Así como el surcoreano Park Chan-wook en No hay Otra Opción (Eojjeolsuga Eobsda, 2025) logró una actualización magistral de la premisa de La Corporación (Le Couperet, 2005), aquella comedia negra anticapitalista de Costa-Gavras en la que un desempleado asesinaba a su competencia para determinado trabajo soñado, en Jugada Maestra (How to Make a Killing, 2026) el estadounidense John Patton Ford se propone reinterpretar bajo criterios del Siglo XXI Corazones Bondadosos y Coronas (Kind Hearts and Coronets, 1949), legendaria propuesta de Robert Hamer para Ealing Studios, la principal productora de posguerra del Reino Unido, que giraba alrededor del homicidio de ocho parientes del protagonista, un familiar destituido en plena venganza, ya que se interponían en la línea de sucesión de un ducado. La segunda película de Ford a posteriori de la estupenda Emily, la Criminal (Emily, the Criminal, 2022), aquel thriller con Aubrey Plaza sobre el mundillo de los fraudes con tarjetas de crédito, cae unos escalones por debajo con respecto a la ópera prima y efectivamente no termina bien posicionada en la inevitable comparación con la epopeya británica de Hamer, sin embargo mantiene un buen nivel de calidad en términos generales por el excelente trabajo del elenco, el carisma del actor principal, Glen Powell, y la vigencia de tópicos como el odio de clase, la condena moral contra la aristocracia y la alta burguesía y el anhelo popular de un ascenso social que cada día se vuelve más utópico en el capitalismo de la miseria, la especulación y el desempleo frondoso del nuevo milenio.
Emerald Fennell, quien hace poco estrenó otro retrato de la injusticia comunal, Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights, 2026), también había retomado Corazones Bondadosos y Coronas en aquella segunda mitad de Saltburn (2023), opus que como Jugada Maestra no lograba escaparle a la sombra del film de 1949, conocido en el mercado hispanoparlante como Los Ocho Sentenciados u Ocho Sentencias de Muerte, aunque por distintas razones, en el caso de Saltburn por la torpeza y el trazo grueso promedio de la realizadora y en lo que atañe a Ford debido a cierta indecisión en cuanto al tono del relato, ese que se pasea por el suspenso, el drama familiar, la comedia negra, el thriller psicológico y una más que evidente sátira social sin conseguir destacarse en género alguno ni balancearlos con eficacia aunque tampoco pasando vergüenza ni mucho menos, dando por resultado una propuesta correcta que podría haber sido mucho mejor. El guión de Jugada Maestra sigue al pie de la letra el original y por ello Powell hoy compone a Becket Redfellow, quien se encuentra en prisión esperando ser ejecutado por un crimen que no cometió mientras todos los demás quedan impunes, de los que sí fue responsable: el racconto es ante un cura, el Padre Morris (Adrian Lukis), y la aversión de Becket hacia su parentela tiene que ver con la exclusión de su madre de la fortuna familiar por haber quedado embarazada siendo adolescente y por negarse a abortar, así las cosas los dos progenitores fallecen y después de penurias varias el señor se propone reventar a los Redfellow que se interponen entre él y la riqueza de turno.
Ford pretende abarcar tanto como Corazones Bondadosos y Coronas pero no cuenta con la capacidad de Hamer y su coguionista, John Dighton, para administrar el ecléctico material, por ello lamentablemente nunca termina de convencer el salto del huérfano de Powell desde la atención al público en una sastrería hacia el ecosistema de los tiburones financieros símil Wall Street (1987), de Oliver Stone, sólo porque le dio lástima a su tío, Warren Redfellow (Bill Camp), y por cierto tampoco está muy desarrollado que digamos el triángulo amoroso tácito entre nuestro antihéroe/ vengador social y dos lindas ninfas, por un lado su amor de juventud, Julia Steinway (Margaret Qualley), una burguesa chupasangre que lo extorsiona para sacarle dinero y cubrir los desastres económicos de su esposo, y por el otro lado la ex novia de uno de los tantos primos que debe eliminar, Ruth (Jessica Henwick), mujer con la que termina formando una pareja mientras sigue asesinando a familiares hasta llegar al gran responsable de la expulsión de mami, el padre de la mujer y abuelo de Becket, Whitelaw Redfellow (Ed Harris), magnate dictatorial que eventualmente deduce -como unos agentes del FBI del montón- que la serie de muertes no es fruto del azar o el destino. El cineasta en Emily, la Criminal demostraba inteligencia narrativa y conceptual pero aquí descuella sólo en la segunda, lo cual no es poco ya que señala con astucia los dos fantasmas que acechan a la escoria de las elites parasitarias capitalistas, en esencia la soledad y esa vocecita de sus propias conciencias que tienden a callar, productos de las burbujas del magma plutocrático.
Los óbitos resultan algo rutinarios y no refuerzan -como deberían- el sustrato paródico o corrosivo, pensemos que las ahora siete muertes incluyen a un hedonista ahogado vía el ancla de su yate, un fotógrafo que explota en su cuarto oscuro, un pastor al que le provoca un infarto, una oligarca con muchos hijos adoptivos envenenada en un spa, un imbécil obsesionado con la aviación al que droga para dormirlo en pleno vuelo, ese Warren que asimismo pasa a mejor vida por un ataque cardíaco y un Whitelaw finiquitado a flechazos. El final abierto y complejo de Corazones Bondadosos y Coronas en esta relectura termina cerrándose alrededor de la ironía de una Julia que es la femme fatale reglamentaria de la historia pero aparentemente también puede enamorarse y por ello dura más en el corazón de Becket que su competencia, la hasta ese momento idealizada por el relato Ruth, decisión que resulta acertada por parte de Ford porque en vez de sellar la perdición del protagonista por un olvido común y corriente, en 1949 el de las memorias/ su confesión en la celda, opta por hacer responsable de su propio calvario a nuestro adalid de la escalera social quimérica al obligarlo a elegir el yugo de Julia, quien a su vez venía de robarle toda la fortuna, cual premio consuelo frente a una Ruth que lo abandona por su derrotero criminal. Powell, como decíamos anteriormente, sigue creciendo como actor y hoy refrita pinceladas de lo hecho en Cómplices del Engaño (Hit Man, 2023), farsa policial ochentosa de Richard Linklater, y El Sobreviviente (The Running Man, 2025), la aventura distópica del inglés Edgar Wright…
Jugada Maestra (How to Make a Killing, Reino Unido/ Francia, 2026)
Dirección y Guión: John Patton Ford. Elenco: Glen Powell, Margaret Qualley, Jessica Henwick, Bill Camp, Ed Harris, Zach Woods, Topher Grace, Bianca Amato, Raff Law, Grady Wilson. Producción: Graham Broadbent y Peter Czernin. Duración: 105 minutos.