The Chronology of Water (2025), el primer largometraje de la actriz Kristen Stewart, es la adaptación cinematográfica de las memorias de la estadounidense Lidia Yuknavitch publicadas en 2011 tras un largo proceso de escritura, donde narra el abuso sexual y los maltratos sufridos por ella y su hermana mayor por parte de su padre con la complicidad de su madre alcohólica. Stewart se embarca aquí en una lectura del material que le llevó muchos años procesar y adaptar al lenguaje cinematográfico, trabajo que comenzó en 2018.
Lidia (Imogen Poots) es una joven nadadora que busca obtener una beca universitaria para competir en los juegos olímpicos y escapar de su padre, Mike (Michael Epp), que proyecta todas sus frustraciones contra ella y su hermana mayor, Claudia (Thora Birch). En la universidad la chica termina abandonando la natación y experimentando con las drogas y la sexualidad para finalmente casarse con un joven cantautor al que detesta por su carácter taciturno y sumiso, completamente contrario a su necesidad de rebelión ampulosa. Una amiga y colega la convence de asistir a un experimento comandado por el legendario escritor Ken Kesey (Jim Belushi), profesor de la Universidad de Oregón, donde Yuknavitch se graduó, icono de la contracultura y autor de una de las grandes novelas de la década del 60, Alguien Voló sobre el Nido del Cuco (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, 1962), adaptada por Miloš Forman al cine en la década siguiente. En la vida comunal y en el proceso de escritura de la novela Caverns (1989), Lidia descubre su verdadera vocación, que Kesey promueve y alienta, destacando el talento y el potencial del crudo estilo de Lidia, una argamasa desafiante e indiscernible entre poesía y prosa que combina la memoria con la ficción y el ensayo.
El film utiliza una técnica narrativa fragmentaria para relatar la historia de Yuknavitch, su carrera como nadadora, el descubrimiento de su vocación como escritora gracias a la experiencia con Kesey, sus años como inadaptada, su vínculo con las drogas, sus relaciones amorosas y la exploración de su sexualidad en un rompecabezas difícil de digerir para el público masivo que se adentra en las distintas aristas de la existencia llevando aquel estilo narrativo a la pantalla. El dispositivo que Stewart pone en juego es ampliamente utilizado en el cine independiente y en las películas que se exhiben en ese circuito y es en igual medida evitado en el cine comercial e industrial, por lo que claramente la obra es un producto específicamente diseñado para el ámbito independiente y alternativo, al igual que los trabajos literarios de Yuknavitch.
Narrativamente la película es un caos buscado a conciencia que se asemeja a la escritura visceral y fragmentaria de Lidia, prácticamente una desconocida para el lector en castellano, con tan solo un par de obras traducidas, sus memorias publicadas bajo el título de La Cronología del Agua (The Chronology of Water, 2011) y El Libro de Joan (The Book of Joan, 2017). A través de primeros planos y primerísimos primeros planos se aprecia el trabajo artesanal del director de fotografía Corey C. Waters, que filmó toda la película en el formato de 16mm para acrecentar la sensación de estar ante un documento, ante una obra antigua que podría ser de 1980 o 1990 o el año 2000 indistintamente. De esta forma Stewart logra recrear la cronología de Yuknavitch, su camino en pos de encontrarse a sí misma a través de distintos excesos, tragedias y experimentos que la llevaron a lograr convivir con el abuso que vivió. El relato se beneficia de la música incidental electrónica de la compositora Paris Hurley y la brillante actuación de Imogen Poots, que interpreta a la protagonista con una vitalidad estremecedora. Jim Belushi también realiza una gran labor como Kesey y hay unas escenas breves que incluyen a Kim Gordon, de Sonic Youth, como una fotógrafa y dominatrix que se embarca en encuentros sexuales con la protagonista.
Al igual que la obra de Yuknavitch la película intenta narrar dos situaciones que nunca convergen, los acontecimientos reales con las memorias personales, los recuerdos y las emociones que las personas tienen de esos sucesos, por lo que las cronologías que tanto la escritora como Stewart proponen no son lineales sino más bien emocionales, generando una necesidad de estar atento al material, a cada situación, planteo que implica una dificultad enorme para el espectador en lo que atañe a adentrarse en la película, convirtiéndola en una obra para un público selecto interesado en la experimentación literaria y cinematográfica que esté dispuesto a realizar el esfuerzo. A diferencia del cine repetitivo actual, aquí las pistas entre imágenes y detalles abundan, hay relaciones entre las distintas escenas, al igual que en esos recuerdos que se vislumbran confusos e incluso incoherentes, especialmente cuando involucran un trauma.
Afortunadamente, The Chronology of Water no es una historia de sanación, más bien todo lo contrario, de hecho Lidia es la principal crítica y saboteadora de sí misma. Se podría decir que la película funciona como una semblanza de autodestrucción que gracias a la sensibilidad de Ken Kesey, con su capacidad para darle confianza a la protagonista y animarla a narrar su vida, logra que los traumas se transformen en historias con las que se puede vivir, algo a lo que contribuye uno de los maridos de la mujer. Esta exploración de la memoria como laberinto subconsciente en el que se cuecen las habas del relato que nos contamos a nosotros mismos y a los demás, ya sea para mantenernos a flote o nadar, es la materia de la que está hecho este film ensayo a medio camino entre la experimentación y la improvisación que confronta agresivamente contra la complacencia y la autoindulgencia.
The Chronology of Water (Estados Unidos/ Francia/ Letonia, 2025)
Dirección y Guión: Kristen Stewart. Elenco: Imogen Poots, Thora Birch, Jim Belushi, Charlie Carrick, Tom Sturridge, Susannah Flood, Esmé Creed-Miles, Kim Gordon, Michael Epp, Eleanor Hahn. Producción: Kristen Stewart, Ridley Scott, Yulia Zayceva, Svetlana Punte, Michael Pruss, Andy Mingo, Max Pavlov, Dylan Meyer, Charles Gillibert, Maggie McLean y Rebecca Feuer. Duración: 128 minutos.