Quiero tu Sexo (I Want Your Sex)

Ética laboral contemporánea

Por Emiliano Fernández

Gregg Araki, realizador que se suele englobar en el New Queer Cinema de los años 80 y 90 con Todd Haynes, Gus Van Sant, Derek Jarman y Tom Kalin, tuvo un inicio intrascendente en el indie mediante Tres Personas Desconcertadas en la Noche (Three Bewildered People in the Night, 1987) y El Fin de Semana Largo (Oh, Desesperación) (The Long Weekend (O’Despair), 1989), no obstante pronto pegaría un salto en calidad gracias a Vivir hasta el fin (The Living End, 1992). Si bien nunca fue conocido por fuera del circuito festivalero y los cinéfilos más dedicados, la verdad es que alcanzó cierta popularidad por la denominada Trilogía del Apocalipsis Adolescente, Totalmente Jodidos (Totally Fucked Up, 1993), La Generación Maldita (The Doom Generation, 1995) y En Ningún Lugar (Nowhere, 1997), epopeyas que lo llevaron hacia sus últimos opus atendibles, Cama para tres (Splendor, 1999) y Piel Misteriosa (Mysterious Skin, 2004), esta última sin duda su obra maestra y en sí una película muy interesante sobre el abuso sexual con Joseph Gordon-Levitt y el futuro director de renombre Brady Corbet. Luego de la cúspide la decadencia no se hizo esperar y llegó bajo la fisonomía de Fumada y Peligrosa (Smiley Face, 2007), Kaboom (2010) y Una Señal en la Tormenta (White Bird in a Blizzard, 2014), films que retomaron algunas de sus obsesiones en línea con la violencia, el hedonismo, la marginalidad, los traumas, el azar, la juventud, el nihilismo, el duelo y esa sexualidad -gay y hetero- en rimbombante ebullición.

 

El estadounidense de ascendencia japonesa, asimismo, adora los diversos floreos visuales, unos personajes a veces intercambiables, el surrealismo, los detalles de humor irónico y unos soundtracks en muchas oportunidades volcados al shoegaze, sin olvidarnos de sus problemas repetidos a nivel estructural y en lo que atañe a su manía con combinar géneros que no maneja del todo bien o desperdicia a pura autoindulgencia. Quiero tu Sexo (I Want Your Sex, 2026) constituye el regreso al ecosistema cinematográfico de Araki luego de doce años de silencio o más bien un largo exilio televisivo para el olvido, lo que también habla de lo poco permeable que resulta esta industria cultural del nuevo milenio a las voces de cadencia verdaderamente alternativa, con personalidad propia en el reino de la chatura y la uniformización marketinera del streaming. El guión original autobiográfico fue firmado por Karley Sciortino, una especialista en sexualidad que creó una serie para Viceland sobre el tema, Slutever (2018-2019), y que ya había colaborado con Gregg en la única serie que pudo crear -con producción de Steven Soderbergh- entre todo el vendaval de trabajo por encargo de la última década, Now Apocalypse (2019). La trama, reescrita por el director y Sciortino, intercambia los sexos de los protagonistas y se propone escudriñar las diferentes actitudes ante el coito y el contacto con el prójimo según las generaciones de turno, además de burlarse de la producción artística, su mercado y los círculos de legitimación asociados.

 

Ahora el protagonista es masculino, Elliot Bell (Cooper Hoffman), joven en pareja con una frígida, Minerva (la célebre Charlotte Emma Aitchison o Charli XCX), y el jerarca mayor e hipersexualizado es una mujer, Erika Tracey (Olivia Wilde), artista plástica tan cotizada como banal que contrata al muchacho en calidad de asistente y eventualmente lo transforma en su “objeto” libidinoso favorito, situación que Elliot suele comentar a su mejor amiga y compañera de vivienda, Apple (Chase Sui Wonders). Todo comienza en una noche agitada con Elliot despertando en la mansión de su jefa, sangrando por la nariz, luciendo algo de ropa interior femenina rosa y descubriendo el supuesto cadáver desnudo de Erika flotando en la piscina, planteo que deja todo servido para que dos policías, el Detective Zem (Johnny Knoxville) y la Detective Zola (Margaret Cho), lo interroguen sobre lo ocurrido. La criatura de Hoffman efectivamente ingresa al círculo bizarro de Tracey, donde conoce a la mano derecha de la mujer, Vikktor (Daveed Diggs), y se hace amigo de otro asistente pero gay y adicto a las orgías, Zap (Mason Gooding), preámbulo para mutar en esclavo en sesiones de sadomasoquismo que incluyen desde castigos físicos hasta la penetración anal con un dildo/ consolador, sin embargo una exposición en puerta sabotea el asunto al igual que la idea de Erika de encarar un ménage à trois, para lo cual Elliot lleva a la solitaria e insegura Apple, que se ofende cuando el veinteañero no se deja penetrar por ella en una sesión de pegging.

 

La película resulta inmadura por momentos y acumula una colección de inconvenientes que podrían resumirse en esa ciclotimia de la artista plástica que queda sin explicar, las vueltas caprichosas o improvisadas del relato, un trasfondo policial que nunca termina de funcionar y la tendencia a desaprovechar las escenas que deberían ser eróticas, en especial ese debut de Elliot con Erika que en pantalla se transforma en un montaje bastante mal editado y de cadencia videoclipera/ publicitaria trasnochada, como si el evidente desprecio de Araki hacia el conservadurismo y la pusilanimidad amatoria de los nacidos a partir de la década del 90 no pudiese derivar en la valentía formal e ideológica de sus películas de antaño hasta Piel Misteriosa. Por el otro lado tenemos un buen trabajo de ambos actores principales, un digno acompañamiento del resto del elenco, algunas pinceladas animadas hilarantes, un humanismo sensato de fondo y cierta osadía leve en cuanto a los desnudos maquillados de Wilde, quien por cierto recientemente descolló como realizadora y actriz con La Invitación (The Invite, 2026), su tercer largometraje después de La Noche de las Nerds (Booksmart, 2019) y No te Preocupes, Cariño (Don’t Worry Darling, 2022), opus inferiores. Hoffman, vástago del malogrado Philip Seymour Hoffman, vuelve a ratificar su talento, recordemos para el caso Licorice Pizza (2021), de Paul Thomas Anderson, Saturday Night (2024), de Jason Reitman, y Camina o Muere (The Long Walk, 2025), la gesta de Francis Lawrence.

 

Citando socarronamente a 9 Semanas y Media (9½ Weeks, 1986), hitazo de Adrian Lyne, la propuesta arrastra todos los problemas en guión de siempre de Araki, con ideas atractivas y buenos personajes aunque sin saber exprimirlos, y puede leerse como una versión amigable o un tanto simplona de la sumisión detrás de Los Perros no Usan Pantalones (Koirat eivät Käytä Housuja, 2019), de J.P. Valkeapää, y Pillion (2025), de Harry Lighton, pero tampoco se puede desconocer que Quiero tu Sexo pareciera acercarse a conciencia a la mordacidad del sadomasoquismo laboral modelo La Secretaria (Secretary, 2002), de Steven Shainberg, y La Piel de Venus (La Vénus à la Fourrure, 2013), de Roman Polanski. El film funciona no sólo como un retrato de las diferencias generacionales en materia de cómo aproximarse a la libido, sobre todo entre el sustrato explosivo o sincero de la Generación X de Araki y Wilde y la mojigatería aburrida de los zoomers/ Generación Z y los millennials/ Generación Y de Hoffman, Wonders y Charli XCX, sino también como un análisis de la vacuidad del arte moderno, los escollos comunicacionales en la pareja, ese cuasi amor que surge en los contextos menos pensados y por supuesto los abusos en la nula ética laboral contemporánea y en el mundillo del BDSM, una sigla que aglutina el bondage, la disciplina, la dominación/ sumisión y el sadomasoquismo, aquí lamentablemente encarado desde cierta tibieza que por lo menos se anima a jugar -vía un Araki contenido- con el thriller y el drama psicológico…

 

Quiero tu Sexo (I Want Your Sex, Estados Unidos, 2026)

Dirección: Gregg Araki. Guión: Gregg Araki y Karley Sciortino. Elenco: Cooper Hoffman, Olivia Wilde, Mason Gooding, Chase Sui Wonders, Daveed Diggs, Charli XCX, Johnny Knoxville, Margaret Cho, Roxane Mesquida, James Duval. Producción: Gregg Araki, Karley Sciortino, Seth Caplan, Michael Heimler y Teddy Schwarzman. Duración: 91 minutos.

Puntaje: 6