Insaciable (Saccharine)

La ansiedad y sus atracones

Por Emiliano Fernández

Insaciable (Saccharine, 2026), tercera película de Natalie Erika James, viene a confirmar que la directora y guionista australiana no se caracteriza por sutileza alguna en el enfoque retórico promedio, por ello hoy pretende construir a puro trazo grueso un análisis de la obesidad y otros trastornos alimentarios, logrando de sopetón una reformulación apenas correcta de los latiguillos fantasmales del J-Horror en sintonía con el acoso en el ámbito cotidiano producto de una maldición modelo generación espontánea, del mismo modo que la cineasta en Relic: Herencia Maldita (Relic, 2020) se propuso redondear una metáfora sobre la demencia en el contexto familiar, lo que en realidad funcionaba como una vuelta al formato quemado de las casas embrujadas, y en Departamento 7A (Apartment 7A, 2024) apostó por una precuela de marco respetuoso de El Bebé de Rosemary (Rosemary’s Baby, 1968), esa joya de Roman Polanski que lamentablemente era reproducida al pie de la letra como si estuviésemos hablando de una remake camuflada o más bien filtrada por diversos problemas del cine mainstream e indie de terror del nuevo milenio, sobre todo la torpeza narrativa, unos jump scares rutinarios, esas actuaciones desparejas o poco estimulantes y unos CGIs ultra lastimosos o intercambiables con los de cualquier otro producto semejante.

 

A pesar de sus casi dos horas de duración, la película de James se reduce a una premisa microscópica que tampoco experimenta un desarrollo “considerable” o algo parecido: la protagonista es Hana (Midori Francis), hija lesbiana y rellenita de una japonesa y un gordo postrado de Australia, Kimie (Showko Showfukutei) y Travis (Robert Taylor), que estudia medicina junto con una amiga, Josie (Danielle Macdonald), y sufre ataques de ansiedad que mitiga mediante atracones de comida chatarra cercanos a la bulimia aunque sin los vómitos autoinducidos, esquema que cambia cuando ingiere una pastillita muy eficaz para adelgazar que le regala en un bar una conocida, la ex obesa Melissa (Annie Shapero), por ello analiza su contenido en el laboratorio de la universidad y descubre que el ingrediente mágico son huesos humanos, así roba parte de la caja torácica de un cadáver femenino monumental apodado Bertha (Anna Adams), crema la estructura y finalmente la pulveriza en un mortero para generar una retahíla de comprimidos que comienza a tomar regularmente con la idea de impresionar a una preparadora física de un gimnasio, Alanya (Madeleine Madden), sin comprender que semejante decisión implica que el espíritu de Bertha empezará a acecharla para que coma sin cesar, repercutiendo paradójicamente en una rauda disminución de peso.

 

Desde ya que la propuesta tranquilamente puede leerse como otro exploitation más de La Sustancia (The Substance, 2024), el estupendo trabajo de body horror y sátira comunal/ mediática/ cultural de Coralie Fargeat que de una forma u otra inspiró unos cuantos films recientes como Caparazón (Shell, 2024), de Max Minghella, La Hermanastra Fea (Den Stygge Stesøsteren, 2025), de Emilie Blichfeldt, Juntos (Together, 2025), opus de Michael Shanks, Him: El Elegido (Him, 2025), de Justin Tipping, e Inclinada (Slanted, 2025), de Amy Wang, entre otras odiseas. Sin embargo Insaciable también incorpora cosillas más eclécticas en línea con la pérdida de peso sobrenatural de La Muerte le Sienta Bien (Death Becomes Her, 1992), de Robert Zemeckis, y Maleficio (Thinner, 1996), de Tom Holland, aquellas universidades espantosas de Anatomía (Anatomie, 2000), de Stefan Ruzowitzky, y Crudo (Grave, 2016), de Julia Ducournau, las lesbianas de gimnasio de Amor, Mentiras y Sangre (Love Lies Bleeding, 2024), de Rose Glass, y la protagonista asiática de Inclinada, antes deseando ser caucásica y ahora flaca, todo un símbolo del cine posmoderno tratando de fagocitar una fórmula exitosa para pasar por astuto o comprometido a escala política (a veces lo logra, en otras ocasiones no a raíz de la falta de talento o novedades significativas).

 

Como decíamos antes, James prácticamente no desarrolla nada del trasfondo conceptual y rellena gran parte del metraje primero con los montajes alucinatorios/ surrealistas de Hana, supuestamente para sintetizar hechos del relato, anhelos de la estudiante de medicina o episodios de posesión por parte de la gorda fantasmal, Bertha, y segundo con las sucesivas apariciones de la susodicha en el departamento del personaje de Francis, secuencias que la realizadora nunca se decide cómo demonios encarar porque por momentos las filma desde la amenaza siempre latente del J-Horror y en otros instantes opta por una perspectiva más mundana símil “mafiosa espectral” que se deja notar de manera muy evidente -objetos revoleados por todos lados- para instar a la protagonista a seguir engullendo comida, dando a entender que las soluciones instantáneas no existen y que la cura puede ser mucho peor que la enfermedad, efectos secundarios de por medio. La propuesta entrega un desenlace potable y sinceramente no es mala aunque sí larga y mediocre ya que no logra exprimir en serio sus ideas en ningún momento, cayendo en una medianía que tiene mucho que ver con su ineptitud a la hora de explorar la relación con la entrenadora, el vínculo con el padre -en apariencia la génesis del trauma por el peso- y aquellos episodios de blackout o posesión…

 

Insaciable (Saccharine, Australia, 2026)

Dirección y Guión: Natalie Erika James. Elenco: Midori Francis, Danielle Macdonald, Madeleine Madden, Robert Taylor, Annie Shapero, Showko Showfukutei, Anna Adams, Octavia Barron Martin, Louisa Mignone, Joseph Baldwin. Producción: Natalie Erika James, Anna McLeish y Sarah Shaw. Duración: 113 minutos.

Puntaje: 5