Hope: El Primer Impacto (Hopeu)

Humanismo descocado

Por Emiliano Fernández

El cine de Corea del Sur experimentó una explosión creativa y en popularidad, en especial durante la primera década del Siglo XXI, que le ha permitido internacionalizarse a niveles insospechados gracias al talento de pioneros varios como Na Hong-jin, Kim Jee-woon, Park Hoon-jung, Bong Joon-ho, Lee Jeong-beom, Ryoo Seung-wan y sin duda el más conocido de todos, Park Chan-wook, en suma un heredero espiritual del boom en las décadas del 70 y 80 del enclave hongkonés de acción y durante las postrimerías de la centuria pasada del horror proveniente de Japón. Si bien a posteriori este acervo cultural tan específico, cruza de sátira comunal con géneros duros, personajes memorables y un perfeccionismo a escala técnica que no tiene nada que envidiarle a Hollywood, se estandarizó al extremo de que casi todas las plataformas actuales de streaming tienen un apartado de cine y series surcoreanas, la mayoría de los autores citados se mantuvieron al margen de la uniformización certificada por el mainstream o la utilizaron para su beneficio privilegiando proyectos muy propios y aprovechando la distribución mundial instantánea del caso, amén del hecho de que en el rubro también es posible descubrir otras cosillas que van desde las odiseas de zombies de Yeon Sang-ho, pasan por el ecosistema arty de Kim Ki-duk y Lee Chang-dong y llegan a las comedias de Lee Hae-jun, Jang Joon-hwan y Lee Hwan-kyung, entre otros realizadores que en mayor o menor medida le han escapado al estereotipo de la cinematografía nacional surcoreana, el thriller en sus múltiples alternativas porque podemos toparnos con la variante policial, la de acción, la de suspenso o esa cercana al delirio en función del peligro de turno.

 

De este pelotón Na constituye uno de los directores y guionistas más curiosos porque se toma su tiempo entre proyecto y proyecto y en términos concretos sólo ha entregado cuatro largometrajes en una trayectoria de más de dos décadas que empezó con un par de cortos a comienzos del nuevo milenio, A Perfect Red Snapper Dish (Wanbyeoghan Domiyoli, 2005) y Sweat (Han, 2007), efectivamente el preámbulo para dos dípticos que pueden agruparse en el campo del thriller, The Chaser (Chugyeokja, 2008) y The Yellow Sea (Hwanghae, 2010), la primera sobre un proxeneta en busca de un asesino en serie que le mataba a sus putas y la segunda acerca de un taxista que se transformaba en sicario y chivo expiatorio intercambiable, y en la fantasía más rimbombante, The Wailing (Gokseong, 2016) y Hope (Hopeu, 2026), films que giran alrededor de sendos oficiales de la ley que deben hacer frente a un demonio prosaico y una colección de extraterrestres, respectivamente. Su obra más reciente, retitulada Hope: El Primer Impacto para un milagroso estreno en el mercado hispanoparlante, es quizás la más floja de las propuestas de Na debido al doble hecho de que las anteriores son sublimes y la que nos ocupa “únicamente” es muy buena, detalle que ratifica la maestría del señor y por supuesto significa que estamos ante una de las mejores faenas del año en curso con una cocina que se remonta a una década atrás, largo trecho en el que el asiático asimismo se entretuvo escribiendo un guión con ecos no tan lejanos de The Wailing para un opus muy poco visto, The Medium (Rang Song, 2021), trabajo correcto de horror modelo mockumentary del tailandés Banjong Pisanthanakun que supo producir.

 

Hope, como decíamos con anterioridad, se centra en Ko Bum-seok (Hwang Jung-min), el jefe de policía soberbio y muy malhablado de Hope Harbor, un pueblito lindante a la Zona Desmilitarizada de Corea, esa frontera deshabitada y en eterna tensión entre el sur y el norte cuya paranoia está resumida en la seguidilla de carteles que alertan sobre animales feroces, minas antipersonales de ambos lados y la necesidad de denunciar a los posibles espías del otro bando. Con gran parte de los escasos recursos de la comarca volcados a una sarta de incendios forestales, Bum-seok comienza a investigar lo que parece ser el mortal ataque de un tigre sobre algunas vacas y pronto deriva en la destrucción de Hope Harbor y la masacre generalizada de sus habitantes, casi todos ancianos, por parte de una misteriosa criatura a la que nuestro protagonista da cacería ayudado por una uniformada un tanto inexperta pero decididamente eficaz, Im Sung-ae (Jung Ho-yeon). La criatura, un humanoide enorme con piel gruesa y una velocidad que le impide frenar con precisión, termina atropellada por un camión aunque el asunto rápidamente empeora ya que Bum-seok toma conocimiento de la causa de la arremetida asesina, la bala que un carpintero idiota, Yang-bae (Eum Moon-suk), le metió en la cabeza a una cría de los monstruos, en realidad alienígenas que descendieron por desesperación sobre el Planeta Tierra como descubre el primo segundo del policía, Ko Sung-ki (Zo In-sung), a su vez líder de una partida de caza que en el medio del bosque de la Zona Desmilitarizada encuentra una nave espacial circular con una gigantesca recámara a modo de subsuelo que parece ser una guardería, dando a entender todo lo que está en juego.

 

Como sucedía en The Wailing y en mucha menor medida en The Chaser y The Yellow Sea, el cuarto film de Na, que en un principio parece una reformulación de la fábula ecologista de The Host (Goemool, 2006), joya de Bong Joon-ho, por un lado aglutina ingredientes de varios géneros, hoy la ciencia ficción, la comedia negra, el terror de engendros homicidas, la acción vertiginosa, el western y la parodia social, y por el otro lado desparrama escenas brillantes a diestra y siniestra en un metraje generoso, aquí unos 156 minutos que ofrecen tanto dos secuencias magníficas de acción con cámara lenta a lo Sam Peckinpah o John Woo, la inicial por la localidad devastada y la final en la carretera, como una retahíla de excentricidades mordaces exquisitas en línea con el asesinato accidental de un cocinero de parte del jefazo del aparato represivo más un coronel retirado, Ahn Nak-yeon (Lee Sang-hee), aquella autopsia brutal con serruchos e incluso una motosierra sobre el cuerpo del primer alienígena (Cameron Britton), del cual se extrae un órgano desconocido, y desde ya la visita a la pocilga donde vive Yang-bae, de hecho un tarado importante que a todas luces padece el Síndrome de Diógenes, entre otras patologías. La película no es perfecta porque el CGI en algunos momentos exuda precariedad, el tercer acto abusa del grotesco modelo Clase B -indestructibilidad de todos los personajes de por medio- y el final abierto basado en una aristocracia extraterrestre en el exilio resulta un tanto facilista en sintonía con un blockbuster yanqui de superhéroes, no obstante Na se encarga de compensar el asunto con la destrucción de Hope Harbor, de una minuciosidad suprema, la imaginación detrás del diseño de las criaturas estelares, a mitad de camino entre el manga/ anime y los recordados Ingenieros de Prometheus (2012), de Ridley Scott, y un trasfondo conceptual extraordinario que sirve de telón de fondo y en gran medida explica el desarrollo estrafalario del relato, pensemos por ejemplo en los dardos complementarios contra el belicismo y la violencia de hoy en día (el fantasma de la Guerra de Corea ya prácticamente no existe y se utiliza como una excusa a nivel de los diferentes gobiernos de ambos lados de la frontera para acumular poder apelando al miedo y el oscurantismo del pueblo, dos recursos de la derecha en todo el globo), la naturalización de las armas en el sustrato cotidiano (esta especie de exportación del fetiche estadounidense con el armamento Na la pone de manifiesto mediante primeros planos constantes de ametralladoras, municiones y lanzagranadas que los lugareños roban del tenebroso arsenal de la comisaría del pueblito) y finalmente la misma estupidez del ser humano en este nuevo milenio de fascismo neoliberal payasesco (todos los personajes son en algún punto odiosos a raíz de su agresividad, trasfondo atolondrado, narcisismo o falta de empatía y una mínima paciencia). Hope es la típica epopeya surcoreana que entrega ambición, perspicacia y riqueza temática y hace bien todo lo que los norteamericanos hacen mal, hablamos de un humanismo descocado que puede aparecerse con cualquier cosa en cualquier instante, desde las lágrimas de un alienígena en plena persecución o la diarrea de un vejete en el bosque, el Señor Hae-sul (Im Hyun-sik), hasta un caso de nepotismo, vía la presencia decorativa en la policía del sobrino del alcalde, o aquella insólita aparición en los últimos minutos de unos irreconocibles Michael Fassbender y Alicia Vikander, pareja en la vida real, como Ma’veyyo y J’aur, un guardia y la emperatriz de los visitantes del cosmos…

 

Hope: El Primer Impacto (Hopeu, Corea del Sur, 2026)

Dirección y Guión: Na Hong-jin. Elenco: Hwang Jung-min, Zo In-sung, Jung Ho-yeon, Michael Fassbender, Alicia Vikander, Eum Moon-suk, Lee Sang-hee, Im Hyun-sik, Taylor Russell, Cameron Britton. Producción: Na Hong-jin, Kim Sae-mi y Kim Sae-rom. Duración: 156 minutos.

Puntaje: 8