Para comprender una propuesta sumamente curiosa como ¿Tengo el Derecho de Matar? (L’Insoumis, 1964), de Alain Fraissé alias Alain Cavalier, conviene tener presente tanto el contexto narrativo como el derrotero del realizador y guionista. En lo que atañe al primer punto no cabe duda de que aquella Guerra de Independencia de Argelia (1954-1962) aquí sobrepasa a la excusa retórica/ discursiva estándar del séptimo arte para transformarse en un fantasma permanente que determina la melancolía del protagonista, Thomas Vlassenroot (Alain Delon), y el tono del film en general, siempre adoptando el punto de vista francés del conflicto y moviéndose entre el absurdo kafkiano y el existencialismo de Albert Camus y Jean-Paul Sartre. La contienda de turno fue el resultado de las ansias de autonomía de los argelinos, bajo el control de Francia desde 1830, después de combatir a favor de los galos en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y la Guerra de Indochina (1946-1954), dos conflagraciones que demostraron la decadencia del otrora poderío francés y la persistencia de la poco feliz idea de continuar limitando las libertades políticas, económicas y sociales de los habitantes nativos en las colonias. Con el Frente de Liberación Nacional o FLN, la organización que aglutinaba a diversos grupos independentistas, luchando en una guerra de guerrillas contra un Ejército Francés adepto a la tortura para la obtención de información como puede verse en La Batalla de Argelia (La Battaglia di Algeri, 1966), legendario film de Gillo Pontecorvo, las refriegas derivarían en el progresivo desgaste de los franceses y el surgimiento de la Organización del Ejército Secreto u OAS, grupo terrorista y colonialista de extrema derecha, luego del fallido Putsch de Argel de 1961, otro intento de generales galos de impedir la independencia a la que el presidente Charles de Gaulle había accedido. Los Acuerdos de Évian de 1962 finiquitaron el asunto e inmediatamente luego se produjo la expulsión de los llamados “pieds-noirs” o pies negros, la lacra europea nacida en Argelia.
Ahora bien, la carrera de Cavalier comienza en la línea divisoria entre la extinción de la Cuarta República Francesa (1946-1958) y el nacimiento de esa Quinta República que se extiende hasta nuestros días, pensemos que el susodicho arranca su derrotero trabajando de asistente para Édouard Molinaro en dos cortos, Los Alquimistas (Les Alchimistes, 1957) y Llamada 17 (Appelez le 17, 1957), y para Louis Malle en dos largometrajes muy famosos, Ascensor para el Cadalso (Ascenseur pour l’Échafaud, 1958) y Los Amantes (Les Amants, 1958). El grueso de la carrera del señor se divide en dos etapas igual de frustrantes, una primera de pretensiones claramente comerciales que abarca de manera entrecortada hasta principios de los años 80, fase en la que se destacan sus dos primeras obras, Combate en la Isla (Le Combat dans l’Île, 1962) y la propuesta que nos ocupa, y en la que colaboró con gente de renombre como Delon más Lea Massari, Georges Géret, Maurice Garrel, Romy Schneider, Jean-Louis Trintignant, Henri Serre, Michel Constantin, Catherine Deneuve, Patrick Bouchitey, Jean Rochefort y Michel Piccoli, entre otros. El segundo período es mucho más largo y difícil de definir o encapsular porque empieza en aquella década del 70, sobre todo después de la evidente crisis identitaria que desencadenó la muerte de su esposa en 1972 a raíz de un accidente automovilístico, la actriz y modelo Irène Tunc, y debido a una tendencia escalonada de Cavalier a la improvisación, los experimentos formales y una indulgencia de corte en simultáneo autobiográfico y un tanto indescifrable, etapa en la que muchas veces se vuelca al documental y en la que únicamente sobresale Thérèse (1986), semblanza con una recordada Catherine Mouchet como Teresa de Lisieux alias Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz (1873-1897), una monja gala de la Orden de los Carmelitas Descalzos que fue canonizada allá en 1925 por el Papa Pío XI y que escribió Historia de un Alma (Histoire d’une Âme, 1898), recopilación póstuma de tres célebres manuscritos suyos.
¿Tengo el Derecho de Matar?, junto con Combate en la Isla, exploran la campaña terrorista de OAS tanto en Argelia como en Francia y en general funcionan como ataques de parte de Cavalier y su mentor, ese Malle que produjo la ópera prima de Alain, contra la Nouvelle Vague y Jean-Luc Godard en especial, quien ocultaba su simpatía por la estructura colonial en crisis y la mafia de extrema derecha mediante el relativismo político y el pacifismo sin convicción de El Soldadito (Le Petit Soldat, 1963) y Los Carabineros (Les Carabiniers, 1963), dos epopeyas empapadas -de modo explícito y tácito, respectivamente- de la Guerra de Independencia de Argelia. Vlassenroot es un luxemburgués que es abandonado por su esposa con una hija pequeña, Rose Marie, a la que deja al cuidado de la abuela de la nena, la madre de Thomas, para unirse a la Legión Extranjera Francesa durante largos seis años en los que combate en África hasta el Putsch de Argel de 1961, momento en el que deserta junto con su superior inmediato, el Teniente Fraser (Géret), sujeto misterioso que de hecho pertenece a la Organización del Ejército Secreto y que le ofrece un “trabajito” a cambio del dinero para regresar a Luxemburgo, en concreto el rapto de una abogada que defiende a militantes argelinos del FLN, Dominique Servet (Massari), todo enmarcado en un secuestro extorsivo para que la mujer o su esposo, Pierre (Garrel), revelen el nombre de unos testigos reservados que comprometerían a europeos de alto perfil de OAS. Luego del embate en cuestión, Vlassenroot y un pied-noir, Amerio (Robert Castel), custodian a Dominique en un departamento destartalado pero eventualmente surge un conflicto porque Thomas sabotea la tortura de la deshidratación dándole de beber a la abogada, lo que provoca un tiroteo en el que Vlassenroot termina seriamente herido y su colega fallece. Thomas deja encerrado al teniente, libera a Servet y con unos billetes de esta última logra llegar a Francia, no obstante OAS vigila a la abogada y pronto lo identifica cuando la visita en Lyon, enamorado de ella.
La película, más allá del andamiaje de thriller testimonial y romántico, utiliza con astucia el latiguillo de la agonía en ralentí del protagonista para denunciar el ridículo del colonialismo y de la intervención bélica francesa en Argelia, algo que abarca tanto la incomprensión del ortodoxo/ fundamentalista Fraser, quien no entiende la filosofía humanista de un Thomas que pretende rescatar a un moribundo en el prólogo e incluso le perdona la vida al teniente cuando libera a la ninfa, como la misma condición de marginado polirubro de Vlassenroot, un luxemburgués que tiene poco y nada en común con los franceses por los que supo luchar y con los argelinos contra los que combatió, sin olvidarnos de su condición de desertor que lo demoniza incluso dentro del aparato castrense de la Legión Extranjera. Perteneciente al ciclo de cinco ambiciosas faenas con Delon distribuidas por Metro-Goldwyn-Mayer, léase Cualquiera Puede Ganar (Mélodie en Sous-sol, 1963), de Henri Verneuil, Los Felinos (Les Félins, 1964), de René Clément, El Rolls-Royce Amarillo (The Yellow Rolls-Royce, 1964), de Anthony Asquith, y Fui un Ladrón (Once a Thief, 1965), de Ralph Nelson, ¿Tengo el Derecho de Matar? sufrió un caso severo de censura judicial ya que Mireille Glaymann, precisamente una abogada secuestrada por OAS, demandó a los productores, Delon y su socio histórico, Jacques Bar, alegando que la odisea vulneraba su privacidad, puntapié para la desaparición de 25 minutos de metraje durante la segunda mitad, la del reencuentro entre Dominique y un Thomas obsesionado con llegar a Luxemburgo para ver a esa Rose Marie de siete años (Camille de Casabianca, hija de Cavalier), por cierto una de las muertes más memorables de Delon en pantalla y núcleo de la mítica tapa de The Queen Is Dead (1986), el mejor y más famoso disco de The Smiths. El film sobrevive con hidalguía y destreza al revés jurídico y se sitúa cómodo como uno de los ejemplos más apesadumbrados del polar o policial negro galo, aquí indagando en toda la irracionalidad imperialista de la derecha…
¿Tengo el Derecho de Matar? (L’Insoumis, Francia/ Italia, 1964)
Dirección: Alain Cavalier. Guión: Alain Cavalier y Jean Cau. Elenco: Alain Delon, Lea Massari, Georges Géret, Maurice Garrel, Robert Castel, Camille de Casabianca, Viviane Attia, Robert Bazil, Paul Pavel, Edith Garnier. Producción: Alain Delon y Jacques Bar. Duración: 97 minutos.