No se puede maquillar el hecho de que Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights, 2026) es sin duda la peor propuesta a la fecha de la directora y guionista británica Emerald Fennell, aquella de las muy sobrevaloradas Hermosa Venganza (Promising Young Woman, 2020) y Saltburn (2023), y asimismo una de las peores adaptaciones de la famosa novela homónima de 1847 de Emily Brontë, lejos de las dos mejores y más conocidas, Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights, 1939), de William Wyler, y Abismos de Pasión (1954), del eterno Luis Buñuel, y en general cayendo en el calamitoso nivel de calidad de las múltiples traslaciones televisivas que se han venido acumulando desde las postrimerías de la década del 40, a su vez sustancialmente peores que la trilogía previa reciente de relecturas para el séptimo arte, hablamos de las acepciones de 1970 de Robert Fuest, de 1992 de Peter Kosminsky y de 2011 de Andrea Arnold, todas mediocres u olvidables. Como ocurriese en la ópera prima de Fennell, una odisea de violación y venganza/ “rape and revenge” muy higienizada para el público mojigato actual, y en Saltburn, fábula de ascenso social macabro que reproducía muchos postulados -sin reconocerlo- de la legendaria Corazones Bondadosos y Coronas (Kind Hearts and Coronets, 1949), de Robert Hamer, en Cumbres Borrascosas tenemos el tratamiento baladí estándar de Fennell e incluso la cineasta respeta los dos grandes fetiches/ clichés de las traslaciones audiovisuales, léase la tendencia a blanquear al protagonista, el gitano huérfano Heathcliff, y a centrarse en la primera parte de la única novela de Brontë, lo que casi siempre implica colocar al romance trágico por sobre el retrato de la hipocresía y la estratificación social/ económica durante la Época Victoriana (1837-1901), período de preeminencia del Imperio Británico en todo el planeta, a lo que se suma el “detallito” de parte de Fennell de castrar simbólicamente a Heathcliff, otrora un antihéroe con fuertes elementos de villano -símil demonización por parte de la burguesía de las clases populares- que aquí muta en un pobre muchacho resentido para con la lacra aristocrática que lo adoptó para denigrarlo, tratarlo como un criado más y por supuesto molerlo a golpes a discreción.
Heathcliff (Owen Cooper de niño y Jacob Elordi, ya visto en Saltburn, en su versión adulta) es adoptado por un miembro ludópata y alcohólico de la nobleza terrateniente, el Señor Earnshaw (Martin Clunes), para que sea la mascota de su hija, Catherine “Cathy” Earnshaw (Charlotte Mellington en la infancia, Margot Robbie en la mayoría de edad), quien a su vez ya tenía una dama de compañía de origen asiático, Nelly Dean (Vy Nguyen y Hong Chau), la hija ilegítima de un lord. Las palizas de Earnshaw marcan la espalda de Heathcliff con cicatrices y con el tiempo Cathy planea abandonar la finca familiar, Cumbres Borrascosas, casándose con un vecino rico y tontuelo, el comerciante textil Edgar Linton (Shazad Latif), a pesar de que en realidad ama a Heathcliff, el cual escucha una conversación entre la ninfa y su dama de compañía en la que la primera manifiesta cuánto la degradaría socialmente contraer matrimonio con un siervo como el personaje de Elordi, provocando que Heathcliff efectivamente se marche de Cumbres Borrascosas y Cathy ingrese en calidad de esposa a la finca de Linton, la Granja de los Tordos. Años después Earnshaw y su propiedad caen en la miseria, consecuencia de su estilo de vida, y la hija trepa hacia el lujo de la alta burguesía de Edgar, no obstante la súbita reaparición de Heathcliff, ahora un hombre adinerado de manera misteriosa, trastoca las cosas porque compra Cumbres Borrascosas para cobrarle las atenciones recibidas a su amo de antaño, un Earnshaw que termina falleciendo, e inicia un romance con Catherine en el momento en el que está embarazada de Linton, affaire que se corta cuando el cornudo se entera de la situación por dichos de Nelly, a quien Cathy trata de despedir cuando descubre que la dama de compañía sabía que el sirviente las escuchaba en aquella charla que selló la rauda partida del varón, optando por jamás decir nada al respecto porque la asiática desprecia a su jefaza. Heathcliff ofrece matar a Edgar pero Cathy se niega y para generarle celos a su amada se casa con la cuasi hija adoptiva del dueño de la Granja de los Tordos, Isabella Linton (Alison Oliver), muchacha de lo más sumisa que encara con alegría una relación sadomasoquista y sin afecto con Heathcliff, de quien está enamorada.
Desde ya que el otrora criado envía cartas de amor que no llegan a Catherine, porque la dama de compañía las intercepta y las quema, y pronto la mujer cae en la depresión y tiene un aborto espontáneo que Nelly no trata, desarrollando una sepsis progresiva en el solitario lecho de su mansión. La propuesta está repleta de anacronismos infantiloides chatarrescos modelo Sofia Coppola o Baz Luhrmann, no sólo en el diseño de producción sino en la efusividad, el sarcasmo y la afectación narcisista al hablar de todas las criaturas en pantalla, esquema en el que también caen el histrionismo posmoderno de los actores y ese erotismo pudoroso de fondo que insólitamente desea vincularse con el sustrato más trash del cine libidinoso de los años 80 y 90, una jugada que resta humanidad al convite y lo hace incluso más anodino, artificial y descartable a raíz de su cinismo. Una vez más el trazo grueso en los diálogos enfatiza la poca imaginación y la poca paciencia de la realizadora para el desarrollo dramático y su autodefinido interés principal, el ataque a la estructura británica de clases y los juegos de poder tanto en el ecosistema público como en la privacidad de los personajes. Los australianos Elordi y sobre todo Robbie están un poco mayorcitos para calzarse los zapatos de Heathcliff y Cathy y si bien algo de química existe entre ambos y su trabajo es correcto, el tono superficial y estrambótico de buena parte del metraje conspira para sabotear ese romance que por su sola presencia debería justificar el gesto de mutilar el libro de Brontë, como decíamos con anterioridad, ya que la segunda mitad de la trama cubre la amargura/ desamor de Heathcliff y su venganza contra la aristocracia terrateniente que lo esclavizó y que lo trató como un perro, misión que de todos modos en las páginas ya empapa considerablemente la primera parte del relato. Los pasos de comedia que ensaya el film, especialmente en ocasión de los primeros actos, dan un poco de vergüenza ajena por cierta torpeza y cierto sustrato caricaturesco fallido indisimulable, episodios tan incapaces de sutileza como el resto del andamiaje retórico, más preocupado por las idas y vueltas del cariño negado que por las injusticas sociales de las primeras secuencias de la realización.
Ahora bien, la sexualización de las relaciones de poder entre los estratos de la pirámide plutocrática, en pantalla homologada a un sadomasoquismo inofensivo símil la franquicia que empezase con Cincuenta Sombras de Grey (Fifty Shades of Grey, 2015), obra de Sam Taylor-Johnson, es muy literal y recatada y prácticamente nada tiene del erotismo de otras épocas más valientes, con desnudos en serio, una peligrosidad a toda pompa y una pujanza visceral auténtica capaz de excitar al público apelando al morbo, algo que aquí no ocurre debido a la presencia de un lenguaje publicitario y kitsch baladí más cercano a una casita de muñecas que a las supuestas influencias que supo enumerar la propia Fennell, nos referimos a Lejos del Mundanal Ruido (Far from the Madding Crowd, 1967), de John Schlesinger, Piel de Asno (Peau d’Âne, 1970), de Jacques Demy, Portero de Noche (Il Portiere di Notte, 1974), de Liliana Cavani, Crash (1996), de David Cronenberg, Romance (1999), opus de Catherine Breillat, y La Doncella (Ah-ga-ssi, 2016), de Park Chan-wook, entre otras. Como en todo melodrama que se precie de tal, el contexto comunal impone la debacle a través de la represión internalizada en la voluntad de los amantes, pletórica de egoísmos y errores de juicio, por ello la catástrofe en cámara lenta del corazón también tiene mucho que ver con la idiosincrasia de cada personaje y así nos topamos primero con una fauna femenina algo mucho histérica, siendo la única excepción el témpano de hielo de la película, la tremenda Nelly Dean, y segundo con un Heathcliff bastante más sensible y/ o inocuo que el promedio correspondiente a adaptaciones anteriores, incluso dejando entrever -escenas ambivalentes de por medio- que los maltratos sadomasoquistas sobre Isabella en realidad son una farsa porque su único interés es que la susodicha escriba esas misivas románticas dirigidas al verdadero objeto de su pasión, Catherine, dando a entender que en parte el villano natural de Cumbres Borrascosas, en pantalla un analfabeto, en realidad es un doble esclavo, tanto de Cathy como de la ninfa obediente en la piel de Oliver. Todo el segmento final resulta muy repetitivo y empalagoso, de hecho depositando el peso de la villanía en la asiática para asimismo en los últimos minutos redimirla por arte de magia, como si el personaje de Chau lo valiese o hubiese experimentado un desarrollo narrativo acorde para soportar semejante lugar. En términos generales las secuencias de sexo son muy tibias, el drama humano está construido sin sabiduría ni verdadero frenesí, el metraje se extiende más de lo conveniente, las canciones alegóricas de Charli XCX marchan directo al olvido -la única salvedad es House, tema para los créditos de apertura con la intervención en voz del querido John Cale- y el flashback del semi epílogo, para colmo con ella muerta y él ensayando una despedida que cae en saco roto, es francamente lastimoso, estéril. El film subraya sin proponérselo la incompetencia de Fennell a la hora de transmitir lo que debería ser furia melodramática y ni siquiera logra alejar el fantasma del voluminoso segmento que cortó, siempre presente para todos aquellos que conocen el libro y la amplia gama de interpretaciones cinematográficas anteriores, precisamente superadoras con respecto a este desatino plagado de ridiculeces…
Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights, Estados Unidos/ Reino Unido, 2026)
Dirección y Guión: Emerald Fennell. Elenco: Jacob Elordi, Margot Robbie, Hong Chau, Shazad Latif, Alison Oliver, Martin Clunes, Owen Cooper, Charlotte Mellington, Vy Nguyen, Ewan Mitchell. Producción: Emerald Fennell, Margot Robbie, Josey McNamara y Rosie Goodwin. Duración: 136 minutos.