El Secreto de Maddie (Maddie's Secret)

El corazón reemplaza a la ironía

Por Emiliano Fernández

Sin duda una de las dimensiones más bastardeadas del campo expresivo del Siglo XXI es la literalidad, léase la pretensión en la industria cultural de una evidente correspondencia entre significado y significante con la intención de masificar el discurso de turno a través de la sencillez retórica de vieja escuela, estrategia típica del enclave mainstream en general y de Hollywood en particular. Gracias a la incesante operatoria pauperizadora/ idiotizante de los medios de comunicación, las redes sociales, el marketing, la publicidad, el discurso político polarizado, las plataformas y los gigantes del entretenimiento y la cultura globalizada, en conjunto unos tristes necios de distintos órdenes, lo que antes era sinónimo de accesibilidad tontuela o pasatista ha mutado en un sustrato burdo, soberbio, carente de imaginación y en sí vinculado al sermón hueco, ese no homologado a una moraleja propiamente dicha que se extrae del relato en cuestión sino a una diatriba explícita y solemne que no sirve para casi nada, en esencia reforzando las creencias preexistentes en algunos espectadores, el efecto intelectualmente onanista de la cámara de eco, y espantado al resto del público que recibe arengas cruzadas desde todos los sectores del espectro comunal y sus múltiples facetas, en gran medida harto de que no haya nada intermedio entre la homilía y la sátira desquiciada.

 

El Secreto de Maddie (Maddie’s Secret, 2025), ópera prima del comediante estadounidense John Early, se aleja de la literalidad pirotécnica y banal del cine del nuevo milenio para recuperar la dimensión más humilde de antaño del concepto, ahora de modo paradójico y extremadamente posmoderno porque es el mismo Early, un homosexual con una amplia experiencia como actor de reparto, quien interpreta al personaje femenino del título aunque sin un gramo de ironía y en todo caso sustituyendo ese esperable sarcasmo por un enorme corazón, siempre con la pretensión de que su Madison “Maddie” Ralph sea leída como una mujer y no como un travesti símil Harris Glenn Milstead, el mítico Divine de la primera etapa de John Waters. La película, de todas maneras, algo retoma del trash contracultural del nacido en Baltimore, Estado de Maryland, al igual que del melodrama rosa de Douglas Sirk, la comedia detallista de Blake Edwards e incluso el musical de Alan Parker, dando por resultado una mixtura que dista mucho de ser perfecta pero ofrece una buena utilización del grotesco mediante la protagonista de idiosincrasia naif, el delirio burgués de perfección que se mueve por detrás y por supuesto el fetiche con la comida, latiguillo temático que es fuente de placer y desastre a raíz de la pérdida del autocontrol de la mano de la compulsión.

 

Respetando el background ideológico, Maddie es más un homenaje que una parodia de su contraparte en El Secreto de Kate (Kate’s Secret, 1986), telefilm hoy olvidado de Arthur Allan Seidelman con Meredith Baxter como Kate Stark del que el trabajo de Early puede considerarse una remake cariñosa. La protagonista es una lavaplatos vegetariana en una productora de contenido culinario para Internet, GourMaybe, y no percibe que su colega y mejor amiga está enamorada de ella, la lesbiana Deena (Kate Berlant), quien pronto siente celos cuando Madison es transformada en chef de GourMaybe después de que un video suyo en TikTok -preparando un plato filipino- se transformase en viral. El éxito repentino agrava las inseguridades con su cuerpo y la retrotrae a la espiral de atracones y vómitos de su pubertad, “secreto” que amenaza con destruir su matrimonio con Jake (Eric Rahill) y el ascenso que le otorgó su jefe, Zack (Conner O’Malley), a su vez manteniendo un romance con una arpía de GourMaybe, Emily (Claudia O’Doherty). Luego de sufrir un infarto en una clase LGBT de baile antes de mutar en consultora de la serie El Jabalí (The Boar), alusión a El Oso (The Bear, 2022-2026), Maddie termina al borde de una perforación intestinal e internada para tratar su bulimia nerviosa bajo el cuidado del Dr. Kronenfeld (Chris Bauer).

 

Como decíamos antes, la realización recurre al desarrollo de personajes y al humanismo de fondo para compensar algunas torpezas narrativas y el desnivel actoral en general, un par de problemas que pueden adjudicarse al carácter seminal del proyecto de Early, el cual dijo presente con roles secundarios en El Artista del Desastre (The Disaster Artist, 2017), de James Franco, y Eternidad (Eternity, 2025), de David Freyne, entre otras. El realizador y guionista se burla del ambiente laboral tóxico contemporáneo, la estupidez de las redes sociales, la sexualización de la comida, el individualismo descerebrado de la burguesía, los caprichos en el reclutamiento de Hollywood y la idea de reproducirse en un mundo horrible como el actual, no obstante la trama cae en el letargo durante el último acto en el hospital, más allá de que los catalizadores de la sanación son amenos, la presencia de Julie (Vanessa Bayer), una compañera aniñada de habitación con prohibición de ejercitarse, y un encuentro con la madre putona y egoísta, Beverlee Ralph (Kristen Johnston), que la obligaba a comer carne siguiendo la Dieta Atkins. Lamentablemente la epopeya suele tomarse demasiado en serio a sí misma y sabotea lo que podría haber sido un ataque más directo y astuto al sueño americano, derivando en cambio en una propuesta correcta y más larga de lo conveniente…

 

El Secreto de Maddie (Maddie’s Secret, Estados Unidos, 2025)

Dirección y Guión: John Early. Elenco: John Early, Kate Berlant, Eric Rahill, Kristen Johnston, Claudia O’Doherty, Vanessa Bayer, Conner O’Malley, Chris Bauer, Ruby McCollister, Leah Hennessey. Producción: John Early, Luca Intili y Harris Mayersohn. Duración: 101 minutos.

Puntaje: 6