Caso 137 (Dossier 137, 2025), la última propuesta del inefable Dominik Moll, cineasta alemán asentado en Francia desde el inicio de su carrera, analiza un episodio de brutalidad policial durante las primeras protestas del llamado Movimiento de los Chalecos Amarillos (2018-2020), una serie de cortes de rutas y manifestaciones masivas contra el aumento del precio de los combustibles, la desigualdad social y el desmantelamiento del Estado de Bienestar en favor de la transferencia de la riqueza nacional desde los sectores medios y bajos hacia la oligarquía empresaria y financiera que controla Francia y buena parte del planeta, gracias a la pasividad o estupidez de la mayoría de la población. En pos de medidas muy concretas como la reducción del precio de la nafta, el aumento del salario mínimo y la reintroducción del Impuesto de Solidaridad a la Fortuna, un gravamen progresivo que había sido dejado de lado en 2017 por el presidente en funciones, Emmanuel Macron, millones de personas en distintas ciudades del territorio galo comenzaron a reunirse todos los sábados en un estrategia espontánea que aglutinó a sectores de la izquierda y la derecha y espantó a Macron y al aparato represivo vernáculo, el cual se movilizó en su conjunto para atacar salvajemente a los manifestantes, precisamente todos vistiendo esos chalecos amarillos de alta visibilidad que la ley francesa exige que los conductores lleven en sus vehículos y usen fuera de ellos frente a cualquier emergencia, símbolos de un reclamo colectivo justo que negaba el egoísmo woke de minorías desde una universalidad que asimismo se homologaba con el proletariado y sus uniformes de trabajo. Armados con granadas explosivas y de gas lacrimógeno y lanzadores de balas de defensa o LBDs, un arma no letal con una enorme capacidad de daño, los esbirros institucionales violaron sistemáticamente todo reglamento, generaron miles de heridos en cada manifestación o piquete y dejaron a su paso un tendal de individuos mancos, sin alguno de sus ojos o con una hemorragia cerebral espeluznante.
El movimiento, que de manera limitada continúa hasta nuestros días aunque en términos generales finiquitó con la reclusión dictaminada por la pandemia del COVID-19, dejó un fuerte rechazo nacional al neoliberalismo del Siglo XXI y sus “subproductos”, en especial el alto costo de vida para los estratos populares, las medidas de austeridad, la corrupción, los aumentos en transporte y servicios públicos, la flexibilización laboral, esa vigilancia omnipresente mediante cámaras y el retiro del Estado en tanto garante de derechos sociales y jubilaciones dignas, además situó en primer plano el rol de las redes sociales en materia comunicacional/ organizacional y la gran valentía de manifestantes que llegaron a pedir la renuncia del presidente y la puesta en práctica de un Referendo de Iniciativa Ciudadana o RIC vinculado a la democracia directa y una posible reforma fiscal, social y política, gran cuco del capitalismo mafioso y cleptocrático del nuevo milenio, ese que no suelta privilegio alguno y cosifica a todo ser viviente. La trama de Caso 137 gira alrededor de Stéphanie Bertrand (Léa Drucker), oficial investigadora del equivalente de “asuntos internos” dentro de la policía francesa, la Inspección General de la Policía Nacional o IGPN, una mujer que durante las primeras protestas en París del año 2018 recibe una denuncia de Joëlle Girard (Sandra Colombo) acerca de su hijo de 20 años, Guillaume Girard (Côme Péronnet), el cual se encuentra internado en un hospital con su cráneo destruido a raíz del disparo del 8 de diciembre de un policía que portaba un LBD, hemorragia incluida. El único testigo, novio de una de las hermanas de Guillaume, señala a un pelotón de cinco policías y fue arrestado, Rémi Cordier (Valentin Campagne), así las cosas la pesquisa en cuestión sigue y Bertrand logra identificar a los responsables, de hecho miembros de la Brigada de Investigación e Intervención o BRI, y suma otro testigo al esquema, una empleada doméstica negra de un hotel de cinco estrellas que registró todo con su celular, Alicia Mady (Guslagie Malanda).
La película se sirve de los engranajes del thriller judicial y testimonial, inspirándose en diversos episodios de la represión contra el Movimiento de los Chalecos Amarillos, para subrayar la disparidad de fuerzas en el choque entre los manifestantes desarmados y una policía que siempre dispara primero y pregunta después, que tiende a “proteger” a los suyos ante todo y que utiliza la vieja táctica de los infiltrados para iniciar los desmanes y tener un pretexto para reprimir, por ello la investigación y el arresto de los responsables, Arnaud Lavallée (Théo Costa-Marini) y Mickaël Fages (Théo Navarro-Mussy), para que dejen de mentir y no ensayen una estrategia en conjunto, desnudan el corporativismo del brazo psicopático del Estado, uno que pasa de negarlo todo y/ o fingir demencia a justificar las acciones con argumentos ridículos o directamente pedir -y eventualmente conseguir- la liberación de los reos. Moll combina por un lado el trasfondo familiar de Stéphanie, con un ex esposo en narcóticos que no desea que investigue a colegas, Jérémy (Stanislas Merhar), y un hijo adolescente que descubre que todos en su entorno escolar desprecian a nuestra lacra policial sin excusas, Víctor (Solàn Machado-Graner), y por el otro lado el remolino que provoca el video de una Mady que le tiene terror a la policía y sabe muy bien que las investigaciones bordean el absurdo kafkiano porque ningún integrante es apartado de la fuerza en Francia, haga lo que haga, basta con considerar que en el registro audiovisual de turno se ve a un puñado de manifestantes tirándole una lata al pelotón y escapando por una esquina, instante en que los oficiales se cruzan con el dúo autónomo de Guillaume y Rémi y de la nada Fages y Lavallée, ambos armados con LBDs, les disparan por la espalda a los jóvenes cuando se asustan y huyen, para colmo con Fages pateando a la víctima mientras yacía desangrándose en el suelo parisino, un Guillaume al que después le quedan secuelas irreversibles como migrañas, pérdida de capacidad intelectual y una tendencia agresiva.
Para el espectador argentino el asunto recuerda a las múltiples manifestaciones contra el gobierno del neonazi y hambreador de Javier Milei y concretamente el martirio de Pablo Grillo, un fotógrafo que fue herido en su cabeza de manera brutal con una granada de gas lacrimógeno de Gendarmería -disparada por el cabo Héctor Guerrero- durante una marcha de jubilados del 12 de marzo de 2025 en la zona del Congreso de la Nación, en la Ciudad de Buenos Aires, una de las muchas víctimas de la represión y la violencia institucional de Milei y su por entonces ministra de seguridad, la borracha y fascista Patricia Bullrich. El director, todo un especialista en thrillers como lo demuestra la excelente retahíla de Harry, un amigo que te quiere bien (Harry, un ami qui vous veut du bien, 2000), Lemming (2005), Sólo las Bestias (Seules les Bêtes, 2019) y La Noche del 12 (La Nuit du 12, 2022), insinúa la militarización mediante aviones volando en escuadrón, la estupidización masiva a través de la costumbre de ver muchos videítos de gatos, escapismo descerebrado que la madre de Bertrand (Geneviève Mnich) contagia a su hija, e incluso la paradigmática amnesia de la posmodernidad vía la destrucción con una pala mecánica, por parte del Estado y luego del frenesí inicial del movimiento, de los campamentos que habían construido al costado de las rutas los chalecos amarillos, adalides de la desobediencia civil contra el poder concentrado. La burocracia está representada en esas medidas de prueba leídas en off por el personaje de la extraordinaria Drucker, suerte de concesión republicana que cae en saco roto porque el propio armazón jurídico que posibilita el proceso termina frenándolo para no desmontar el discurso represivo contra la “insurgencia”, de allí que la propuesta enfatice la disparidad de fuerzas y desde ya la cobardía y el sadismo de siempre de los energúmenos de la policía y las fuerzas armadas en general, en este sentido la dimensión humana queda atrapada por la impunidad del capitalismo y toda su ofensiva contra cualquier voz opositora o alternativa…
Caso 137 (Dossier 137, Francia, 2025)
Dirección: Dominik Moll. Guión: Dominik Moll y Gilles Marchand. Elenco: Léa Drucker, Guslagie Malanda, Stanislas Merhar, Valentin Campagne, Théo Costa-Marini, Sandra Colombo, Côme Péronnet, Solàn Machado-Graner, Geneviève Mnich, Théo Navarro-Mussy. Producción: Carole Scotta, Barbara Letellier y Caroline Benjo. Duración: 116 minutos.