De vez en cuando aparecen películas que sin lograr descollar por lo menos subrayan que el cine independiente no está muerto y aún puede articular mensajes valiosos. Así las cosas, un buen exponente de este ecosistema creativo es Inclinada (Slanted, 2025), ópera prima en el campo del largometraje de Amy Wang, cineasta china que se crió en Australia y aquí ofrece una semblanza autobiográfica sobre su juventud en un enclave anglosajón muy poco respetuoso para con la otredad antropológica, en suma leyendo el asunto desde el cine de género más corrosivo en función de ingredientes de sátira social, ciencia ficción, relato de aprendizaje o coming of age, melodrama de inmigrantes, body horror y aquella comedia de intercambio de cuerpos o body swap en la tradición de Vice Versa (1948), de Peter Ustinov, y Un Viernes Alocado (Freaky Friday, 1976), trabajo de Gary Nelson. Hablamos de otro exploitation tácito de La Sustancia (The Substance, 2024), la joya de Coralie Fargeat sobre la asimilación derrotista de los marginados al redil de los psicópatas y descerebrados varios con poder, algo que desde ya tiene por antecedente inmediato a Parásitos (Gisaengchung, 2019), obra maestra satírica de Bong Joon-ho, y viene generando opus diversos en sintonía con Caparazón (Shell, 2024), odisea de Max Minghella, La Hermanastra Fea (Den Stygge Stesøsteren, 2025), de la noruega Emilie Blichfeldt, Juntos (Together, 2025), de Michael Shanks, y Him: El Elegido (Him, 2025), de Justin Tipping, entre otras propuestas recientes que han retomado alguna pincelada del film de la francesa. La historia se centra en Joan Huang (Shirley Chen), una inmigrante china en Estados Unidos como sus padres, Sofía (Vivian Wu), siempre preocupada por sostener y/ o revalidar el trasfondo cultural familiar asiático, y Roger (Fang Du), que trabaja limpiando escuelas pero también las casonas de los ricos negreros que se jactan de apoyar causas sociales o defender minorías mientras tratan como esclavos a escala cotidiana a esos mismos representantes de los sectores vulnerables.
Obsesionada desde mocosa con transformarse en reina del baile de graduación del colegio secundario, Joan tiene una amiga de linaje hindú a la que le vende las delicias chinas que cocina su madre, Brindha (Maitreyi Ramakrishnan), y pretende acercarse amistosamente a la burguesa blanca más popular de turno, Olivia Hammond (Amelie Zilber), para obtener su apoyo como candidata al baile, lo que equivale a ganarlo. La púber suele utilizar un filtro de redes sociales -broches en la nariz de por medio- para mutar en caucásica en cada uno de sus posteos, Ethnos, que la empieza a bombardear con mensajes y la conduce a conocer al mandamás de la compañía, el Doctor Willie Singer (R. Keith Harris), quien pronto le ofrece someterla a una cirugía de modificación racial para trastocar su rostro y cuerpo de manera permanente y alcanzar su sueño, eso de acoplarse al discurso dominante empardado al adagio de que la perfección femenina implica juventud, cabellos rubios, muchas sonrisas y tez pálida. Después de engañar a su progenitora, que conoce poco y nada de inglés, para que firme la autorización por ser menor de edad, nuestra Joan se somete al procedimiento y se transforma en Jo Hunt (Mckenna Grace), una blanquita que enajena a sus padres y a la mejor amiga por su idea maniática de sumarse al círculo íntimo de Hammond y coronarse como reina de graduación, no obstante el motivo de El Extraño Caso del Doctor Jekyll y el Señor Hyde (Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1886), la famosa novela corta del escocés Robert Louis Stevenson, no estaría completo sin los “problemillas” reglamentarios de adaptación, en este caso capas de piel que se desprenden de la nada y una cara que se cae o se decolora o se inclina como nos informa el título, frente a lo cual una empleada afable de Singer, Nancy (Katy Wilson), le dice que dichas deformaciones son efectos secundarios esperables y debe corregirlas con cinta y una cremita humectante, algo que debería saber porque tanto el matasanos como su asistente se sometieron ellos mismos a la metamorfosis.
Inclinada pone en el tapete el chauvinismo yanqui, su enorme idiotez, el racismo en todos lados, esa hipocresía del progresismo burgués, el culto generalizado a la belleza de base publicitaria/ maketinera/ videoclipera, la cobertura médica gratuita inexistente en Estados Unidos y muchos territorios del Primer Mundo, el clasismo, la cultura de la competencia psicopática neoliberal, la cruel xenofobia, la frivolidad de la virtualidad contemporánea, el masoquismo cultural de parte de los sectores oprimidos y su manifestación más visible, la tendencia a la traición o autonegación para agradar a extraños y estúpidos del montón. La hipotética igualdad de la democracia estadounidense se nos aparece en pantalla como una construcción apócrifa en donde se achatan las diferencias hasta hacerlas desaparecer en un todo uniforme y patético que por supuesto está homologado a la imagen idealizada que las clases dominantes tienen de ellas mismas, el eje blanco, protestante y anglosajón del país del norte. Así como resulta muy gracioso el videoclip de It’s Good to Be White (Karaoke Version) que vemos -cual lapso narcótico de Huang- durante su cirugía o tratamiento de metamorfosis en caucásica, en esencia semejante a una publicidad cutre de la década del 90 de algún producto igual de mierdoso perteneciente al segmento de las televentas, en cierta medida la misma modificación étnica, por cierto un rubro real del emporio de la cirugía plástica de América del Norte, tiene mucho de ironía en torno al blanqueamiento en el cine, esa costumbre de Hollywood y sus industrias asociadas de todo el planeta vinculada a transformar en caucásicos a casi todos los personajes de otra raza/ etnia cuando hablamos de adaptaciones de materiales preexistentes como novelas, cómics, videojuegos, obras de teatro o leyendas, esquema racista o de “discriminación negativa” que está volviendo a predominar en la industria a raíz del ascenso de la nueva derecha, a su vez recientemente en crisis, luego de años y años del recurso de las mascotas del marketing o “discriminación positiva”, orientada a llenar a las películas de todas las orientaciones sexuales, étnicas y regionales posibles, en conjunto un ejemplo de la infantilización de este mainstream del Siglo XXI que sólo puede manejarse vía extremos en línea con la lógica pendular pueril.
El film ataca la derechización social oligofrénica del nuevo milenio que no tolera ni mucho menos respeta diferencia alguna, ésta siempre interpretada desde la perspectiva bélica del enemigo a destruir, por ello en gran medida la protagonista funciona como la paradigmática imbécil de hoy en día que hace religiosamente lo que se le dice desde las cúpulas, léase la oligarquía capitalista, y se somete a la voluntad de los intolerantes y su dejo narcisista más ridículo, aquí cercano al plástico de sustrato efímero y banal. La burguesía, en este sentido, se homologa a una secta idiota y bastante delirante basada en el privilegio, la plutocracia, la segregación y una estructura piramidal de estratos y roles distribuidos para la exclusión de las mayorías en materia del reparto de la riqueza comunal. La propuesta de a poco, sobre todo durante su segunda mitad, va mutando en un retrato también de la desmembración de la parentela de Huang y la rauda destrucción de su amistad con Brindha, todo debido a la propensión de la asiática a adoptar las mismas actitudes racistas y clasistas de sus otrora verdugos colectivos, en concreto Hammond y su séquito de robots amantes de la fortuna, la belleza lustrosa y el poder de prerrogativas dictatoriales. En nuestro andamiaje conceptual asimismo se cuela la idea de la complicidad por motu proprio en función de la insistencia en las postrimerías del metraje -a instancias de las criaturas de Zilber y Harris, por los cuestionamientos desesperados de la protagonista- en cuanto a la lucha entre Huang y Hunt dentro del mismo cuerpo, planteo que indica que la renuncia al yo del pasado resulta crucial para que surja ese engendro fascistoide y blanquito que adopta al conformismo como regla fundamental, del mismo modo que una parte sustancial de los estratos populares “compran” el discurso de las elites payasescas capitalistas o se identifican con esperpentos neonazis e hiper corruptos como Donald Trump, Benjamín Netanyahu, Javier Milei o Jair Bolsonaro, entre muchos otros. El guión a veces resulta demasiado sencillo y la faena desde el vamos carece del grotesco y de la imaginación de La Sustancia, sin embargo analiza con astucia y corazón la tragedia de los inmigrantes y los monstruos culturales obsecuentes que genera la necesidad de algunos bobos de sumarse al rebaño de los poderosos, cueste lo que cueste…
Inclinada (Slanted, Estados Unidos, 2025)
Dirección y Guión: Amy Wang. Elenco: Shirley Chen, Mckenna Grace, Vivian Wu, Fang Du, Amelie Zilber, R. Keith Harris, Katy Wilson, Maitreyi Ramakrishnan, Kristen Cui, Sarah Kopkin. Producción: Amy Wang, Trevor Wall, Adel Nur, Cameron Boling y Mark Ankner. Duración: 104 minutos.