El Final de la Calle Oak (The End of Oak Street, 2026), film mediocre o automáticamente olvidable, viene a confirmar que Te Sigue (It Follows, 2014) fue una anomalía dentro de la carrera del estadounidense David Robert Mitchell, un director y guionista que por fuera de la película señalada, una verdadera joya del terror más paranoico del nuevo milenio, se la ha pasado en una medianía que tiende al tedio o a la indiferencia. Mitchell ya cubrió las principales vertientes profesionales y en casi todas ha fallado, recordemos que su ópera prima se movió en el campo del indie adolescente lánguido, El Mito del Pijama Party Americano (The Myth of the American Sleepover, 2010), y la sucesora de Te Sigue tomó la forma de un neo noir bizarro y extremadamente autoindulgente, El Misterio de Silver Lake (Under the Silver Lake, 2018), a nivel espiritual una epopeya homologable a cualquier proyecto ambicioso -cheque en blanco de por medio- luego de un éxito de taquilla, lo que suele derivar en desastre. Si la pensamos como parte de un itinerario de clichés dentro de una clásica trayectoria hollywoodense, a El Final de la Calle Oak le toca el lugar del opus pomposo por encargo, aquí por cierto un encargo patético porque el director -otrora con pretensiones autorales- se encaprichó con escribir el guión cuando evidentemente responde al fetiche spielbergiano del productor de cabecera, J.J. Abrams, por ello la propuesta que nos ocupa se asemeja a un pastiche construido a partir de otro pastiche, en suma mezclando el drama familiar nostálgico, el thriller fantástico y ese cine de aventuras con dinosaurios.
Los protagonistas son los miembros de una familia que en 1982 vive en los suburbios de vaya uno a saber qué ciudad de yanquilandia, específicamente en esa Calle Oak del título, nos referimos al matrimonio de Denise (Anne Hathaway) y Greg Platt (Ewan McGregor) y sus dos hijos adolescentes, la mayor Audrey (Maisy Stella) y el menor Brian (Christian Convery). La trama nos presenta a Mel Jacobs (P.J. Byrne), un vecino molesto que se suele quejar del perro de los Platt, Starbuck, no obstante el relato casi nunca se aparta de esta parentela que se mueve entre lo estereotipado y lo insufrible, pensemos que Denise es una amarga e individualista que quiere ser escritora y divorciarse o más bien abandonar al clan de lleno, Greg perdió su trabajo y ahora reparte pizza a domicilio aunque sin informar al resto sobre el primer “detalle”, Audrey es un ñoña fanática de la ciencia ficción y aspirante a lesbiana y finalmente Brian viene de romperle el brazo a otro muchacho de su edad a pura maldad, amén del hecho de que adora espiar a una vecinita, Jeannette Christiansen (Jordan Alexa Davis). En medio de todas estas tensiones se acumulan sucesos extraños como por ejemplo la aparición en el barrio de una planta prehistórica, destellos de luz y una enorme pila de excremento, esquema que eventualmente deriva en un apagón eléctrico en medio de la noche y el descubrimiento, a la mañana siguiente, de que toda la Calle Oak -un par de hectáreas- fue transportada por uno de esos agujeros de gusano de la física hacia una era geológica remota en la que dominan los dinosaurios, quienes degustan a los seres humanos.
Si la familia con cimbronazos reenvía al Steven Spielberg director, productor y/ o guionista de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (Close Encounters of the Third Kind, 1977), del mismo Spielberg, Poltergeist (1982), de Tobe Hooper, y Los Goonies (The Goonies, 1985), de Richard Donner, la premisa en sí constituye una amalgama de Jumanji (1995), de Joe Johnston, La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone, 1959-1964), genial serie creada por Rod Serling para la cadena CBS, y por supuesto Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993) y El Mundo Perdido (The Lost World, 1997), ambas también del amigo Steven, planteo al que para colmo se agrega un remate muy ridículo que fagocita a Volver al Futuro (Back to the Future, 1985), de Robert Zemeckis. El trabajo de Mitchell sin duda supera tanto a La Última Casa (The Last House, 2026), bodrio reciente y muy similar de Louis Leterrier para Netflix, como a toda esa basura que empezó con Mundo Jurásico (Jurassic World, 2015), el blockbuster de Colin Trevorrow que pretendió aggiornar con torpeza y gigantismo lo hecho por Spielberg en la década del 90. Entre citas de cotillón a 2001: Odisea del Espacio (2001: A Space Odyssey, 1968), de Stanley Kubrick, Battlestar Galactica (1978-1979), la serie de Glen A. Larson para la ABC, y Superman (1978), otra de Donner, la película se luce durante la media hora inicial consagrada al suspenso y las ideas de la introducción de lo fantástico en lo mundano, por un lado, y del trauma que genera solidaridad donde había egoísmo, por el otro lado, esta última una de las obsesiones del mainstream bien maniqueo.
Lamentablemente cuando aparecen los dinosaurios el asunto se vuelve más y más repetitivo y si bien se agradece el hecho de que no haya chistecitos idiotas o soberbia hollywoodense marca registrada, lo cierto es que el film derrapa en la redundancia y la banalidad y jamás consigue levantar cabeza, a lo sumo resultando correcto y poco más. Mitchell utiliza con inteligencia el enfoque profundo o deep focus en algún que otro debate familiar y ofrece una edición mucho más reposada/ tranquila que la estándar del Siglo XXI para la épica, las aventuras y el cine de acción, sin embargo los dos intereses fundamentales del realizador, el desarrollo de personajes y el devenir freak de la supervivencia, terminan saboteados por la previsibilidad de la historia y el trasfondo intercambiable y a veces tonto u odioso de los miembros del clan Platt, no sólo copias del acervo paradigmático de Spielberg sino además demasiado taxativos en su partición, por ello Denise es la pesimista, Greg el optimista y los dos vástagos están en proceso de aprender a equivocarse y frustrarse en la vida. Mitchell regresa de manera muy esquemática a sus recursos de antaño en línea con los suburbios, los púberes, un enigma central, un grupito en crisis y esas angustia y mediocridad capitalistas, no obstante nunca le permite a la parentela abandonar en serio los lujos y las compulsiones burguesas para enfrentarse a la situación y desarrollar una estrategia que los diferencie de tantos personajes parecidos, por momentos generando la sensación de que estamos frente a un piloto para una serie por venir o ante una reinterpretación de una odisea Clase B de la ciencia ficción de los años 50 o 60, en plena paranoia de la Guerra Fría y aquellos intentos por concebir flamantes y demenciales amenazas bajo la sombra de un holocausto nuclear que suprimía toda normalidad, una jugada que sin proponérselo asimismo trae a colación el reemplazo de los títeres y el querido stop motion de la época por toda esta catarata de CGIs hiper aburridos y fofos. Como decíamos anteriormente, el desenlace con un nuevo viaje en el tiempo o salto corrector resulta meloso, cobarde y demasiado conveniente porque tiende a borrar con el codo lo que se escribió con la mano, óbito de Greg incluido, y deriva en un paraíso idílico que además dejará furiosos a quienes pretendan una explicación para el caprichoso agujero de gusano de la Calle Oak. Ahora bien, por suerte parece que esta será la última desviación de un Mitchell que ya deja de esquivar su destino de cineasta de terror porque su siguiente obra es Te Siguen (They Follow, 2027), demorada secuela del trabajo de 2014 que esperemos corrija por fin la carrera del yanqui hacia el campo de la calidad…
El Final de la Calle Oak (The End of Oak Street, Estados Unidos, 2026)
Dirección y Guión: David Robert Mitchell. Elenco: Ewan McGregor, Anne Hathaway, Maisy Stella, Christian Convery, Jordan Alexa Davis, P.J. Byrne, Hudson Meek, Anne Gee Byrd, Emily Kuroda, Simms May. Producción: J.J. Abrams, David Robert Mitchell, Hannah Minghella, Jon Cohen, Matt Jackson y Tommy Harper. Duración: 99 minutos.