantalla nos topamos con la pugna entre el coordinador fanático del reglamento y temeroso de más asesinatos de paramédicos por parte de las tropas hebreas, Mahdi, y el receptor/ telefonista que lleva el asunto al eje personal y está dispuesto a hacer cualquier cosa para salvar a la niña, Omar.

 

Todo el caso en su inconmensurable crueldad pinta de pies a cabeza a las eternas campañas de limpieza étnica de los israelíes en la Franja de Gaza, asesinando sistemáticamente al pueblo palestino para hacerse de una vez por todas con el territorio como pretenden desde mediados del Siglo XX, contexto de las primeras masacres de civiles en la zona financiadas por el enorme capital judío y sus socios del imperialismo económico/ comercial/ financiero de Occidente. La asfixia anímica en el centro de llamadas de emergencia de Cisjordania, a unos 45 kilómetros de Gaza, está muy bien lograda por la directora ya que todo el tiempo aparece en primer plano narrativo el contrapunto entre por un lado la angustiosa realidad, un laberinto de burocracia bélica que a la postre resulta hipócrita a instancias del aparato represivo del primer ministro israelí y la plana mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, la rama militar del Estado homónimo, y por el otro lado la capacidad de comprensión de la nena, que pide incansablemente por teléfono que la vayan a buscar sin entender -porque es inentendible, como el mundo demencial en el que vivimos- la jerigonza distópica, de claro influjo kafkiano/ orwelliano, de los adultos y sus autorizaciones cruzadas, incluso en una escena el mismo coordinador ratifica frente a sus colegas que los excrementos con patas del ejército de Israel saben muy bien lo que están haciendo porque escuchan a la víctima y los tanques tienen sensores infrarrojos cuyas imágenes térmicas les aclaran que disparan contra una familia de civiles y que sobrevivió una nena herida, Hind Rajab, con un balazo en un ojo. La intensidad minimalista se mantiene gracias al extraordinario desempeño del elenco, una edición certera y la combinación en general de aquellos audios originales y las escenas en estudio, algo que sólo puede ser encarado por un equipo creativo con cojones y el talento suficiente para que todo se sostenga por su propia sinceridad expresiva. La película, en este sentido, recuerda al cine de denuncia anticolonial y antifascista de las décadas del 60 y 70 de Gillo Pontecorvo, Costa-Gavras y Glauber Rocha, aquí también jugando con muchísimo del acervo testimonial de la época de Sidney Lumet y Alan J. Pakula y situándose a años luz de la basura escapista e inofensiva paradigmática del streaming del nuevo milenio, una fuente interminable de “contenido” para minusválidos mentales del montón. Ben Hania tuvo la inteligencia de buscar y conseguir el apoyo de diversas figuras hollywoodenses o del mainstream de izquierda para mejorar la distribución de la epopeya y efectivamente conseguir un estreno en el crucial mercado estadounidense, así le dio un crédito simbólico de productor ejecutivo a gente como Brad Pitt, Joaquin Phoenix, Rooney Mara, Jeremy Kleiner, Michael Moore, Spike Lee, Dede Gardner, Alfonso Cuarón y un Jonathan Glazer que ya estuvo analizando la idiosincrasia fascista insensible en la magistral Zona de Interés (The Zone of Interest, 2023), estudio sobre la naturalización del horror por parte del clan de Rudolf Höss (Christian Friedel), el comandante del campo de exterminio de Auschwitz, que hoy pasa por un cuasi retrato de lo que debe ser la cotidianeidad del primer ministro de los sionistas y/ o muchos líderes mundiales de la nueva derecha esperpéntica. La Voz de Hind Rajab asimismo funciona como una genial trompada en el estómago de tanta prensa y tanto público mojigatos de hoy en día, quienes desde su silencio cómplice apoyan a Netanyahu o a los energúmenos que lo respaldan, como por ejemplo el gagá de Joe Biden, que entregó el armamento utilizado por Israel, el psicópata de Donald Trump, que pretende construir un resort en Gaza, y el payaso de Javier Milei, que se sube a cualquier tren del neofascismo…

 

La Voz de Hind Rajab (Sawt Hind Rajab, Túnez/ Francia/ Estados Unidos/ Italia/ Reino Unido/ Arabia Saudita/ Chipre, 2025)

Dirección y Guión: Kaouther Ben Hania. Elenco: Saja Kilani, Motaz Malhees, Amer Hlehel, Clara Khoury, Nesbat Serhan, Ramy Brahem, Firas Khoury, Ali Talel Yacoub, Heba Bader, Oday Ayoyda. Producción: Nadim Cheikhrouha, Odessa Rae y James Wilson. Duración: 85 minutos.

Puntaje: 10