Minions & Monstruos (Minions & Monsters)

Conformismo versus integridad artística

Por Emiliano Fernández

Contra todo pronóstico Minions & Monstruos (Minions & Monsters, 2026), el séptimo eslabón de la franquicia que empezase con las aventuras del supervillano Gru (Steve Carell) y su ejército de secuaces amarillos delirantes con forma de cápsula, es literalmente el mejor producto de la saga desde la película original, Mi Villano Favorito (Despicable Me, 2010), ubicándose en un umbral de calidad semejante al de aquella primera secuela, Mi Villano Favorito 2 (Despicable Me 2, 2013), a decir verdad el último trabajo potable hasta el film que nos ocupa porque el resto de la saga, creada por el español Sergio Pablos y desarrollada por el francés Pierre Coffin, dejó bastante que desear, una bolsa en la que entran las dos continuaciones de la historia troncal, Mi Villano Favorito 3 (Despicable Me 3, 2017) y Mi Villano Favorito 4 (Despicable Me 4, 2024), y las otras dos precuelas del lote, Minions (2015) y Minions: Nace un Villano (Minions: The Rise of Gru, 2022), en realidad un par de spin-offs centrados en estas criaturas adeptas al balbuceo y controlados por Coffin y sus diversos testaferros, sin duda el cabecilla de la franquicia porque además se hace cargo de esa jerigonza de los minions que mezcla palabras en inglés, castellano, francés e italiano.

 

Bajo la apariencia de un relato narrado por una guía turística de un museo sobre el derrotero del cine estadounidense, Olivia (Allison Janney), el periplo ahora nos lleva hacia el Viejo Hollywood de la década del 20 y comienza con una tribu de minions buscando a un nuevo villano al cual asistir, misión que es arruinada una y otra vez por el único representante de las criaturas con la capacidad de imaginar otros propósitos para su vida, James (voz del omnipresente Coffin), quien gusta de dibujar y no puede evitar destruir los planes del líder, Dick, de servir a un cíclope, un hechicero, una momia, un pirata, un monarca europeo y un señor de la guerra de China. Al llegar a California el grupete se obsesiona con seguir a un ladrón en fuga que resulta ser un actor rodando una película dirigida por Max (Christoph Waltz) y financiada por los hermanos gordinflones y dictatoriales Frank y Elwood Bright (ambos con la voz del genial Jeff Bridges), precisamente los jerarcas de Bright Brothers Pictures que adoran el humor entre anárquico, absurdo e infantil de los minions al punto de convertirlos en estrellas mediante una retahíla de films exitosos que llegan a su fin con el arribo del cine sonoro, debido al balbuceo ininteligible y bizarro de los petisos amarillos.

 

Coffin, hoy codirigiendo junto a Patrick Delage y firmando el guión con Brian Lynch, ambos parte de su troupe de socios siempre fieles, combina con perspicacia por un lado el slapstick o comedia física desaforada, lo que se espera desde el vamos de la saga, y por el otro lado una insólita sátira de Hollywood en general, de hecho toda una rareza tratándose de un blockbuster planetario que abandona la rutina discursiva superficial de los eslabones previos para introducir una generosa dosis de sarcasmo que hasta incluye una pátina de autocrítica, pensemos que el corazón del relato termina de quedar explícito en la segunda mitad, cuando los minions son expulsados del estudio de los hermanos Bright y James debe cortarse solo porque se le ocurre la idea de filmar una película, esa Minions & Monstruos a la que apunta el título, sin recibir apoyo alguno del jefazo, Dick, lo que dispara la batalla entre conformismo e integridad artística, algo que también padece el realizador amigo del protagonista, ese Max que es un pobre esclavo al servicio de los productores y que le regala una cámara al muchacho amarillo apasionado por el cine. La propuesta, para colmo, ofrece un trío de villanos marinos de impronta lovecraftiana en sintonía con el recordado Cthulhu, hablamos del mandamás Goomi (Trey Parker, nada menos que uno de los creadores de South Park) y los secuaces Phillips (Bobby Moynihan) y Howard (Phil LaMarr), el primero invocado vía un hechizo y los otros descongelados en una fortaleza en el medio de la nada.

 

Dos problemas serios de las películas anteriores, el abuso del frenesí cómico y el exceso de subtramas sin sentido, en esta oportunidad desaparecen porque la primera mitad maneja muy bien la dialéctica de los sketchs, sin superponerlos de manera maniática o caer en infantilismos extremos, y por cierto la segunda parte del metraje apuesta por un ritmo más tranquilo partiendo el asunto apenas en dos, por un lado la preproducción del film de James, a su vez recibiendo la ayuda de dos minions, el desinhibido Henry y el sordomudo Ed, más ese Goomi que en realidad pretende invocar a Irene, un enorme monstruo naranja gelatinoso que engullirá al mundo, y por el otro lado la cruzada de Dick y los suyos en pos de servir a Dort (Jesse Eisenberg), quien parece ser un imbécil inmaduro disfrazado de robot alienígena y luego realmente termina siendo una máquina del espacio exterior, excusa para generar una relación romántica con una militante del sufragio femenino, Debbie (Zoey Deutch), y para parodiar al célebre Gort, aquel robot humanoide de El Día que Paralizaron la Tierra (The Day the Earth Stood Still, 1951), de Robert Wise. Con homenajes y/ o sátiras adicionales a Charles Chaplin, Buster Keaton, Orson Welles y Humphrey Bogart, entre otros, la película incluye recursos muy graciosos -el cameo de George Lucas y las andanzas del minion payaso se llevan las palmas- y le pega bastante a la fauna tiránica u obtusa de un mainstream que tiende a crear productos lelos y profesionales sumisos y muy mediocres…

 

Minions & Monstruos (Minions & Monsters, Estados Unidos, 2026)

Dirección: Pierre Coffin y Patrick Delage. Guión: Pierre Coffin y Brian Lynch. Elenco: Pierre Coffin, Trey Parker, Jeff Bridges, Allison Janney, Christoph Waltz, Jesse Eisenberg, Zoey Deutch, Bobby Moynihan, Phil LaMarr, George Lucas. Producción: Bill Ryan y Chris Meledandri. Duración: 90 minutos.

Puntaje: 6