A la industria cultural del Siglo XXI le encanta la temática de la supervivencia porque se condice con el darwinismo social de esta fase del capitalismo, especie de guerra cruzada y generalizada en la que cada uno se vale por su cuenta y el entorno es siempre percibido de manera paranoica como hostil o invasivo, típico lavado de cerebros desde las cúpulas de la plutocracia hacia los tarados del vulgo bajo el objetivo de desmantelar la única herramienta que tienen para resistir e imaginar un mundo mejor, la solidaridad o sindicalización de la lucha comunal para eliminar a la oligarquía y al resto de la lacra parasitaria en cuestión. En este sentido el cine nos ha bombardeado recientemente con coyunturas de supervivencia extrema como la torre de telecomunicaciones de Vértigo (Fall, 2022), de Scott Mann, la tienda por departamentos de Cacería Sangrienta (Wake Up, 2023), de Anouk Whissell y Yoann-Karl Whissell, la cabina sumergida de avión de Atrapados en lo Profundo (No Way Up, 2024), de Claudio Fäh, el propio cuerpo de No te Muevas (Don’t Move, 2024), de Brian Netto y Adam Schindler, aquel globo aerostático de aire caliente de Turbulencia: Pánico en el Aire (Turbulence, 2025), otra de Fäh, la supuesta isla inhóspita de ¡Ayuda! (Send Help, 2026), de Sam Raimi, y las pasarelas montañosas destruidas de Vértigo 2: Punto Muerto (Fall 2: Deadpoint, 2026), de los hermanos Michael y Peter Spierig, entre otras propuestas semejantes que fetichizaron determinado latiguillo retórico para provocar claustrofobia.
Sin duda una de las películas más ridículas aunque paradójicamente más satisfactorias del formato es La Caída de la Ballena (Whalefall, 2026), film de Brian Duffield que analiza la crianza masculina promedio y puede describirse como una mixtura del ataúd de Enterrado (Buried, 2010), de Rodrigo Cortés, y el cañón traicionero -y toda la artillería sensorial- de 127 Horas (127 Hours, 2010), de Danny Boyle. Duffield nunca fue un artista fundamental del presente ni mucho menos, basta con recordar que escribió y dirigió las intrascendentes Espontánea (Spontaneous, 2020) y Nadie Podrá Salvarte (No One Will Save You, 2023), una comedia negra fantástica y un thriller de ciencia ficción, y desparramó guiones para terceros entre los que se cuentan los horrendos de Insurgente (Insurgent, 2015), de Robert Schwentke, La Venganza de Jane (Jane Got a Gun, 2015), de Gavin O’Connor, La Niñera: Reina Letal (The Babysitter: Killer Queen, 2020), de Joseph McGinty Nichol alias McG, y Amor y Monstruos (Love and Monsters, 2020), de Michael Matthews, y aquellos bastante potables de La Niñera (The Babysitter, 2017), también de McG, y Amenaza en lo Profundo (Underwater, 2020), opus de William Eubank con Kristen Stewart. La obra está basada en el libro homónimo de 2023 de Daniel Kraus, en esencia conocido por haber escrito un par de novelas con Guillermo del Toro y otro par con George A. Romero, en este último caso completando de manera póstuma algunos textos que dejó el papi de los zombies modernos.
Jay Gardiner (Austin Abrams), un joven estudiante universitario originario de California, siempre tuvo una relación cordial con su madre, Zara (Elisabeth Shue), y sus dos hermanas, Eva (Jane Levy) y Nan (Emily Rudd), aunque no así con su padre, Mitt (Josh Brolin), gran amante del buceo y del ecosistema oceánico que veía con espanto la influencia humana en la flora y la fauna y que recientemente se suicidó en las aguas por padecer un tipo raro de cáncer, el mesotelioma. Mitt, un sujeto duro y poco comunicativo por fuera de los cuidados para lidiar con las profundidades, se enfrentó con Jay durante el período terminal de su enfermedad y por ello el muchacho optó por no visitarlo ni leer la carta que le dejó, así las cosas tiempo después del óbito el protagonista pretende hacer las paces a modo simbólico buscando el cadáver de su progenitor en el Océano Pacífico pero termina presenciando la persecución de un cachalote sobre un calamar. De repente tragado por el mamífero y con un tubo de oxígeno para una hora, Gardiner deberá sobrevivir adentro del animal y comenzará a alucinar que el cachalote, eventualmente atacado por un grupo de orcas y defendido por una manada de los suyos, de hecho es su padre que le ofrece esa oportunidad de despedirse que en la vida real no tuvo porque el último encuentro derivó en una pelea. Aquí pasamos por los distintos estadios del aparato digestivo y nos topamos con otras criaturas, sobre todo una pequeña medusa amiga que ilumina y el calamar pesadillesco que sigue dando batalla.
Jay acumula una retahíla de tribulaciones como manos quemadas a raíz del ácido gástrico, unas costillas rotas por la intención del cetáceo de “masticarlo”, un tobillo quebrado por una caída, una mano lastimada por una pinza de un cangrejo y tímpanos reventados debido a la misma presión de las profundidades. La Caída de la Ballena, título que hace referencia a la regeneración del ecosistema acuático a partir del animal sin vida, constituye un trabajo consagratorio para Abrams al igual que Resident Evil: Noche Cero (Resident Evil, 2026), aquella faena de Zach Cregger en la que también padecía un destino tenebroso porque se convertía de a poco en un monstruo imparable e hiper grotesco compuesto de otros seres humanos, sin olvidarnos de sus participaciones en Euphoria (2019-2026), la serie de Sam Levinson para HBO, y La Hora de la Desaparición (Weapons, 2025), su otra colaboración con Cregger. El guión de Duffield y Kraus reflexiona acerca de un abanico de temáticas en línea con la figura paterna despótica aunque sabia, los ejemplos positivos y negativos en la crianza, todos los problemas para comunicarse de la masculinidad, los conflictos familiares en general, la búsqueda de aprobación por parte de los hijos con respecto a los padres, la dificultad para pedir perdón en tiempos ultra individualistas como estos, las compulsiones en la vida adulta, el doloroso proceso del luto, las diversos entretelones de las enfermedades terminales y la eutanasia o muerte digna, el ecologismo radical en nuestro nuevo milenio, la culpa de larga data y desde ya la eclosión hacia la madurez cortando algún que otro lazo regresivo, ya sea familia o traumas en sí. A medida que avanza la película se vuelve más descabellada y se torna algo redundante en sus planteos vinculados al peligro anatómico y la relación de amor y odio con el progenitor, de hecho en varias ocasiones disfrazando de profundidad existencialista lo que en verdad es melodrama de vieja cepa, no obstante el desempeño de Abrams siempre es verosímil y lo que entrega Brolin en los flashbacks y las alucinaciones -incluso mediante su voz en off- salva las papas por la evidente potencia del veterano, aportando intensidad para que la tragedia del corazón sea más grande que la vida misma y justifique las referencias implícitas de fondo, hablamos de Jonás, profeta bíblico que sería engullido por un “gran pez”, y de Pinocho, personaje creado en 1881 por Carlo Collodi que en un episodio de sus archiconocidas aventuras era devorado por un tiburón gigante, en cuyo vasto estómago encontraba a su padre/ creador, el carpintero Geppetto…
La Caída de la Ballena (Whalefall, Estados Unidos, 2026)
Dirección: Brian Duffield. Guión: Brian Duffield y Daniel Kraus. Elenco: Austin Abrams, Josh Brolin, Elisabeth Shue, Jane Levy, Emily Rudd, John Ortiz, Kamy D. Bruder, Nicholas Gould, Sam Skolnik, Grayson Paul Solomine. Producción: Brian Duffield, Allan Mandelbaum, Brian Grazer y Jeb Brody. Duración: 106 minutos.