La Grazia: La Belleza de la Duda (La Grazia)

Balada de hormigón armado

Por Martín Chiavarino

La gracia puede tener distintos significados, puede referirse a la elegancia, al encanto, a un favor, a un don o a la clemencia o piedad, pero también a la iluminación luego de un largo camino recorrido. En su última película, La Grazia: La Belleza de la Duda (La Grazia, 2025), el realizador de cine italiano Paolo Sorrentino combina todas estas características en un contrapunto entre la persona y la función social de un presidente y jurista italiano a punto de terminar sus funciones en pleno debate por la legalización de la eutanasia en Italia.

 

Toni Servillo, el protagonista de gran parte de la filmografía de Sorrentino, un actor napolitano de gran trayectoria, compone a un presidente demócrata cristiano con una gran aquiescencia entre la ciudadanía que es acosado por distintos sectores que lo presionan para promulgar o vetar una ley que preferiría no firmar, aun menos considerar, que permite la eutanasia en casos muy específicos, pero él parece más preocupado, o más bien obsesionado, por averiguar con quién su esposa fallecida, Aurora, lo engañó hace cuarenta años. A la par, el presidente es conminado a indultar a dos presos condenados por asesinatos relacionados con la eutanasia, un profesor de historia que asesinó a su mujer con Alzheimer y una mujer que mató al marido que la maltrataba, lo que propone una reflexión muy amplia sobre la temática y sobre los alcances de la gracia. La inminencia del abandono de su cargo, en el que logró una unidad nunca vista en la historia del país, lo conduce a manifestar un espíritu de rebeldía con tintes reflexivos y dubitativos que lo llevan a romper ciertos protocolos. En sus charlas con los diferentes líderes del país se entera de que toda la vida lo han llamado “hormigón armado” no tanto por su entereza sino más bien por su tozudez como jurista y senador vitalicio y su capacidad para permanecer incólume ante lo que ocurre a su alrededor, lo que también lo lleva a hacerse preguntas sobre su vida, su rol y la distancia entre la percepción personal y la de los demás sobre uno mismo.

 

La belleza de la posibilidad de dudar parece anteponerse al resto de los argumentos, hasta que la gracia llega sin aviso al tener que tomar la decisión de matar a un caballo agonizando. En ese momento entiende lo que está en juego con la ley de la eutanasia y decide mantener al caballo con vida a pesar del sufrimiento ante la duda existencial que lo aqueja, a la vez que acusa a uno de sus mejores amigos y principal candidato a sucederlo en el cargo de ser el amante de su esposa hace cuarenta años.

 

La Grazia: La Belleza de la Duda confirma un problema del que adolece gran parte del cine europeo actual. Si Hollywood, al igual que gran parte de la cultura estadounidense, siempre se asentó en la búsqueda del entretenimiento, el cine europeo, en contraposición, buscó ofrecer un cine de autor que apelaba al arte a secas. Sorrentino es un buen exponente de este tipo de cine, que explora la forma a través de meditaciones y en este caso se pierde en las mismas, buscando construir escenas que resultan demasiado largas y derivativas, que no ayudan a entender el pensamiento del protagonista, el único que parece dudar de sus acciones dado que es el que tiene la firma final. Cada una de estas escenas es estéticamente bella, incluso deslumbrante, de una construcción perfecta como siempre logra Sorrentino con sus secuencias oníricas, pero a veces carecen de todo sentido generando más confusión que claridad, sin tampoco profundizar demasiado en ninguno de los tópicos trabajados. Esta situación puede apreciarse en cualquier escena, como por ejemplo en las pugnas del padre con la hija o del presidente con el Papa negro con rastas que monta su motocicleta, o en la discusión entre la hija y secretaria del presidente y la mujer condenada por el asesinato de su marido que busca el indulto gracias al beneplácito del principal candidato a sucesor del actual presidente.

 

Al igual que en toda su filmografía Sorrentino intenta sorprender, haciendo del presidente un anciano con un solo pulmón que sigue una dieta estricta de la que intenta escapar cuando su hija no lo ve, que escucha rap y música electrónica y canta temas solo en voz alta, ya sea mientras escucha la música o mientras piensa en las canciones en soledad, tan solo escoltado por los soldados, que al igual que el espectador se sorprenden por la estrambótica situación de un presidente rapeando. Hay una breve escena con el rapero italiano Guè, al que el presidente admira y le entrega una distinción junto a otras personalidades de la cultura en un momento que solo sirve para demostrar cómo el presidente anhela no estar más en su posición y ser otra persona, tal vez un astronauta solitario flotando en su nave.

 

Entre medio de estas historias la revista Vogue le consulta por su visión de la moda, su equipo de comunicación quiere que hable con el astronauta italiano señalado y la embajadora lituana en Italia lo invita a salir y miente sobre el trabajo de su hijo en Canadá, con el contexto de las obras de arte más magnificas que ha logrado la cultura italiana y que ahora adornan los museos y edificios públicos de todo el país. No es casualidad que Sorrentino trate aquí la eutanasia, temática en boga en Europa y ampliamente discutida tras el suicidio de Mario Monicelli en 2010 y más recientemente el caso de Alain Delon en Francia, figuras emblemáticas del cine que solicitaron poder morir para dejar de sufrir.

 

El film escrito y dirigido por Sorrentino trabaja aceptablemente la incomunicación e incomprensión entre padres e hijos. La hija ha dedicado su vida a cuidar de su padre, para que pueda cumplir con su trabajo, pero ha descuidado su propia vida. También hay una exploración sobre cómo los seres humanos le damos un sentido al absurdo de la vida, intentando intensificar ese sentimiento irracional, en este caso en medio de la belleza que rodea a los personajes. Lo mejor de La Grazia: La Belleza de la Duda es la voluntad expresa de Sorrentino de buscar que el espectador reflexione sobre lo que ve, acerca de la condición de la imagen en movimiento y la existencia y sus posibilidades, alentando siempre a salir al mundo, a buscar lo que nos apasiona. Aunque tiene algunas reflexiones aisladas interesantes, desgraciadamente Sorrentino se regocija en planos generales complacientes sin cuestionar demasiado la realidad, lo que solo demuestra que necesita encontrar nuevamente la gracia perdida para equilibrar su caótica experimentación con un contenido más profundo para acercarse a la finalidad del arte, cuestionar la legitimidad de las instituciones vetustas y proponer nuevas formas de mirar el mundo, más humanas y menos burocráticas.

 

La Grazia: La Belleza de la Duda (La Grazia, Italia, 2025)

Dirección y Guión: Paolo Sorrentino. Elenco: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Massimo Venturiello, Orlando Cinque, Milvia Marigliano, Giuseppe Gaiani, Simone Colombari, Giovanna Guida, Alessia Giuliani, Roberto Zibetti. Producción: Paolo Sorrentino, Andrea Scrosati y Annamaria Morelli. Duración: 133 minutos.

Puntaje: 5