El Accidente de Piano o The Piano Accident (L’Accident de Piano, 2025), la última película del querido Quentin Dupieux, señor que ha construido un derrotero artístico fascinante a partir del surrealismo, el absurdo y un humor negro inconformista maravilloso que no tiene parangón en la paupérrima producción audiovisual del Siglo XXI, a simple vista parece compartir los latiguillos metadiscursivos de su trilogía previa, Yannick (2023), ¡Daaaaaalí! (2023) y The Second Act (Le Deuxième Acte, 2024), en especial la actuación, las cámaras, el backstage y/ o la frontera entre realidad y ficción o mejor dicho cuánto de la segunda -y de sus delirios vinculados a la fama y la autoindulgencia- penetra en la primera hasta que ambas resultan indistintas, no obstante esta nueva aventura del cineasta francés, también conocido por su seudónimo en el campo de la electrónica minimalista con propensión al house, el techno y el kitsch, Mr. Oizo, entrega un análisis tangencial del microcosmos del arte, una “actividad que no requiere ningún esfuerzo” como define con sarcasmo nuestra protagonista de turno, la cínica a más no poder Magalie Moreau (Adèle Exarchopoulos), y en general se vuelca hacia la comarca digital y sus consumos cercanos a la chatarra cultural, específicamente esos videos para necios o alienados patéticos modelo YouTube y TikTok, popurrí ahora satirizado de la misma forma que The Second Act le pegaba sin anestesia a la corrección política y la cultura inquisidora de la cancelación y Yannick ponía en tensión la distancia apuntada entre los artistas -hoy transformados en generadores de “contenido”- y el público, dos extremos que pueden retroalimentarse o compartir una correlación petrificada.
La historia está dividida en dos partes sin nombres y una tercera que toma el título del film, periplo centrado en la susodicha Magalie alias Magaloche, una treintañera que se considera artista, que nació con insensibilidad congénita al dolor y que desde niña se dedicó, durante los primeros pasos de Internet, a filmar videos caseros en donde se sometía a las peores aberraciones posibles para el consumo de un público morboso que la transformó en una sensación del mundillo virtual. Así las cosas, pasó de electrocutarse con la batería del auto familiar, golpearse con un martillo, clavarse un picahielos en la mano, quemarse con agua hirviendo y cortarse con un cuchillo eléctrico, entre otras “proezas”, a faenas más pesaditas cuando crece, como hacerse golpear con un bate de béisbol a toda velocidad y pisar por un camión monstruo, además de un lavarropas arrojado sobre su cuerpo, una paliza cortesía de un boxeador y un incendio en la cama autoprovocado. A la protagonista, un marimacho amargado, puteador y soberbio que sólo ingiere yogur y depende para todo de su asistente esclavizado, Patrick Balandras (Jérôme Commandeur), se le ocurre recibir el peso de un piano desde las alturas pero una discusión con el operario de la grúa, Dimitri Herzog (Sava Lolov), el cual se negaba a subir más y más el armatoste, provoca el mentado accidente en el que fallece la peinadora de Magalie, Wendy (Clara Choï), por ello la joven le ordena a Patrick enterrarla y soborna con medio millón de euros a Dimitri, quien a su vez le cuenta todo a su hermana, Simone (Sandrine Kiberlain), periodista que extorsiona a Moreau para conseguir una entrevista exclusiva, la primera en su carrera como masoquista profesional.
La propuesta mantiene en todo momento un tono narrativo hipnótico que juega con la línea divisoria entre la cuasi seriedad de Yannick y The Second Act y el esperpento asentado en el humor seco, cinéfilo y negrísimo de ¡Daaaaaalí! y el díptico paródico de Incredible But True (Incroyable Mais Vrai, 2022) y Smoking Causes Coughing (Fumer Fait Tousser, 2022), más todo lo realizado por Dupieux con anterioridad, y si bien incluye latiguillos de larga data como un último acto muy cruento semejante al slasher abstracto de Rubber (2010) y Deerskin (Le Daim, 2019), a posteriori del reportaje fallido y por la necesidad de “silenciar” a Simone, o un par de admiradores idiotas y desesperados por una foto con la señorita, los hermanos Roméo (Karim Leklou) y Karim (Gabin Visona), que recuerdan a sus homólogos de la buddy movie lunática de Steak (2007), Wrong Cops (2013), Keep an Eye Out (Au Poste!, 2018) y Mandibles (Mandibules, 2020), lo cierto es que la realización reconduce el minimalismo de siempre desde las ironías de The Second Act, por ejemplo sobre el arte producido con inteligencia artificial y su dependencia para con el poder más concentrado, hacia el también nefasto e insensible emporio de la producción de contenido para redes sociales y plataformas de Internet, aquí simbolizado en una Moreau que se niega a responderle a la periodista una pregunta acerca de las razones detrás de seguir y seguir grabando videos de automutilación siendo ya una multimillonaria, lo que trae a colación la misma deshumanización/ cosificación de la IA aunque internalizada en los seres humanos en consonancia con la codicia sin fin y un envilecimiento que padece el entorno inmediato.
Esta máquina de picar carne, especializada en saltar de lo digital a lo material para influirlo primero y condicionarlo después, constituye el verdadero núcleo de El Accidente de Piano, odisea en la que el cineasta galo entrelaza tres conceptos fundamentales, primero el dinero, eje de un ciclo de especulación capitalista macabra que se independiza de cualquier criterio moral o ético, segundo el vacío, por ello el grotesco de la protagonista -aparatos dentales eternos, brazo derecho enyesado y vestimenta ultra masculina por más que su seudónimo pretende subrayar unas tetas generosas- no tiene ninguna explicación valedera y se condice con la superficialidad escapista o idiotizante del contenido generado para -o consumido por- las legiones de bobos que esperaron con ansia cada uno de los más de dos mil videos de Moreau, y tercero el horror, en pantalla también empardado a una suerte de banalización o burocratización del sadomasoquismo caprichoso de acuerdo al contrato de lectura que propone el contenido en cuestión símil Jackass (2000-2001), aquella estupenda serie creada por Jeff Tremaine, Spike Jonze y Johnny Knoxville para MTV que Dupieux cita de manera explícita para establecer una analogía entre la rebeldía contracultural de antaño y toda esta oquedad por la oquedad misma de las décadas siguientes. Entre referencias hilarantes al mítico Werner Herzog, Run-DMC, Steven Spielberg y los inefables Looney Tunes por las “hazañas” de Magalie registradas con su smartphone, la película ofrece un genial trabajo de parte de Exarchopoulos, ya vista en Mandibles y Smoking Causes Coughing, y como todo el cine del amigo Quentin constituye un faro de resistencia que hoy nadie debería eludir…
El Accidente de Piano (L’Accident de Piano, Francia, 2025)
Dirección y Guión: Quentin Dupieux. Elenco: Adèle Exarchopoulos, Jérôme Commandeur, Sandrine Kiberlain, Karim Leklou, Gabin Visona, Sava Lolov, Clara Choï, Morena Gosset, Luc Schwarz, Matthias Girbig. Producción: Hugo Sélignac, Olivier Père y Rémi Burah. Duración: 88 minutos.