Your Favorite Toy, de Foo Fighters

Profesionalismo revigorizado

Por Emiliano Fernández

Si bien está bien considerar a Foo Fighters los papis de la paradigmática accesibilidad popera del post-grunge o ese rock alternativo asquerosamente vendido al mainstream, en términos prácticos lo suyo es una combinación de grunge, heartland rock, punk y power pop con recurrentes chispazos acústicos y la dinámica estándar de Pixies y Nirvana en materia de estrofas tranquilas y explosiones de furia durante los estribillos. El colectivo está liderado por el único miembro estable, el vocalista y guitarrista Dave Grohl, quien hoy por hoy arrastra 57 años a cuestas y es secundado por el baterista Ilan Rubin, el bajista Nate Mendel, el tecladista Rami Jaffee y los otros guitarristas Pat Smear y Chris Shiflett. Foo Fighters en sí nació como el proyecto solista de un Grohl que se dedicaba a la batería y supo grabar dos discos con Scream, No More Censorship (1988) y Fumble (1989), y otro par de estudio con Nirvana, Nevermind (1991) e In Utero (1993), trabajos legendarios del grunge insólitamente masivo cocinados junto al bajista Krist Novoselic y el cantante y guitarrista Kurt Cobain, quien se suicidó en 1994 a la muy temprana edad de 27 años de un disparo en la cabeza. Conviene desde el vamos llamar a las cosas por su nombre y decir explícitamente que estamos ante una banda repetitiva, tediosa, sobreproducida, inconsistente y conceptualmente anodina, estéril en su interpretación reduccionista o más bien mecánica del rock pesado de impronta a veces lúdica y en otras ocasiones visceral, lo que por cierto no quita que Grohl siempre haya sido un tipo afable y muy querido por toda la comunidad musical anglosajona, señor cercano a Tenacious D, el dúo cómico/ rockero de Jack Black y Kyle Gass, y además artífice de proyectos paralelos como Probot y Them Crooked Vultures, esta última una agrupación con su amigote Josh Homme de Queens of the Stone Age, con quienes grabó el estupendo Songs for the Deaf (2002), movida que ya había anticipado vía Pocketwatch (1992), un cassette bajo el seudónimo de Late!.

 

Foo Fighters y su mandamás en particular, precisamente, se caracterizan por su generoso espectro de colaboraciones con otros artistas del ecosistema musical, algo que va desde el trabajo de estudio para The Prodigy, Tony Iommi, Killing Joke, Mike Watt, Ghost, Cat Power, Nine Inch Nails, Garbage y Hollywood Vampires, entre otros, hasta los shows que supieron compartir con David Bowie, Queen, Paul McCartney, Led Zeppelin, Bruce Springsteen, Elvis Costello, Motörhead, Alice Cooper, Thurston Moore y los mismos Queens of the Stone Age, todos ídolos en mayor o menor medida. El grupo también atravesó muchísimas peleas y cambios de integrantes, algún que otro fallecimiento -el del baterista Taylor Hawkins, en 2022, por aparentes problemas cardíacos- e incluso la sordera parcial del frontman desde 2011 y una pierna rota a raíz de una caída durante un recital en Suecia de 2015. Otra faceta de la carrera de Grohl, el principal compositor por más que las canciones se firmen de manera grupal, es la audiovisual como realizador de videoclips, habitué desde 1992 de Saturday Night Live (1975-2026) y guionista y director de películas y series, pensemos para el caso en Sound City (2013), correcto documental del propio Grohl sobre el estudio del título de Los Ángeles y la consola análoga Neve 8028, Sonic Highways (2014), grato registro en formato de miniserie para HBO del periplo del grupo -nuevamente a cargo del líder como realizador- a lo largo de ocho ciudades estadounidenses y sus vínculos con la historia de la música, y Studio 666 (2022), bienintencionada aunque mediocre comedia de terror dirigida por B.J. McDonnell y protagonizada por la banda, sin olvidarnos de esa historia de base del tremendo Dave. Si nos concentramos en las aventuras discográficas de los ya veteranos, claramente su fase de gloria es la inicial y prueba irrefutable es aquella trilogía compuesta por Foo Fighters (1995), The Colour and the Shape (1997) y There Is Nothing Left to Lose (1999), placas que constituyen lo mejorcito realizado por Grohl y compañía.

 

A posteriori de una etapa de decadencia, en esencia cubriendo One by One (2002), el doble In Your Honor (2005) y Echoes, Silence, Patience & Grace (2007), la agrupación experimenta un regreso a un buen nivel compositivo, cercano al rock de estadios más pomposo, de la mano de Wasting Light (2011), eventual preámbulo para un período errático, derivativo y neoclasicista que incluye a álbumes recientes como Sonic Highways (2014), Concrete and Gold (2017), Medicine at Midnight (2021) y But Here We Are (2023), pilares de un Siglo XXI en el que tampoco podemos pasar por alto discos tontuelos de covers como Medium Rare (2011) y Hail Satin (2021), el primero muy ecléctico y el segundo homologado a una sátira respetuosa alrededor de los Bee Gees. La flamante adición a semejante catálogo es Your Favorite Toy (2026), trabajo ameno producido por la banda y Oliver Roman, el cual viene a reemplazar a diversos colaboradores previos como Adam Kasper, Greg Kurstin, Nick Raskulinecz, Gil Norton y el célebre Butch Vig, miembro fundador de Garbage y responsable del sonido de Nevermind. Por suerte en esta oportunidad nos topamos con un disco inteligentemente sucinto, de poco más de 36 minutos de duración, que por un lado deja entrever la profesionalidad desabrida -pero profesionalidad al fin- de los músicos y por el otro lado sintetiza aquello que hacen bien, sobre todo invocar una energía rockera marca registrada y esa conjunción de riffs adictivos y sensibilidad para las melodías beatlescas, en suma paseándonos por el punk, el garage, el power pop, el glam, el grunge, el rock industrial, el trash, el indie, el noise, el rock pesado y esa power ballad cercana al acervo alternativo noventoso de siempre, dentro del cual los Foo Fighters se han transformado en una máquina de hits modelo post-grunge en línea con Bush, Nickelback, Collective Soul, Lifehouse, Silverchair, Matchbox Twenty, Candlebox, Soul Asylum, Creed, Puddle of Mudd y Live, casi todos ejemplos de un rock profundamente inofensivo, hueco o muy poco inspirado.

 

La apertura, Caught in the Echo, coquetea con el punk y el garage y en consonancia establece un retorno al sonido más crudo de los comienzos del grupo, esquema en el que entran un glorioso y extenso puente coral y una letra que salta de la incomunicación posmoderna, esa sensación de estar “atrapados en el eco” a la que hace referencia el título, hacia la confusión contemporánea a raíz del ruido, las mentiras y las voces oligofrénicas de la vida cotidiana y el marco digital, frente a lo cual Grohl propone una posición política de centro mediante la metáfora de esperar una intersección entre dos direcciones opuestas, algo que permita decidir con una mayor sensatez. Cercana al power pop clásico de Foo Fighters, enmascarado de furia cuando en realidad es muy accesible, Of All People se mete de manera explícita con el síndrome del sobreviviente a través de una serie de versos en tercera persona que están dirigidos al propio narrador en un espejo, por ello se castiga sin anestesia por ser un hipócrita que simula felicidad cuando atravesó un infierno en el que todos los que tenía a su alrededor fallecieron, génesis de una culpa masoquista que tiene que ver con la nula justicia divina en materia de emparejar el destino final frente a idénticas circunstancias catastróficas, esas que jamás se aclaran del todo en la canción. Si algo no esperábamos de la banda es una dosis de glam homologada al Marc Bolan más sensual e hipnótico de Electric Warrior (1971), The Slider (1972) y Tanx (1973), todas obras maestras de T. Rex, no obstante eso es precisamente Window, un signo de la madurez de Dave y los suyos en lo que atañe a dejar un poco de lado las fórmulas compositivas gélidas con las que suelen manejarse para abrir el abanico hacia un pasado casi no explorado por Foo Fighters, incluso se podría decir que la letra también recorre la senda de las excentricidades de Bolan y su tendencia a la literalidad kitsch porque la escena de turno involucra a un limpiador de ventanas que permite la entrada del sol en el hogar/ departamento del cantante y por ese simple gesto lo motiva a salir del soponcio, luego de un fin de semana lluvioso y en apariencia muy autoindulgente.

 

Con una estructura de grunge y una base de rock industrial más cerca de White Zombie que de Nine Inch Nails, Your Favorite Toy es un tema disfrutable y ambiguo en el que abundan referencias al registro cinematográfico y una frustración latente a su vez vinculada a perder ese “juguete favorito” al que apunta el título, en los versos una alegoría intermitentemente de la profesión de realizador, una compañera romántica y alguna parafilia como el lugar común en cuestión, el voyeurismo, aquí con el miedo a ser atrapado espiando a terceros durante el sexo despertando una generosa cantidad de adrenalina por lo que implicaría, la castración, en este sentido el juguete aludido asimismo podría ser el pene. If You Only Knew constituye una típica obra esquizofrénica de aquellos Foo Fighters de inicios del nuevo milenio, en esta ocasión entregando su versión de una power ballad modelo rock pesado con un puente y un outro acústicos destinados -en apariencia- a homenajear al baterista fallecido, Hawkins, sin embargo Grohl no puede evitar sus insoportables achaques de divo del rock aristocrático multimillonario y en vez de terminar de redondear el asunto, en esencia celebrando el legado de quien lo acompañó desde There Is Nothing Left to Lose hasta Medicine at Midnight, en los versos y sobre todo el estribillo se la pasa augurando su suicidio a puro melodrama tontuelo y reclamando que lo comprendan en su dolor, diatriba absurdamente también dirigida al propio finado. Especie de versión popera de una cruza de nü-metal y trash, Spit Shine tiene mucho de la propensión de larga data del vocalista y compositor a tirar de modo completamente aleatorio frases delirantes y bastante pobres a escala discursiva, aquí en términos generales moviéndose en torno a la mayoría de edad y jugando con la suerte de seguir con vida, la inexistencia de un más allá, la fugacidad de todo y en especial el amor, la necesidad de elegir una misión y la farsa del tiempo como un factor redentor, vinculado a un pasado que acumula un millón de equivocaciones que es mejor olvidar sin entender que la amnesia constituye un terreno fecundo para volver a cometer los mismos exactos errores de antaño.

 

Entre el rock gótico de Siouxsie and the Banshees y el reggae bajo la óptica de The Clash, Unconditional es un tema disfrutable y sorprendente viniendo de una banda casi siempre tan cuadrada o previsible como Foo Fighters, otro indicio de la madurez de los señores y ese profesionalismo que mencionábamos antes, incluso la letra se despacha con una sutil elegancia digna de aquellos versos sencillos aunque elocuentes del sophisti-pop ochentoso, modelo Roxy Music o The Blue Nile, acerca de una angustia equiparada a la abulia, el cansancio, la incomprensión y especialmente la incapacidad de expresar lo que se siente o extraer lecciones de la memoria, latiguillos hermanados al track previo y a la condición de que el lazo de turno sea incondicional para que la comunicación se restablezca con el interlocutor. Para comprender un tema como Child Actor, arrebato post-grunge de corazoncito noise, hay que tener muy presente la enorme popularidad mundial de Nirvana a comienzos de los 90 y el también colosal éxito de los primeros discos de Foo Fighters en yanquilandia y buena parte del globo, gracias a hits como Big Me, Everlong, Monkey Wrench, Walking After You, My Hero, Learn to Fly, Breakout, All My Life, Low y Best of You, de allí que la canción se sume al pelotón nostálgico del resto del álbum y opte por focalizarse en la fama del comienzo de la trayectoria de Grohl, cuando la vida privada y su derrotero profesional se confundían y efectivamente se sintió como un “actor infantil” suplicando que apaguen las cámaras de una vez para recuperar su privacidad o no sentirse juzgado continuamente por todos, prensa y público.

 

Amen, Caveman recurre al indie y al rock alternativo más colérico para pegarle al excrementicio Donald Trump, quien en 2024 utilizó My Hero en un mitin político sin autorización alguna y generó que Dave ordenase donar todos los royalties de la canción a la adversaria del magnate pedófilo, mitómano y psicopático en aquella campaña presidencial, Kamala Harris, gesto muy valioso de su parte que en la letra del tema que nos ocupa lo lleva a hablar de una “generación eutanizada” plagada de cavernícolas y subnormales que votaron al payaso de rostro amarillo, al cual precisamente le achaca llevar puesto siempre un disfraz adepto a simular fortaleza cuando en realidad ya no puede ocultar sus patrañas ni siquiera en el campo de esos bombardeos y esas armas fetichizadas por los estadounidenses, algo que puede verse en sus patéticas intervenciones en los conflictos bélicos de Ucrania y Medio Oriente. Nuestro desenlace en sintonía con una relectura sobreproducida del primer heavy metal de Deep Purple, Led Zeppelin y Black Sabbath, Asking for a Friend, acumula capas y capas de pirotecnia sonora sin un momento de paz tanto para redondear una apoteosis demasiado rutinaria como para celebrar la fe de los que esperan una respuesta de las alturas o de algún profeta del plano más mundano de la existencia, optimismo maquillado de fatalismo porque en los versos la revelación parece no llegar pero el éxtasis detrás de la búsqueda de la iluminación del conocimiento, en simultáneo espiritual y científico, justifica el periplo en lo referido a seguir avanzando y dejar las preocupaciones de lado porque confiamos en ese amigo símil zahorí del título, sea quien fuese.

 

Como tantas otras bandas mediocres correspondientes a una época mucho más feliz en lo que respecta a variedad y talento involucrado, en contraposición a un Siglo XXI donde la homogeneidad o chatura cualitativa exasperante es la regla, los Foo Fighters se las ingenian para seguir con vida y no sonar todo lo uniforme o insustancial o poco imaginativos que uno podría esperar a priori, resultado que tiene que ver con la interesante química musical que Grohl establece con sus compañeros de estudio y ruta, por un lado, y con la noción tácita de fondo de extraer lo mejor posible del ADN de siempre del grupo, esa amalgama de riffs, melodías y arreglos rockeros clasicistas, por el otro lado. Sin ser una maravilla del ecosistema artístico mainstream o una placa de quiebre dentro de una discografía repleta de trabajos intercambiables que aportan una mínima variación -sólo para los entendidos- de lo ya ampliamente explorado, Your Favorite Toy se abre camino como un álbum digno cuyas brevedad y potencia constituyen sus puntos fuertes, en términos prácticos un testimonio de que la perseverancia no siempre deriva en un fundamentalismo de índole automatizada o robótica, problema de muchas bandas veteranas que ya no entregan nada valioso o cada nuevo trabajo es apenas un trámite que los aleja de la jubilación, gran cuco de la posmodernidad junto con ese olvido que hiere el narcisismo de una otrora celebridad internacional. El último disco de Foo Fighters, en este sentido, es bastante más parejo y sincero que placas anteriores que caían en la redundancia, se sentían de diseño o derrapaban en una inconsistencia muy marcada amiga del autosabotaje a la vuelta de la esquina, tres alternativas que por suerte Dave y sus colegas esquivan sirviéndose de una eficacia rockera revigorizada, un tanto esquemática o sin demasiado trasfondo intelectual pero aún con las credenciales musicales suficientes para no pasar vergüenza y ofrecer alguna que otra sorpresa en el camino.

 

Your Favorite Toy, de Foo Fighters (2026)

Tracks:

  1. Caught in the Echo
  2. Of All People
  3. Window
  4. Your Favorite Toy
  5. If You Only Knew
  6. Spit Shine
  7. Unconditional
  8. Child Actor
  9. Amen, Caveman
  10. Asking for a Friend