La situación de plagio musical claramente descarado que plantea Letras Robadas (Power Ballad, 2026), la nueva y simpática película del cineasta irlandés John Carney, no suele darse en la realidad -por lo menos en lo que respecta a la vertiente moderna de la industria cultural del capitalismo, no así en etapas previas- y en todo caso obedece a una fórmula narrativa utilizada de manera esporádica en el cine y la televisión de la segunda mitad del Siglo XX, nos referimos al robo en general de ideas, tópico que en la gran pantalla y la caja boba solía ser equiparado a la sustracción de inventos -creaciones concretas destinadas a la fabricación en serie- con los que se lucraba en algún punto de la trama sin remitir dinerillo alguno al verdadero responsable o al cocreador, en este último caso si correspondiese. Lo que sí suele suceder en la industria de la música masiva, sobre todo en los segmentos del pop y el rock desde el “descubrimiento” del suculento nicho adolescente del mercado en la década del 60, es una situación de dominio dentro de una banda en la que el líder/ frontman suele ser también el compositor principal y por ello no acepta darle crédito a nadie más en el terreno de la autoría salvo a algún socio, cofrade y/ o amigo de larga data, negando de hecho la interdependencia y aquel sustrato colectivo de casi toda la concepción musical.
Se podría decir, de manera adicional, que la película no sólo se mete con el fantasma del tirano en la sala de ensayo o estudio de grabación o show sino también con otro escenario igual de habitual, el del cover -versión de una canción ajena- que supera en popularidad al registro original, efectivamente condenándolo a un olvido relativo porque el grueso del público pasa a considerar a la segunda o tercera o cuarta lectura de la composición de turno como la primigenia, amén de la homologación suplementaria en la memoria colectiva entre el tema musical exitoso y el artista en cuestión, ese que lo tomó prestado con permiso o no del artífice (vale aclarar que en el ambiente anglosajón la legislación permite saltarse a los compositores porque son compañías vinculadas a la especulación con los derechos de autor/ copyright las que “administran” las canciones y sus regalías). Un ejemplo hoy clásico de déspota que no otorgaba coautorías a la ligera fue el guitarrista Robbie Robertson de The Band, siempre polemizando con el baterista Levon Helm, y en cuanto a esos covers más populares que el original los exponentes son muchísimos pero sin duda un caso testigo es The Man Who Sold the World, sublime obra maestra de David Bowie del álbum homónimo de 1970 que Nirvana luego regrabaría para su célebre MTV Unplugged in New York (1994).
La historia de Letras Robadas apunta a Rick Power (Paul Rudd), un estadounidense que vive en Dublín con su esposa local, Rachel (Marcella Plunkett), y la hija adolescente de ambos, Aja (Beth Fallon), y canta en una banda de covers de los años 70, 80 y 90 llamada La Novia y el Ritmo (The Bride and Groove), grupo que toca sólo en bodas e incluye al mejor amigo del protagonista, Sandy (Peter McDonald, coguionista), y al jefazo dentro de esta empresa, Binzer (Rory Keenan), respectivamente el guitarrista y el baterista. Durante un recital en un castillo la banda conoce a Danny Wilson (Nick Jonas, de Jonas Brothers), una estrellita veinteañera norteamericana que sale con una asiática, Marcia (Havana Rose Liu), acaba de abandonar una boy band, Imposible (Impossible), y pretende consolidar su carrera con un debut exitoso en solitario que lo saque de la condición de figura efímera, en esencia vinculada a los eventos tontos y los reality shows. Luego de compartir micrófono en ocasión de I Wish, joya de Stevie Wonder circa Songs in the Key of Life (1976), Power y Wilson pasan una noche charlando e intercambiando ideas de canciones y así el segundo toma nota de How to Write a Song (Without You), una balada casi completa de Rick que Danny se apropia sin comunicárselo y seis meses después transforma en un hit mundial.
Carney, ex bajista de The Frames y todo un especialista en cine de temática musical con un par de epopeyas muy interesantes a cuestas, Once (2006) y Sing Street: Reviviendo los 80s (Sing Street, 2016), y un par de opus amenos pero inferiores, ¿Puede una Canción de Amor Salvar tu Vida? (Begin Again, 2013) y Flora e Hijo (Flora and Son, 2023), en la presente Letras Robadas va más allá del plagio porque asimismo incorpora tópicos y esferas varias como los sueños de gloria, la mediocridad cultural del Siglo XXI, el lumpenproletariado de la música, el conservadurismo promedio del público, la camaradería entre los artistas, la disparidad de poder en la industria cultural, la urgente necesidad de definir criterios para las colaboraciones, el edadismo y la obsolescencia en el pop, el bloqueo creativo, la frustración por injusticias del montón, el fetiche para con la venganza cuando todo lo demás falla, el gusto por tocar en vivo en el rock y finalmente el exceso de comercialismo sentimentaloide en sintonía con la “power ballad” a la que hace referencia el título en inglés, How to Write a Song (Without You), originalmente una canción dedicada a la hija de Rick cuando tenía dos años de edad, Aja, y no un estándar romántico como la interpreta Danny. La película por un lado ofrece secundarios muy buenos, como el amigo solterón, Sandy, el mandamás cascarrabias de La Novia y el Ritmo, Binzer, y ese manager hiper cínico del ladrón que perteneció a la banda de diseño, Mac Darling (Jack Reynor), y por el otro lado evita el tono caricaturesco promedio de Hollywood en materia del aprovechamiento de una premisa de estas características, esquema idiota que hubiese sido el utilizado si la odisea que nos ocupa respondiese a las postrimerías de la centuria anterior, optando el director y guionista por una suerte de relectura mainstream del naturalismo/ realismo obrero paradigmático del Reino Unido e Irlanda. Las canciones originales que compuso Carney junto con el escocés Gary Clark, quien por cierto en los 80 estuvo en una banda bautizada Danny Wilson como el archienemigo de Power, no son precisamente una maravilla pero la solvencia dramática de siempre del realizador compensa el poco interés musical en sí que despierta el film, en gran medida amigable para las legiones de sordos sin background cultural alguno del nuevo milenio. Otro punto a favor pasa por las excelentes actuaciones de Rudd y Jonas, dos señores que buscan el punto interpretativo justo para que sus criaturas no muten en clichés y quede flotando la posibilidad de una amistad que no fue por las presiones de la industria y el egoísmo, el orgullo y la sed de fama eterna de parte de Wilson, como si se tratase de un pacto fáustico con el capitalismo salvaje actual que ensombrece el mecanismo creativo por antonomasia de la música y el cine, la colaboración, en este sentido la canción de Rick de los créditos finales, Dublin to L.A., incluye una enmienda en letra propuesta por Danny que da a entender que esa fue la intención de Carney, construir una oda a todas las sociedades creativas con resultados concretos pero inherentemente fallidas o quizás echadas a perder…
Letras Robadas (Power Ballad, Irlanda/ Estados Unidos, 2026)
Dirección: John Carney. Guión: John Carney y Peter McDonald. Elenco: Paul Rudd, Nick Jonas, Peter McDonald, Jack Reynor, Rory Keenan, Beth Fallon, Marcella Plunkett, Paul Reid, Keith McErlean, Havana Rose Liu. Producción: John Carney, Anthony Bregman, Peter Cron, Rebecca O’Flanagan y Robert Walpole. Duración: 98 minutos.