Resident Evil: Noche Cero (Resident Evil)

La filosofía autoral

Por Emiliano Fernández

Desde que se reinventase como director de terror focalizado en los detalles bufonescos y/ o de parodia social con Bárbaro (Barbarian, 2022) y La Hora de la Desaparición (Weapons, 2025), dos películas imperfectas pero valiosas en un ecosistema cinematográfico actual de poco o nulo talento, el director y guionista estadounidense Zach Cregger se ha posicionado como un artista interesante precisamente volcado hacia un horror sarcástico alejado de la tradición caótica del rubro, en sintonía con Sam Raimi, Edgar Wright, Eli Craig, Lloyd Kaufman y Peter Jackson, y cercano a ese enfoque bastante más contenido de gente como Stuart Gordon, John Landis, Stephen Chiodo, Larry Cohen e incluso Quentin Dupieux, lo que a su vez significa un progreso sustancial si comparamos el asunto con el humor un tanto lelo de las dos primeras propuestas de Cregger, Miss Marzo (Miss March, 2009) y La Guerra Civil contra las Drogas (The Civil War on Drugs, 2011), ambas enroladas en la producción general de la troupe de comediantes de Los Chicos más Blancos que Conozcas (The Whitest Kids U’ Know, 2007-2011), un programa de sketchs emitido por los canales de televisión por cable Fuse e IFC, y codirigidas con el malogrado Trevor Moore, fallecido en 2021 a sus 41 años luego de caerse alcoholizado del balcón de su hogar en Los Ángeles. La tercera película del señor, Resident Evil: Noche Cero (Resident Evil, 2026), podría haberse transformado en un trabajo por encargo anodino de los que está llena la industria cultural del nuevo milenio, mal que responde al carácter mercenario de tantísimos profesionales sin alma, no obstante el resultado confirma el buen momento creativo de Cregger gracias a un film que puede leerse tanto dentro como fuera de la saga creada por la compañía japonesa de videojuegos Capcom vía dos dípticos cruciales, primero Resident Evil (1996) y Resident Evil 2 (1998), homologados al terror de supervivencia, y Resident Evil 3: Némesis (1999) y Resident Evil 4 (2005), juegos orientados principalmente al esquema de acción y aventura.

 

Resident Evil: Noche Cero por un lado rankea como la mejor adaptación cinematográfica de un videojuego, dejando atrás a las simpáticas Warcraft (2016), de Duncan Jones, y Silent Hill (2006), de Christophe Gans, y por el otro lado supera por mucho el triste intento previo de reboot de Johannes Roberts de la franquicia, Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City (Resident Evil: Welcome to Raccoon City, 2021), la mediocre serie de Andrew Dabb para Netflix que fue cancelada luego de una única temporada, Resident Evil (2022), y la retahíla de eslabones a cargo del inglés Paul W.S. Anderson, en este caso hablamos de Resident Evil (2002), Resident Evil 2: Apocalipsis (Resident Evil: Apocalypse, 2004), Resident Evil 3: Extinción (Resident Evil: Extinction, 2007), Resident Evil 4: La Resurrección (Resident Evil: Afterlife, 2010), Resident Evil 5: La Venganza (Resident Evil: Retribution, 2012) y Resident Evil: Capítulo Final (Resident Evil: The Final Chapter, 2016), todas dirigidas por Anderson salvo los capítulos dos y tres, respectivamente de Alexander Witt y el inefable Russell Mulcahy. Cregger mantiene como telón de fondo más o menos tácito el entramado narrativo de siempre, nos referimos a la extensión a lo largo de Raccoon City y alrededores de un virus creado por una compañía farmacéutica, Umbrella, como arma biológica que zombifica y genera mutaciones ultra bizarras en los sujetos, y de hecho se concentra en su verdadero interés, todas las peripecias de un repartidor de material sanitario especializado en órganos, Bryan (Austin Abrams), que siente pánico cuando su novia le comunica por teléfono que está embarazada, Michelle (Sara Paxton), y que efectivamente debe entregar en el Hospital General de Raccoon City un paquete que con el tiempo descubrimos contiene un componente estabilizador necesario para crear la cura y detener esta espantosa epidemia, por cierto caracterizada por unos tentáculos que fusionan la colección de cadáveres y por un contagio sin freno y unas deformaciones que se producen ante la más mínima mordedura.

 

El director apela a la pureza iniciática de los videojuegos, por ello ha dicho que la historia transcurre en paralelo a los eventos de aquel Resident Evil 2 de finales de los años 90, pero no descuida la acción de las entregas posteriores para las consolas aunque sin llegar al nivel de la caricatura ad infinitum de la seguidilla para el séptimo arte de Anderson, en todo caso poniendo el acento en el horror de supervivencia de antaño y reservándose una buena tanda de momentos graciosos basados en la torpeza símil slapstick del atolondrado protagonista, el cual vive refunfuñando, no sabe manejar armas -disparos accidentales de por medio- y por supuesto niega los dos estereotipos de la franquicia en sus distintos soportes, léase la profesionalidad de la muerte como leitmotiv y la presencia de protagonistas femeninas en línea con las célebres Claire Redfield y Jill Valentine, de las consolas, y aquella Alice en la piel de la ucraniana/ estadounidense Milla Jovovich, esposa de Anderson. Para Bryan todo comienza cuando atropella accidentalmente en medio de un camino helado a una mujer sin nombre (Andrea Miltner), quien queda en estado catatónico y termina transportada hacia el hospital por un policía del montón, el Oficial Wilson (Johnno Wilson), primer necio en morir cuando la susodicha, una clara infectada por el virus, lo ataca y provoca el vuelco del patrullero. Bryan la mata con el arma del finado aunque en el trajín le dispara también a su propio vehículo, por ello se refugia en una granja de las inmediaciones donde debe reventar al perro mutante de una pareja que se fusiona mediante los tentáculos de turno. Luego de asesinar a una nenita mutante en un túnel, el repartidor se topa con empleados de Umbrella, el científico Paul (Paul Walter Hauser) y la sicaria Maxine (Kali Reis), que le comunican que debe entregar el estabilizador en lo alto del centro de salud de una Raccoon City repleta de zombies y monstruos infernales, donde está el laboratorio de Umbrella, dejándonos con un infectado que vomita ácido y una criatura humanoide con ratas en su enorme estómago.

 

La película ofrece una experiencia sumamente disfrutable construida en torno a una trama microscópica, secuencias de tensión muy bien diagramadas, latiguillos cómicos siempre eficaces -el inconveniente de Bryan con los candados es el más repetido- y el maravilloso desempeño de Abrams, aquí por primera vez gozando de la oportunidad de destacarse en serio a pesar de tres lustros de experiencia y roles memorables en Euphoria (2019-2026), la serie de Sam Levinson para HBO en la que interpretó a Ethan, el novio de Kat Hernández (Barbie Ferreira), y La Hora de la Desaparición, donde compuso a un homeless drogadicto y ladrón, James, en aquel relato coral. Cregger podría haber abusado del existencialismo o la parafernalia sentimental típica del mainstream hollywoodense, en consonancia con The Walking Dead (2010-2022) o The Last of Us (2023-2027), por el triple calvario de Bryan, eso de recorrer la dolorosa distancia que lo separa del Hospital General de Raccoon City, el hecho de arrepentirse de su coqueteo con el aborto, ante la noticia de la molesta Michelle, y el “detalle” de que la mocosa del túnel lo mordió y necesita sí o sí de la cura que aguarda en el piso número 28 del nosocomio a cargo del Dr. Carl (Zach Cherry), sin embargo opta por tumbar sutilmente el trasfondo tragicómico hacia la ironía esquivando tanto la autoparodia o el histrionismo símil Tierra de Zombies (Zombieland, 2009), de Ruben Fleischer, como la idiosincrasia demasiado distante modelo terror elevado, un planteo que subraya la astucia formal del realizador ya que sin mostrar nada particularmente novedoso se las ingenia para entretener amparándose en la fragilidad humanista del repartidor y la naturaleza grotesca/ surrealista/ demencial del apocalipsis a su alrededor. Evitando el cansancio de la saga desde su filosofía autoral y referencias varias a La Sustancia Mortal (The Stuff, 1985), de Cohen, y La Cosa (The Thing, 1982), de John Carpenter, Cregger recupera el eje lúdico primigenio gracias a una sensación de riesgo y desconcierto que no desaparece en ningún momento…

 

Resident Evil: Noche Cero (Resident Evil, Estados Unidos/ Alemania/ Francia/ República Checa/ Canadá/ Australia/ Nueva Zelanda, 2026)

Dirección: Zach Cregger. Guión: Zach Cregger y Shay Hatten. Elenco: Austin Abrams, Zach Cherry, Kali Reis, Paul Walter Hauser, Johnno Wilson, Sara Paxton, Andrea Miltner, Will Merrick, Karel Dobrý, Zoé Bellas. Producción: Zach Cregger, Victor Hadida, Robert Kulzer, Roy Lee, Asad Qizilbash, Carter Swan y Miri Yoon. Duración: 95 minutos.

Puntaje: 8