Más allá de su fama en el nicho del mercado vinculado a la gastronomía, honestamente Anthony Bourdain (1956-2018) nunca fue muy conocido por fuera del circuito culinario anglosajón a pesar de que hizo mucho por construir de modo involuntario el estereotipo del Siglo XXI alrededor del conductor televisivo capaz de saltar entre un programa de viajes por el mundo en pos de manjares, un reality de competencia gastronómica y ese formato más tradicional homologado a cocinar en un estudio/ set. El señor, muchas veces señalado como un “rebelde” según el marco ultra conservador promedio de yanquilandia, de hecho siempre abogó por el multiculturalismo, la justicia social, el respeto al comensal y la burla del veganismo y otras prácticas de un Primer Mundo hipócrita que condena los alimentos callejeros de las naciones pobres mientras se satura con comida chatarra y embutidos al por mayor, lo que con razón caracterizaba como racismo/ etnocentrismo/ prejuicios caucásicos o burgueses. Los dos extremos de su vida pública son quizás los más conocidos por fuera de Estados Unidos, hablamos del bestseller Confesiones de un Chef (Kitchen Confidential: Adventures in the Culinary Underbelly, 2000), libro autobiográfico desvergonzado que ofició de catalizador de su fama, y aquel suicidio por ahorcamiento en Francia a los 61 años de edad luego de que su pareja de entonces, nada menos que Asia Argento, finiquitase la relación, lo que generó una serie de críticas contra la actriz italiana, hija del renombrado Dario, porque Bourdain la defendió cuando denunció allá en 2017 a Harvey Weinstein por violación a pesar de que la propia Argento había abusado sexualmente en 2013 de Jimmy Bennett, su coprotagonista en El Corazón es Engañoso por sobre Todas las Cosas (The Heart Is Deceitful Above All Things, 2004), flojísimo exploitation arty de la propia Asia.
Ahora bien, la estela de Bourdain puede verse en el enorme volumen de shows culinarios de la TV mundial del Siglo XXI y en trabajos varios de ficción inspirados de una forma u otra en su derrotero por distintos restaurants de Nueva York, pensemos en el trayecto que va desde Kitchen Confidential (2005-2006), sitcom creada por David Hemingson para Fox y estelarizada por Bradley Cooper como el susodicho, hasta The Bear (2022-2026), exitosa serie de Christopher Storer para FX on Hulu que en términos conceptuales funciona como una versión lavada y melodramática de las anécdotas subidas de tono de Confesiones de un Chef, esas que eventualmente mutaron en clichés de los retratos audiovisuales de todas las cocinas del planeta cual comunidad masoquista con reglas específicas y una precariedad laboral perpetua, cuya adaptación implica adicciones. Respetando el carácter inconformista de Bourdain, el cineasta canadiense Matt Johnson en su estupenda biopic, Tony (2026), elige esquivar por completo la fama del señor posterior a las memorias del 2000, la opción infaltable de turno según la perspectiva del mainstream, y decide en cambio construir un bildungsroman/ relato de aprendizaje/ coming-of-age centrado en una representación hiper ficcionalizada de los dos primeros capítulos del bestseller, cuando Anthony todavía se hacía llamar Tony, signo de su inmadurez, y se traslada durante el receso de verano de 1975 en Vassar College, una universidad privada del Estado de Nueva York, hacia Provincetown, pueblo costero del Cabo Cod, perteneciente al Estado de Massachusetts, en el que trabajaría por primera vez en las caóticas cocinas de los restaurants especializados en mariscos del lugar, lindo derrotero que efectivamente inspiraría su vocación y lo llevaría a abandonar la universidad y a estudiar en el Culinary Institute of America, graduándose en el año 1978.
Johnson, un realizador siempre preocupado por la ética y por la falsificación de la realidad a escala microscópica o nacional/ global como lo demostraron sus cuatro obras previas, las correctas The Dirties (2013) y Operation Avalanche (2016) y las maravillosas BlackBerry (2023) y Nirvanna the Band the Show the Movie (2025), en su debut hollywoodense de hecho transforma al Bourdain adolescente (Dominic Sessa) en un mentiroso crónico que desea convertirse en escritor y por ello se postula para una beca del rubro en Vassar, siendo rápidamente rechazado debido a la vaguedad de su propuesta literaria y no saber escribir ni pronunciar “bildungsroman”. Luego de engañar a todos en su familia de índole matriarcal afirmando que consiguió la beca, léase su hermano menor Christopher (Liam Fitch) y los progenitores Gladys (Dagmara Domińczyk) y Pierre (Rich Sommer), el muchacho encara su periplo de 1975 desde Nueva York a Massachusetts y en pantalla la excusa para ello es una ninfa de la que está enamorado desde sus años de secundaria, Nancy (Emilia Jones), chica originaria de Provincetown que aprovecha el verano para trabajar con su novio en una pizzería local, Spiritus. Anthony, nombre que rechaza porque suele utilizarlo su madre de temperamento severo, roba dinero en casa y se marcha impulsivamente al pueblito tras su amada para eventualmente conseguir trabajo como lavaplatos en un restaurant de mariscos, The Flagship, propiedad de un portugués/ español llamado José Vatel (Antonio Banderas), a quien también le miente diciendo que tiene experiencia en otras cocinas. Mientras trata de cortejar a la siempre esquiva Nancy, haciéndose pasar por escritor profesionalizado gracias a la inexistente subvención, Tony duerme en la hamaca de la casa de playa de Vatel, el cual lo despierta diariamente a baldazos, y se va contagiando de su enorme cariño por la cocina.
La película se diferencia de tantas biopics sin vida o intercambiables de nuestros días por dos características principales, primero el generoso volumen de puteadas, sexo y consumo de drogas -marihuana, cocaína e incluso heroína- por parte de los compañeros/ amigos del protagonista en The Flagship, sobre todo el verborrágico Stavros (Stavros Halkias), el veterano de la industria culinaria Tyrone (Michael Jibrin) y el pendenciero autodestructivo Sal (Leo Woodall), y segundo el enfoque cuasi documentalista de la narración por parte de un Johnson muy preocupado por la honestidad intelectual del proyecto y por el gesto de despojar a Bourdain, por entonces de 19 años, de todos los tics por los que sería famoso a futuro, planteo que resulta inteligente porque permite a cualquier espectador -conocedor o no del protagonista y el universo gastronómico- identificarse con esta relación de alumno y mentor entre Tony y José, una amalgama de teoría y práctica que termina de definir de manera natural la identidad del chef por venir. Banderas está muy bien, todo un experto de la actuación, y Sessa confirma que no fue accidente lo demostrado en Los que se Quedan (The Holdovers, 2023), joya esplendorosa de Alexander Payne que coprotagonizó junto con Paul Giamatti y Da’Vine Joy Randolph, en este sentido el director y guionista canadiense retrata sin tapujos ni moralinas la comunidad atrofiada que suele surgir en la industria del alimento servido al público y las equivocaciones groseras que se acumulan en la mocedad en general, cortesía de la torpeza, la soberbia, la inexperiencia y la exaltación. La propuesta no es perfecta ya que en su segunda mitad recurre a algunos golpes de efecto, como aquella violencia de Sal contra Vatel o el incendio en The Flagship, sin embargo el opus nos regala un lienzo meticuloso y muy sincero del crecimiento como un proceso a veces traumático…
Tony (Estados Unidos/ Canadá, 2026)
Dirección: Matt Johnson. Guión: Matt Johnson, Lou Howe, Todd Bartels y Matthew Miller. Elenco: Dominic Sessa, Antonio Banderas, Emilia Jones, Leo Woodall, Stavros Halkias, Dagmara Domińczyk, Rich Sommer, Monica Raymund, Liam Fitch, Michael Jibrin. Producción: Matt Johnson, Tim White, Matthew Miller y Trevor White. Duración: 106 minutos.