I Swear

Esperma por leche

Por Emiliano Fernández

El Síndrome de Tourette es quizás el trastorno neurológico más conocido en lo referido al campo de los tics, en esencia un padecimiento insólito que suele atacar más a varones que a mujeres y más a niños que a adultos y que se caracteriza por movimientos incontrolables del cuerpo y especialmente del rostro y por la presencia de coprolalia o esa propensión patológica a desparramar insultos, obscenidades, puteadas y frases tabúes porque el asunto parece estar muy vinculado al inconsciente de los sujetos, aquí dejándose ver o más bien escuchar sin que se conozcan las causas de fondo ni exista una cura verdadera, apenas medicamentos como el haloperidol para tratar algunos síntomas. En los casos más extraños lo que empieza en la infancia no finiquita allí debido a que un puñado de adultos continúan experimentando tics pasados los 18 años de edad dentro de un rango que va desde lo leve, pasa por el espectro de la moderación y llega hasta lo severo, esta última la región en la que siempre se ubicó el principal militante del Reino Unido para la concientización social en torno al Síndrome de Tourette, John Davidson, quien realizó una interminable seguidilla de charlas en instituciones privadas, comunidades y organismos públicos para informar a los ciudadanos sobre el carácter involuntario de las palabrotas y las posibles trompadas, en su caso todo empeorado por escupitajos, ecolalia o repetición de palabras pronunciadas por terceros y una vertiente extrema del trastorno obsesivo-compulsivo que lo lleva a besar los postes de luz cuando no están rectos o no respetan el color estándar de todo el alumbrado.

 

Davidson, hoy atravesando su quinta década de vida, se hizo conocido en el microcosmos británico debido a un documental de Valerie Kaye para la BBC, John’s Not Mad (1989), epopeya que sería malinterpretada por las clases populares inglesas como una comedia extremadamente bizarra y que por cierto tendría dos secuelas asimismo realizadas para la BBC, The Boy Can’t Help It (2002), de Min Clough, y Tourettes: I Swear I Can’t Help It (2009), de Philippa Robinson, ambas sumando otro caso de Síndrome de Tourette aunque en la niñez porque Davidson ya rondaba los 30 años para entonces, el de Greg Storey. Era evidente que no tardaría en llegar la biopic reglamentaria sobre el señor y I Swear (2025), opus escrito y dirigido por el británico Kirk Jones, ocupa ese lugar, uno muy específico dentro de la burbuja cultural inglesa porque el film pretende desesperadamente humanizar a Davidson para sacarle de encima el trasfondo hilarante de John’s Not Mad y su célebre insulto contra la Reina Isabel II cuando en una ceremonia de 2019 la monarca lo distinguió con la Orden del Imperio Británico, situación que se volvió a repetir cuando en febrero de 2026 asistió con motivo de I Swear a la ceremonia de entrega de los premios BAFTAs, los Oscars vernáculos, y le gritó “nigger” a un par de actores millonarios afroamericanos que presentaban el galardón a los Efectos Especiales, Michael B. Jordan y Delroy Lindo, lo que desencadenó una polémica necia e hipócrita de ese progresismo mainstream que se pisa los talones todo el tiempo ya que sabían muy bien -y de antemano- lo que ocurriría al invitarlo.

 

En 1983 la acepción pueril de Davidson (Scott Ellis Watson) ya manifiesta los primeros síntomas en el colegio y la casa de su familia obrera en Galashiels, Escocia, como los tics faciales, las puteadas y la costumbre de escupir comida, por ello pierde la oportunidad de transformarse en arquero de fútbol, sufre constantes castigos corporales en la escuela, sus acercamientos al sexo femenino son un tanto “fallidos” y su padre eventualmente abandona a la parentela, David (Steven Cree), dejando a la madre en una depresión y un cansancio ad infinitum, Heather (Shirley Henderson), y provocando un intento de suicidio de John, quien se arroja a un río pero es rescatado. Trece años luego el Davidson adulto (Robert Aramayo) vive con su progenitora, es diagnosticado con Síndrome de Tourette y toma regularmente haloperidol, el cual reduce la ansiedad y la agitación psicomotriz mientras genera insomnio y cefalea. En un supermercado se reencuentra por casualidad con un amigo del colegio, Murray Achenbach (Francesco Piacentini-Smith), joven afable que regresó al Reino Unido desde Australia porque su madre, Dottie (Maxine Peake), padece cáncer de hígado y los médicos le han dicho que tiene seis meses de vida. Es precisamente Dottie, una enfermera especializada en salud mental, quien decide hacerse cargo del muchacho y así lo invita a mudarse al domicilio de la familia Achenbach para ir bajándole la medicación hasta hacerla desaparecer. La moribunda lo inspira a encarar la difusión sobre el trastorno al conseguirle un trabajo en un centro comunitario a cargo de un conserje, Tommy Trotter (Peter Mullan).

 

I Swear constituye el renacimiento creativo de un Jones que en ocasión de su ópera prima, Waking Ned (1998), fue considerado una promesa de la comedia indie para luego tirar todo por la borda cuando vendió su dignidad a Hollywood de la mano de una retahíla de chatarra olvidable, Nanny McPhee (2005), Everybody’s Fine (2009), What to Expect When You’re Expecting (2012) y My Big Fat Greek Wedding 2 (2016), continuación muy tardía de My Big Fat Greek Wedding (2002), de Joel Zwick, que a su vez lo dejaría con casi una década sin dirigir. Si bien el tono resulta por momentos inconsistente, jugando a tres puntas con la comedia semi negra, a raíz de la incomodidad por el padecimiento en sí o frases como su latiguillo “esperma por leche”, con el drama de marginados sociales, planteo que incluye peleas, arrestos y palizas brutales como cuando llama “puta” a una hembra del montón, y con la parábola proletaria inglesa modelo Ken Loach, Mike Leigh y Alan Clarke símil segunda generación del realismo de fregadero de cocina/ “kitchen sink realism” de gente de la talla de Tony Richardson, Lindsay Anderson y Karel Reisz, a decir verdad la propuesta le inyecta el humanismo suficiente al derrotero de Davidson para que Aramayo se luzca a sus anchas, trabajo que efectivamente lo hizo ganar como Mejor Actor en los BAFTAs, y para compensar cierta tendencia del último acto hacia la feel-good movie estadounidense, acumulando apresuradamente la militancia de John, la reconciliación con su madre y una cuasi cura milagrosa/ simbólica vía un dispositivo de estimulación del nervio mediano…

 

I Swear (Reino Unido, 2025)

Dirección y Guión: Kirk Jones. Elenco: Robert Aramayo, Maxine Peake, Peter Mullan, Shirley Henderson, Steven Cree, Francesco Piacentini-Smith, Scott Ellis Watson, David Carlyle, Jamie McAllister, Chris Dixon. Producción: Kirk Jones, Piers Tempest y Georgia Bayliff. Duración: 121 minutos.

Puntaje: 7