Motor City

Triángulo amoroso e incriminación

Por Emiliano Fernández

El período en la historia del séptimo arte englobado en el cine mudo, entre finales del Siglo XIX y las postrimerías de la década del 20 de la centuria siguiente, ha despertado diversos intentos nostálgicos en materia de recuperar algo del minimalismo expresivo de entonces, basta con tener presente el recorrido que empieza con las primeras aventuras vintage, como The Thief (1952), de Russell Rouse, Les Vacances de Monsieur Hulot (1953), de Jacques Tati, Le Soupirant (1962), de Pierre Étaix, y Silent Movie (1976), de Mel Brooks, pasa por el posmodernismo ultra consciente o arty/ festivalero de Juha (1999), de Aki Kaurismäki, The Saddest Music in the World (2003), de Guy Maddin, Dr. Plonk (2007), obra de Rolf de Heer, The Artist (2011), de Michel Hazanavicius, y Blancanieves (2012), de Pablo Berger, y finalmente llega a trabajos más recientes en línea con The Red Turtle (2016), de Michaël Dudok de Wit, Silent Night (2023), de John Woo, Flow (2024), joya de Gints Zilbalodis, y Motor City (2025), de Potsy Ponciroli. El asunto también derivó en los homenajes parciales de E la Nave va (1983), de Federico Fellini, y The Impostors (1998), de Stanley Tucci, y en retratos más o menos sutiles como Sunset Boulevard (1950), de Billy Wilder, Singin’ in the Rain (1952), de Gene Kelly y Stanley Donen, Nickelodeon (1976), de Peter Bogdanovich, Valentino (1977), de Ken Russell, y Shadow of the Vampire (2000), propuesta de E. Elias Merhige alrededor del rodaje de Nosferatu (1922), el clásico vampírico de F.W. Murnau.

 

Motor City, film un poco mejor -aunque no mucho- que la reciente y similar Silent Night, cuenta con pocos diálogos y se sirve de la dialéctica visual y de las canciones para narrar su historia, dejándonos a fin de cuentas con la epopeya menos atractiva del estadounidense Ponciroli, responsable de Old Henry (2021), estupendo western revisionista protagonizado por Tim Blake Nelson, y Greedy People (2024), simpática comedia negra con actuaciones de Joseph Gordon-Levitt, Himesh Patel, Lily James y el mencionado Nelson. El guión de Chad St. John, aquel de bodrios insalvables como London Has Fallen (2016), de Babak Najafi, Peppermint (2018), de Pierre Morel, y Replicas (2018), de Jeffrey Nachmanoff, incorpora algunos retazos tanto de Jean-Pierre Melville, Sam Peckinpah, Robert Aldrich, Don Siegel y Samuel Fuller como de John Wick (2014), opus de Chad Stahelski, y el cine con el recordado Charles Bronson a la cabeza. El realizador no se queda atrás en lo que al pastiche se refiere y a su vez lee la microscópica trama como una excusa para entretenerse con la Matanza Heroica de John Woo y Ringo Lam, aquí fetichizando especialmente los ralentíes, y la efervescencia de linaje publicitario ochentoso de Ridley Scott, Hugh Hudson, Adrian Lyne, Alan Parker y Tony Scott, el hermano menor de Ridley, desde ya sin llegar ni remotamente a ese nivel de preciosismo en la fotografía y el diseño de producción, apenas pretendiendo retomar los juegos con la luz y una puesta en escena de índole estrambótica.

 

En la Detroit de 1977, cuando aún era el centro de la industria automotriz de yanquilandia y no estaban tan avanzados el neoliberalismo vernáculo y la competencia china, John Miller (Alan Ritchson) es un obrero y veterano de la Guerra de Vietnam con antecedentes penales que está enamorado de Sophia Hammond (Shailene Woodley), señorita que solía frecuentar a Reynolds (Ben Foster), un capo mafioso vinculado al tráfico de drogas con el que John tiene un enfrentamiento cuando conoce a la mujer, cortándole el pecho al rival masculino con una botella rota. Ayudado por un policía corrupto, Savick (Pablo Schreiber), Reynolds se venga de Miller plantándole heroína en el baúl de su coche y así la víctima, justo en el momento en que iba a casarse con Hammond, recibe una sentencia de 25 años de prisión. El que contrae matrimonio con la chica es el narco violento porque reaparece en su vida y Sophia lo acepta como si nada hubiese ocurrido, por ello Miller escapa del presidio con un mapa conseguido por un par de colegas de Vietnam, Youngblood (Lionel Boyce) y Singh (Amar Chadha-Patel), torturando y luego asesinando a un guardiacárcel del montón. John ingresa en la noche a la mansión del adversario para rescatar a su interés romántico y la halla drogada contra su voluntad por Reynolds, el cual dispara sobre Miller aunque termina atinándole a la muchacha por accidente, que muere de inmediato y deja todo servido para la revancha del proletario y sus camaradas contra el bando del mafioso capitalista y compañía.

 

Apelando a canciones como Cat People (Putting Out Fire) (1982), de David Bowie, The Chain (1977), de Fleetwood Mac, Nights in White Satin (1967), The Moody Blues, I Feel Love (1977), de Donna Summer, y Archbishop Harold Holmes (2024), de Jack White, entre otras, la propuesta entrega detalles loables como las monedas utilizadas como munición, la masacre de guardiacárceles en general y aquella cruenta pelea en el ascensor entre Miller y Savick, ya correspondiente a los últimos minutos del metraje, sin embargo la introducción se siente larguísima para una venganza en el último acto que resulta tan redundante -vía traumas o recuerdos- como este triángulo amoroso y la incriminación sobre el protagonista para sacarlo del horizonte romántico. En Motor City hay una idea de imponer una narración hipnótica que a veces cae en el tedio y en otras oportunidades en la fascinación, resultado caótico que se condice con un metraje inflado más de lo conveniente al abusar de la cámara lenta y todos los instantes descriptivos del relato. Otro problema es un Ritchson -asimismo productor- un tanto mucho inexpresivo, ese protagonista de Reacher (2022-2026), la serie de Nick Santora para Amazon Prime Video, visto hace poco en un producto anodino para Netflix de Patrick Hughes, War Machine (2026), sin olvidarnos de la presencia de un guión muy delirante que choca con su pretensión de visceralidad callejera setentosa símil Nuevo Hollywood, pensemos en el casorio entre la ninfa y su verdugo, en la fuga ridícula de John de la penitenciaría o en el rescate fallido de la señorita de manos de su marido abiertamente abusivo, cuando de hecho termina falleciendo. Entre un insólito cameo de White como pianista en un restaurant y un buen epílogo basado en los dos rivales avejentados, Reynolds y Miller, la película por lo menos se permite incluir a un guardiacárcel negro sádico y luego reventarlo a cuchillazos en una secuencia que se caga en la corrección política aburrida que hasta hace unos años dominaba el eje hollywoodense cual regla no escrita pero de hierro…

 

Motor City (Estados Unidos, 2025)

Dirección: Potsy Ponciroli. Guión: Chad St. John. Elenco: Alan Ritchson, Ben Foster, Shailene Woodley, Pablo Schreiber, Lionel Boyce, Amar Chadha-Patel, Ben McKenzie, Rafael Cebrián, Dominic Bogart, Jack White. Producción: Alan Ritchson, Chad St. John, Greg Silverman, Joshua Harris, Cliff Roberts y Jon Berg. Duración: 104 minutos.

Puntaje: 5