El Afinador (Tuner)

La ley de la utilidad marginal decreciente

Por Emiliano Fernández

El realizador canadiense Daniel Roher se hizo conocido con dos documentales sumamente distintos, primero Érase una vez Hermanos: Robbie Robertson & The Band (Once Were Brothers: Robbie Robertson & The Band, 2019), precisamente un retrato del famoso grupo que en sus comienzos acompañó a Bob Dylan aunque muy atravesado por los ojos del líder, Robertson, señor que en pantalla desconoce el “detallito” de que luego de la separación del colectivo -hecho registrado por una célebre concert movie de Martin Scorsese, The Last Waltz (1978)- el resto de los músicos se reuniría a partir de 1983 y seguiría activo hasta fines de la década del 90, y segundo Navalny (2022), odisea acerca del intento de asesinato vía envenenamiento de 2020 contra Alekséi Navalni, figura de la oposición en Rusia y otro de los enemigos políticos que Vladímir Putin censuró, persiguió, encarceló o directamente mandó a matar para que no le hagan la más mínima sombra como mandamás supremo de la nación. Roher no abandonó el análisis de la realidad y justo antes de entregar un flamante exponente, El Documental de la IA o Cómo me Convertí en un Optimista Apocalíptico (The AI Doc or How I Became an Apocaloptimist, 2026), propuesta codirigida por Charlie Tyrell sobre los peligros y las supuestas bondades de la inteligencia artificial, se apareció con su primera propuesta ficcional, El Afinador (Tuner, 2025), trabajo ameno que de seguro tendrá una vigencia más holgada que la de sus dos opus previos con protagonistas fallecidos en los años inmediatamente posteriores al estreno, Robertson en el 2023 y Navalni en aquel 2024.

 

La película constituye una mixtura relativamente curiosa de drama identitario y comedia romántica, por un lado, y faena musical y heist film/ caper movie, por el otro lado, y si bien el director y guionista demuestra más talento en la primera parte de la ecuación, en esencia ese metraje dedicado al desarrollo de personajes, lo cierto es que la faceta de film noir del combo nunca descarrila y en todo caso termina aprovechada en serio durante el último acto, cuando la tensión acumulada llega a su cúspide y explota como corresponde. Todo gira alrededor de Niki White (Leo Woodall), un afinador de pianos con oído absoluto de Nueva York que tuvo que abandonar una carrera como músico profesional debido a un caso grave de hiperacusia o nula tolerancia a los sonidos elevados, trastorno que lo obliga a usar protectores auditivos de manera constante luego de someterse a una terapia de exposición. Trabajando para un veterano que roza la senilidad, Harry Horowitz (Dustin Hoffman), Niki comienza una relación con una estudiante asiática de un conservatorio, Ruthie (Havana Rose Liu), y en uno de sus encargos para la alta burguesía se topa con el líder israelí de una empresa de seguridad, Uri (Lior Raz), el cual le ofrece abrir cajas fuertes aprovechando su destreza/ maldición para quedarse con algunas cosillas que la lacra adinerada capitalista no extrañará. El muchacho en un principio duda aunque después de una catástrofe de salud de Harry, infarto de por medio, empieza a robar con Uri y sus otros cómplices para ayudar a la esposa de Horowitz a pagar las deudas contraídas por la pareja, Marla (Tovah Feldshuh).

 

En cierta medida una relectura menos existencialista y visceral y bastante más humana o “amigable” del gran estereotipo del ámbito anglosajón acerca de pianistas mezclados en asuntos criminales, Dedos (Fingers, 1978), joya de James Toback estelarizada por Harvey Keitel que tendría una insólita remake francesa, El Latido de mi Corazón (De Battre mon Coeur s’est Arrêté, 2005), a cargo de Jacques Audiard, El Afinador trabaja muy bien el humor de impronta satírica, tanto en materia de la parodia directa contra los oligarcas que no valoran en nada el arte, a pesar de tener pianos carísimos entre sus posesiones (en este sentido, los cerdos de dos patas le piden a White y/ o Horowitz que arreglen un inodoro que pierde o reseteen el router porque el wifi no está funcionando), como en lo que respecta al sarcasmo con conciencia social en términos explícitamente más globales (Uri utiliza varias tácticas discursivas para convencer a Niki de que abra las cajas de seguridad de todos los burgueses, en sintonía con esa ley de la utilidad marginal decreciente que pinta a las claras la insensibilidad de los estratos altos de la pirámide plutocrática, léase una satisfacción que disminuye a medida que se accede a más y más productos y servicios en el mercado, más una hilarante mentira sobre un tipo que se enriqueció ofreciendo créditos subprime/ de alto riesgo bajo condiciones abusivas a minorías, en realidad un fabricante de licuadoras que nada sabe de la especulación financiera e inmobiliaria tracción a ejecuciones hipotecarias masivas que dejan a miles de personas en la calle si no pagan, un fetiche de yanquilandia).

 

Roher va más allá de los clichés idiosincrásicos esperables, en este caso la música clásica y el Nuevo Hollywood de los años 70, porque en la pócima también incluye jazz e incluso aquel cine pop -o quizás “liviano” y basado en la química entre los actores- de la década del 60, una curiosidad en un Siglo XXI en el que en el mainstream y el indie se regresa sin cesar a los mismos latiguillos retóricos de siempre, en esta línea deben interpretarse los dos cameos de la propuesta, primero el mismísimo Herbie Hancock, en ocasión del funeral/ shiv’ah de Horowitz, y segundo un Jean Reno que compone a un pianista renombrado para el que pretende esclavizarse la ninfa de Liu, Marius Maissner, ya en las postrimerías del metraje y con el catalizador decisivo desplegado, nos referimos a la idea de Uri de usar a Niki para abrir una caja fuerte de unos mafiosos coreanos con el objetivo de hacerse de la clave de acceso de una billetera de criptomonedas con 18 millones de dólares producto del narcotráfico. El film presenta en sociedad al perfecto Woodall, que antes había participado como actor secundario en Núremberg (2025), de James Vanderbilt, y The White Lotus (2021-2025), la genial serie de Mike White para HBO, y funciona como una metáfora sobre la necesidad de silencio en un mundo saturado de ruido banal y acerca de la promesa de riqueza del capitalismo más embaucador y mortífero, hoy entregando un desenlace tanto forzado -el reloj ridículo de Maissner- como interesante y astuto en su paradójica defensa de la música como lenguaje universal y de la sordera como liberación del yugo estridente…

 

El Afinador (Tuner, Canadá/ Estados Unidos, 2025)

Dirección: Daniel Roher. Guión: Daniel Roher y Robert Ramsey. Elenco: Leo Woodall, Dustin Hoffman, Havana Rose Liu, Lior Raz, Tovah Feldshuh, Jean Reno, Herbie Hancock, Nissan Sakira, Gil Cohen, Jonnie Park. Producción: JoAnne Sellar, Lila Yacoub, Teddy Schwarzman y Michael Heimler. Duración: 108 minutos.

Puntaje: 7