Scream 7

Dialéctica museística banal

Por Emiliano Fernández

Al considerar Scream 7 (2026), escrita y dirigida por Kevin Williamson, queda claro no sólo que la franquicia está muerta en términos creativos sino además que ya no resta nada de aquel Williamson que supo crear la saga en cuestión junto a Wes Craven tres décadas atrás en Scream (1996), señor que asimismo escribió Scream 2 (1997) y Scream 4 (2011), esta última sin duda la mejor secuela del lote, aunque no Scream 3 (2000), con la firma de Ehren Kruger, porque por entonces estaba consagrado a su anterior y hasta ahora única intervención como director, la fallida Enseñando a la Sra. Tingle (Teaching Mrs. Tingle, 1999). Desde el vamos la idea de reflotar a Williamson, que había caído relativamente en el olvido a posteriori de sus últimas dos colaboraciones con Craven, léase Scream 4 y la ultra problemática La Marca de la Bestia (Cursed, 2005), resulta un manotazo de ahogado patético por parte de la compañía productora, Spyglass Media Group, después de echar a la actriz que habían elegido como nueva protagonista de la franquicia, la mexicana Melissa Barrera, de hecho la voz cantante en Scream (2022) y Scream VI (2023), ambas a cargo de Tyler Gillett y Matt Bettinelli-Olpin, debido a justas publicaciones suyas en redes sociales describiendo a la Franja de Gaza como un campo de concentración y a las acciones en la zona por parte del excrementicio gobierno israelí como genocidio y limpieza étnica, lo que provocó un tsunami de renuncias en solidaridad que abarcó a su coprotagonista, la hoy por hoy muy cotizada Jenna Ortega, a los directores originales, esos Gillett y Bettinelli-Olpin, e incluso al primer reemplazante detrás de cámaras, Christopher Landon, otro realizador de alto perfil que terminaría dirigiendo la disfrutable Drop: Amenaza Anónima (Drop, 2025).

 

Williamson, que en sus buenas épocas fue considerado el artífice del terror adolescente, metadiscursivo y noventoso gracias a la andanada de Scream, Sé lo que Hicieron el Verano Pasado (I Know What You Did Last Summer, 1997), de Jim Gillespie, y Aulas Peligrosas (The Faculty, 1998), de Robert Rodríguez, aquí no logra inyectar nueva vida a la franquicia y se podría decir que entrega el eslabón más rutinario y anodino de toda la saga porque así como la continuación más floja creada por Craven, Scream 3, era evidentemente mejor que la Scream del año 2022 y Scream VI, unos intentos lastimosos respectivamente de reboot y secuela tradicional, esta flamante Scream 7 está atravesada por una concepción museística lamentable del terror en pos de reproducir cueste lo que cueste el opus seminal de 1996, una jugada retórica/ ideológica que en función de la literalidad de siempre de la franquicia deriva en una película -sobre todo a través de sus villanos- obsesionada con la nostalgia más estéril, no la sustentada en el slasher como género en su conjunto, sin duda una de las grandes marcas identitarias de la saga, sino esa que se mira el ombligo todo el puto tiempo idealizando lo que ya no puede recrearse nunca más, precisamente el trabajo del querido Craven, fallecido de un tumor cerebral en 2015 a los 76 años de edad. Esta segunda fase del ciclo que nos ocupa incluyó una olvidable serie para MTV y VH1, Scream (2015-2019), y las dos propuestas previas con Barrera y Ortega, por un lado, y con los regresos iniciales de Neve Campbell, Courteney Cox y David Arquette, por el otro lado, films descartables pero todavía interesados en encontrarle la vuelta a semejante “operativo lavado de cara”, meta que desaparece en esta ortodoxa Scream 7, marcada por la oquedad y una colosal torpeza.

 

Viendo el producto terminado uno no puede dejar de pensar que Williamson fue llamado por los productores para reconstruir los lazos con nuestra scream queen reglamentaria, esa Campbell que no había participado en Scream VI por una disputa salarial, y se terminó quedando con la silla del director gracias a su buena relación con la estrella, así las cosas ambos improvisaron una historia hiper perezosa de nulo desarrollo narrativo vinculada al retorno del personaje de la actriz, Sidney Prescott, ahora dueña de una preciosa cafetería, casada con un oficial de policía, Mark Evans (Joel McHale), y madre de una adolescente, Tatum (Isabel May), como puntapié para las ansias de venganza de uno de los villanos del film original, Stu Macher (Matthew Lillard), en esta oportunidad volviendo desde el Más Allá para atormentarla a ella y a su hija, quien por supuesto padece las comparaciones con Sidney, una suerte de ídola pop dentro de la comunidad del horror a raíz de su condición de sobreviviente de los diferentes psicópatas que se calzaron la máscara de Ghostface (voz de Roger L. Jackson, histórico de la franquicia), en pantalla el significante vacío de la parca. Con la masacre reiniciada en lo que atañe al círculo cercano de la familia Prescott-Evans, Sidney recibe videollamadas amenazantes varias del avejentado y lleno de cicatrices Stu, un posible deepfake realizado con inteligencia artificial por un tercero, y se reencuentra con la otrora reportera carroñera de Cox, Gale Weathers, la cual hoy está secundada por dos colegas/ asistentes que también son hermanos, el camarógrafo Chad (Mason Gooding) y la aspirante a estrella del periodismo Mindy (Jasmin Savoy Brown), esta última supliendo el papel de “experto en el terror como género” del legendario Randy Meeks (Jamie Kennedy).

 

Si bien a nivel superficial Williamson se preocupa por ofrecer todos los clichés esperables de la seguidilla, como un prólogo símil Cuando Llama un Extraño (When a Stranger Calls, 1979), de Fred Walton, Red Right Hand (1994), la maravillosa canción de Nick Cave and the Bad Seeds, un personaje con aires de nerd autorreferencial como el de Kennedy, una fascinación social con la “película dentro de la película”, la franquicia Stab, y un remate final con un par de loquitos, Jessica Bowden (Anna Camp) y Marco Davis (Ethan Embry), que en realidad son tres ya que un cómplice intercambiable es atropellado durante el primer acto por Weathers y su séquito, Karl Gibbs (Kraig Dane), detalle que respeta el trío de Scream VI, en realidad este séptimo capítulo deja de lado casi por completo aquel humor sarcástico marca registrada de antaño, otra decisión que ya estaba presente en el eslabón previo, pero sin lograr compensar el faltante con las truculencias y el melodrama, pivotes que aquí se caen a pedazos por la tibieza del gore modelo 2026 y la falta de desarrollo -uno que escape a la previsibilidad y la sensiblería barata- del vínculo entre madre e hija, Sidney y Tatum, esta última bautizada así por una de las ejecutadas en 1996, Tatum Riley (Rose McGowan), la mejor amiga de la protagonista en la anatomía de Campbell. Este elemento de corte macabro y melancólico se suma a otros, como el prólogo en el hogar de Macher en Woodsboro, convertido en una atracción/ santuario, o la motivación de los psicópatas de turno, eso de “engendrar” a una nueva Sidney haciendo que la insípida Tatum la vea morir, o el mismo retorno caprichoso e innecesario de Stu, planteo que en las postrimerías del metraje habilita una retahíla de deepfakes de Dewey Riley (Arquette), asesinado en 2022 y la pareja de la periodista de Cox, más Nancy Loomis (Laurie Metcalf) y Roman Bridger (Scott Foley), los villanos de Scream 2 y Scream 3, que refuerzan la dialéctica museística banal de una epopeya que no ofrece ni una mísera idea nueva y todo el tiempo avanza en piloto automático, precisamente como si se tratase de uno de aquellos “directos a video” de la etapa de decadencia del slasher de los años 90 que tanto parodiaba la Scream de Craven. Las motivaciones de los personajes son cuando menos endebles y la mediocridad del relato está dirigida exclusivamente al fandom más descerebrado y obsecuente de la franquicia, una fauna lobotomizada que desde ya jamás entendió que la odisea primigenia satirizada al slasher en crisis, la segunda se burlaba de las continuaciones eternas, la tercera destrozaba al ecosistema parasitario hollywoodense y la cuarta le pegaba en un único movimiento a las remakes, las redes sociales, el hambre de fama a cualquier precio y la soberana idiotez de los púberes de las distintas generaciones digitales que se apilaron desde la década del 90…

 

Scream 7 (Estados Unidos/ Canadá, 2026)

Dirección: Kevin Williamson. Guión: Kevin Williamson y Guy Busick. Elenco: Neve Campbell, Isabel May, Courteney Cox, Jasmin Savoy Brown, Mason Gooding, Joel McHale, Anna Camp, Ethan Embry, Kraig Dane, Roger L. Jackson. Producción: James Vanderbilt, William Sherak y Paul Neinstein. Duración: 114 minutos.

Puntaje: 3