El carácter paradójico de Irán, en simultáneo una teocracia oscurantista a escala interna y un tapón o freno a las inmundas ansias expansionistas/ imperialistas/ jingoístas de siempre de Estados Unidos en el campo exterior, últimamente se ha volcado hacia el lado positivo de la balanza gracias a la guerra que empezó con el asesinato del 28 de febrero de 2026 del líder supremo de Irán, Alí Jameneí, dejando empantanados a los cabecillas mafiosos de yanquilandia e Israel, el pedófilo Donald Trump y el genocida Benjamín Netanyahu, y de yapa poniendo de manifiesto la exitosa estrategia iraní de cerrar a discreción el Estrecho de Ormuz y de destruir la infraestructura bélica estadounidense en Medio Oriente con drones de precio módico. Semejante vuelco en los acontecimientos dejó un tanto mal parados a los opositores internos y en el exilio de los herederos de la Revolución Islámica de 1979, entre ellos el señor que nos ocupa, Asghar Farhadi, quien como muchos otros cineastas iraníes construyó gran parte de su trayectoria denunciando la claustrofobia represiva del régimen de su país. Pareciera que el asunto tocó en serio alguna fibra de la idiosincrasia del director, uno de los mejores del cine del Siglo XXI, porque su nueva película, Historias Paralelas (Histoires Parallèles, 2026), constituye el primer paso en falso de su carrera, un trabajo que se siente desganado e insólitamente conserva poco y nada de ese melodrama de suspenso de antaño que apostaba por criterios testimoniales/ documentales, pareciéndose en cambio a la mediocridad promedio del séptimo arte reciente europeo y especialmente francés, toda una cinematografía nacional que gira alrededor de una amalgama absurda de cinismo, planteos humanistas, lugares comunes y esos detalles arty/ festivaleros que ya no convencen a nadie.
Recordemos cómo llegamos a este décimo y fallido largometraje porque Farhadi, de hecho, tuvo hasta el presente una trayectoria impecable que empezó con una correcta trilogía que pocos conocen, Bailando en el Polvo (Raghs dar Ghobar, 2003), Bella Ciudad (Shahr-e Ziba, 2004) y Miércoles de Fuegos Artificiales (Chaharshanbe-soori, 2006), el preámbulo para su fama dentro del circuito cinéfilo global de la mano de las prodigiosas A Propósito de Elly (Darbareye Elly, 2009) y La Separación (Jodaeiye Nader az Simin, 2011). Luego de otra trilogía pero enmarcada en cierto existencialismo europeo, aquella de El Pasado (Le Passé, 2013), El Viajante (Forushande, 2016) y Todos lo Saben (2018), el señor regresó a Irán en serio a través de Un Héroe (Ghahreman, 2021), joya que sin embargo ya anunciaba los problemillas por venir del realizador debido a una fuerte acusación de plagio de Azadeh Masihzadeh, colega de Asghar que había rodado un documental bajo su tutela, en un taller del Instituto Karnameh de Teherán, sobre el mismo caso en el que se inspiraba Un Héroe, ese de Mohammad Reza Shokri. En Historias Paralelas una mujer, Laurence (India Hair), contrata a un inmigrante árabe que vive precariamente en París, Adam (Adam Bessa), para que cuide de su tía escritora con cáncer de pulmón, Sylvie (Isabelle Huppert), la cual gusta de espiar en la calle y con un telescopio a un trío de sonidistas cinematográficos que vive en el edificio de enfrente, Théo (Pierre Niney) y la pareja de Nita (Virginie Efira) y Nicolás (Vincent Cassel), este último el hermano mayor de Théo y suerte de mandamás en esta mini empresa que se dedica al antiguo arte de reproducir/ crear en estudio sonidos de la pantalla para completar la postproducción, técnica popular cuando no se utilizaba el sonido directo.
El guión de Asghar, coescrito junto a su hermano Saeed Farhadi, por un lado es una remake tan innecesaria como superficial de Una Película de Amor (Krótki Film o Milosci, 1988), versión extendida del sexto capítulo del Decálogo (Dekalog, 1989-1990), célebre miniserie del polaco Krzysztof Kieślowski basada en los Diez Mandamientos de la Biblia, y por el otro lado da demasiadas vueltas para presentar una historia extremadamente simple, aquí la fascinación de Adam con Nita a partir de un relato que concibe Sylvie alrededor de los tres vecinos, en el papel los vértices de un triángulo amoroso porque la mujer, rebautizada Anna en honor a la madre de la escritora, está de novia con un Théo llamado Christophe aunque mantiene un affaire con un Nicolás denominado Pierre en el metarelato. Mientras que en la ficción de Sylvie esta olla a presión provoca el homicidio de Pierre a manos de Christophe, quien lo ahorca en su coche con un cable, en la realidad Adam se hace pasar por novelista y trata de acercarse a Nita entregándole lo que escribió su patrona como si fuese el producto de la imaginación del asistente/ criado, lo que despierta el interés de Christophe en la pareja de su hermano al extremo de que intenta violarla de manera un tanto impulsiva. Además del voyeurismo de telescopio símil Una Película de Amor pero también La Ventana Indiscreta (Rear Window, 1954), de Alfred Hitchcock, y Doble de Cuerpo (Body Double, 1984), de Brian De Palma, el film recupera el motivo sonoro de La Conversación (The Conversation, 1974), de Francis Ford Coppola, y El Sonido de la Muerte (Blow Out, 1981), otra de De Palma, e incluye una alusión a las ratas de Azul (Bleu, 1993), parte del ciclo de Kieślowski de los Tres Colores (Trois Couleurs) junto con Blanco (Blanc, 1994) y Rojo (Rouge, 1994).
Entre un erotismo casi inexistente y el gracioso cameo de Catherine Deneuve como Céline, la editora socarrona de Sylvie, el elenco hace lo que puede aunque las relaciones entre los personajes se sienten forzadas, tanto la obsesión con Nita de Adam, ex convicto por hurto, como los celos de Nicolás, que intuye una infidelidad de la susodicha con su hermano, y la misma atracción repentina de Théo hacia Nita, frenesí que lo lleva al intento de violación. La propuesta desdibuja progresivamente el peso del personaje de la querida Huppert y el supuesto misterio de la historia, centrada en un latiguillo repetido del cine ombliguista en consonancia con la realidad influenciando a la ficción influenciando a la realidad, esquema de espejos deformados donde las distinciones desaparecen o entran en crisis. Se agradece el gesto de reflotar el oficio literario y el contacto paradójico con el prójimo mediante los ojos y las palabras, no obstante la jugada a veces sabe a rancio debido a la previsibilidad del desarrollo, su clasicismo de índole museística y la presencia de esa profesión en decadencia en el nuevo milenio del sonidista de postproducción, todavía utilizado aunque muy lejos del auge en Europa de los años 50, 60 y 70. El coqueteo del comienzo con el policial muta en una relectura de segunda mano del existencialismo melancólico a lo Kieślowski, Ingmar Bergman o Michelangelo Antonioni que celebra nuestra imaginación y denuncia el racismo tácito de los franchutes, sobre todo en la demonización de Adam por parte de Théo y en la paliza reglamentaria en el metro de París del último acto. Quizás lo mejor -y lo menos trabajado por la película- sea la relación semi maternal entre Sylvie y su asistente, el único redimible en una serie de sujetos obsesionados con la mirada ajena y la inversión de roles…
Historias Paralelas (Histoires Parallèles, Francia/ Italia/ Bélgica/ Arabia Saudita, 2026)
Dirección: Asghar Farhadi. Guión: Asghar Farhadi y Saeed Farhadi. Elenco: Isabelle Huppert, Virginie Efira, Adam Bessa, Pierre Niney, Vincent Cassel, Catherine Deneuve, India Hair, Véronique Ruggia, Iris Bry, François Delaive. Producción: Asghar Farhadi, Gaëtan David, Andrea Occhipinti, David Levine, Alexandre Mallet-Guy y André Logie. Duración: 141 minutos.