Vértigo 2: Punto Muerto (Fall 2: Deadpoint)

Controlemos el miedo

Por Emiliano Fernández

El caso del realizador británico Scott Mann resulta algo curioso porque su carrera parece responder a la lógica de la Clase B de la segunda mitad del Siglo XX, época adorablemente vinculada a la cleptomanía cultural explícita y en este sentido todo lo ofrecido por Mann reenvía a otros trabajos mejores. Su ópera prima, La Competencia (The Tournament, 2009), es una amalgama de Carrera contra la Muerte (The Running Man, 1987), de Paul Michael Glaser, y Batalla Real (Batoru Rowaiaru, 2000), de Kinji Fukasaku, y su segunda odisea, Bus 657: El Escape del Siglo (Heist, 2015), no pasaba de la condición de copia berreta de Máxima Velocidad (Speed, 1994), opus de Jan de Bont con Keanu Reeves, Dennis Hopper y Sandra Bullock. A posteriori llegarían Atentado en el Estadio (Final Score, 2018), aquella reformulación para nada sutil de Duro de Matar (Die Hard, 1988), de John McTiernan, y Muerte Súbita (Sudden Death, 1995), de Peter Hyams, y Vértigo (Fall, 2022), refrito de la supervivencia en las alturas modelo Muerte bajo Cero (Frozen, 2010), de Adam Green, en sí prescindiendo del frío e intercambiando la aerosilla por una torre de telecomunicaciones. Vértigo, sin duda lo mejorcito entregado por Mann, tuvo una suerte de exploitation más volcado al suspenso, Turbulencia: Pánico en el Aire (Turbulence, 2025), del suizo Claudio Fäh, y ahora deriva en una secuela oficial escrita por los mismos guionistas de la original, el amigo Scott más Jonathan Frank, Vértigo 2: Punto Muerto (Fall 2: Deadpoint, 2026), en este caso bajo la batuta de los hermanos alemanes/ australianos Michael y Peter Spierig, los de las disfrutables Vampiros del Día (Daybreakers, 2009) y Predestination (2014) y esas mediocres o apenas simpáticas Undead (2003), Jigsaw (2017) y La Maldición de la Casa Winchester (Winchester, 2018), a su vez otros artesanos del bajo presupuesto posmoderno.

 

Muy en sintonía con las continuaciones un tanto laterales de finales del Siglo XX, aquí se dejan de lado a las dos protagonistas de antaño, Becky Connor (Grace Caroline Currey) y Shiloh Hunter (Virginia Gardner), escaladoras que efectivamente se subían a una torre de televisión abandonada para que la primera pudiese superar el fallecimiento accidental de su marido en una montaña, Dan Connor (Mason Gooding), y la historia nos presenta a Jax Hunter (Harriet Slater), hermana colorada de una Shiloh que murió tratando de alcanzar una mochila luego de que ella y Becky quedasen atrapadas en la torre de turno por una escalera avejentada que caía al vacío. Una amiga/ colega de la finada que compartía su berretín con las alturas más peligrosas, Luce (Arsema Thomas), convence a Jax de partir hacia el Monte Kwan, en Tailandia, siguiendo los planes truncos de la occisa en una especie de diario de proyectos de alpinismo, de este modo viajan hacia el país del Sudeste Asiático y deciden contratar a un guía inglés que lleva ocho años viviendo allí, Jon Platt (Tom Brittney), el cual les pide cinco mil dólares para acompañarlas hasta un cruce en las alturas que arrastra tres décadas cerrado a raíz de terremotos, lluvias y desprendimientos imprevistos de rocas, El Codo del Diablo. El sol hermoso deja paso a una tormenta y eventualmente el trío se separa cuando el agua provoca la aparición de rocas que parecen haber matado a un Jon al que después las ninfas escuchan por radio, no obstante las mujeres quedan atrapadas en la montaña entre dos pasarelas ultra destruidas y se obsesionan con recuperar una mochila que cuelga en el vacío gracias a un soporte precario, excusa para que Luce le confiese a Jax que padece un cáncer en estado terminal y que su nombre verdadero es Billie, una seguidora en las redes sociales de Shiloh que se hizo pasar por su amiga afroamericana a puro morbo.

 

La premisa vuelve a ser tan ridícula como en el primer capítulo porque la catarsis por la muerte del ser querido pasa por arriesgar gratuitamente la propia vida en algún reto absurdo y mayormente improvisado, una forma de manejarse paradigmática de burgueses sin nada valioso o memorable que hacer. El sustrato de secuela del film se duplica espiritualmente en el déjà vu narrativo/ conceptual vinculado al gesto de Jax de seguir los pasos de la occisa según su álbum de recortes con look de diario, planteo que es reforzado por la seguidilla de flashbacks sobre los hermanas saltando en paracaídas o jugando en la niñez con el objetivo de enfatizar la relación tensa, distante, entre ambas. Otra vez aparecen por ahí los buitres simbolizando a la naturaleza que reclama la suculenta carne del idiota y una escalera en mal estado que sitúa en primer plano la fragilidad de las construcciones humanas, la falta de mantenimiento en el capitalismo obsoletista y la necedad de los mismos personajes, como decíamos con anterioridad poniéndose en peligro por narcisismo o para contentar a extraños del ecosistema virtual o “respetar el legado” de imbéciles suicidas del entorno cercano. La dinámica protagónica también reproduce a su homóloga de cuatro años atrás, así la negra es la optimista y la colorada la pesimista o con menos experiencia en alpinismo y/ o deportes extremos, a lo que se suma la presencia del escalador experto con secretitos, Jon, señor que no puede garantizar la seguridad y ni siquiera es capaz de chequear el pronóstico del tiempo para evitar esa tormenta que provoca el desprendimiento de piedras (la torpeza del guión de Mann y Frank, por momentos rozando el camp, recuerda un detalle de la Vértigo original, hablamos de la ausencia de guantes para escalar entre los bártulos de Becky y Shiloh para aquella aventura de la torre, en especial debido a tanta cuerda y tanto esfuerzo involucrado).

 

Resulta muy gracioso que las burguesas abandonen de inmediato a su suerte al varón, como feminazis misándricas del montón, y que la trama en general vuelva a caer en la estupidez del primer film en lo que atañe a caminar al unísono sobre estructuras endebles volcando todo el peso disponible de golpe, antes una escalera y ahora una pasarela minúscula, amén del hecho de jamás comprobar los escalones o los soportes antes de pisarlos para terminar de aniquilar de manera involuntaria la pretendida “experiencia” de Shiloh y su heredera, Luce/ Billie. Se podría aseverar que el trasfondo melodramático regresa aunque en una versión degradada o más bien raquítica, pensemos que en el opus previo estaba apuntalado en un triángulo amoroso grosero pero creíble con Dan y ahora el asunto se condice con una fan cancerosa de Shiloh que se hace pasar por su amiga frente a los ojos de la hermana, esa crédula y supuestamente pusilánime Jax, lo que desde ya perpetúa el discurso darwinista social que le encanta al capitalismo de yanquilandia en materia de que sólo los más fuertes sobrevivirán, en términos del lenguaje de Vértigo 2: Punto Muerto aquellos que logran controlar su miedo enfrentándose a una amenaza más grande que la vida misma, el ficticio Monte Kwan sin un ápice de la poesía de aquellos molinos de viento de Don Quijote de la Mancha (1605-1615), cumbre de Miguel de Cervantes Saavedra. Apelando a menos tetas insinuadas y una mayor dosis de equilibrio de corte circense, la película no llega a ser mala aunque indudablemente resulta rutinaria, sensiblera, aburrida, redundante y simplona, por un lado actuada a desgana y por el otro tan delirante en su noción de base como se esperaba en función del primer eslabón, sin embargo la fotografía de Andrew Strahorn cumple con dignidad ya que aprovecha las bellas locaciones en Tailandia para generar terror y angustia. Tampoco llega a molestar la transformación fetichizada por el relato, esa del personaje de Slater de lumpen miedosa a gimnasta todo terreno, e incluso resulta bienvenido el insólito salto a thriller ochentoso narco de las postrimerías de la epopeya, no obstante la jugada también cae en el ridículo gracias a las dos señoritas exudando estupidez al no darse cuenta de que a su guía de turismo le faltan dos dedos de la mano izquierda, supuesto castigo de parte de sus jefes de la mafia del tráfico de fentanilo por fallar en las entregas a Myanmar…

 

Vértigo 2: Punto Muerto (Fall 2: Deadpoint, Reino Unido/ Estados Unidos/ Australia, 2026)

Dirección: Michael Spierig y Peter Spierig. Guión: Scott Mann y Jonathan Frank. Elenco: Harriet Slater, Arsema Thomas, Tom Brittney, Virginia Gardner, Sahajak Boonthanakit, Korakod Yensuk, Jordan Coleman, Maryna Bennett, Charlie Ruedpokanon, Nattapon Sukpiam. Producción: Scott Mann, Christian Mercuri, Mark Lane, James Harris y David Haring. Duración: 98 minutos.

Puntaje: 3