Caiga Quien Caiga (The Harder They Come)

Ocho azotes de vara de tamarindo

Por Emiliano Fernández

Para comprender una película como Caiga Quien Caiga (The Harder They Come, 1972), tanto el único film del director y guionista jamaiquino Perry Henzell como la primera obra del país en alcanzar algún tipo de repercusión en los mercados interno y externo, hay que entender primero el largo periplo histórico que nos llevó hasta este punto, en este sentido pensemos que Jamaica en un inicio estaba habitada por indígenas arahuacos y sobre todo taínos que empezaron a morir en masa luego de la llegada en 1494 de Cristóbal Colón a la isla caribeña, período colonial español en el que se esclavizó a los locales y se propagó un popurrí de enfermedades introducidas por la lacra europea. Los españoles reemplazaron la mano de obra faltante para la producción de materias primas mediante la importación de esclavos africanos, muchos de los cuales lograron huir y formaron comunidades en zonas remotas uniéndose con los aborígenes que quedaban con vida, grupo étnico hoy conocido como los cimarrones jamaiquinos. Gran Bretaña invade la isla en 1655 y eventualmente traslada la capital de Spanish Town a Kingston y rebautiza el territorio como Jamaica para dejar atrás la denominación española, Colonia de Santiago, ahora volcando la economía a enormes plantaciones de caña de azúcar, más algunas de café y algodón, que dependían de la incesante llegada de esclavos negros que pasaron a constituir la mayoría de la población. Luego de una catarata de rebeliones de siervos y guerras con los cimarrones, el Imperio Británico opta por abolir la esclavitud entre 1834 y 1838 y así obliga a los terratenientes blancos vernáculos a importar mano de obra semi esclava de India y China, generando la aparición de sendas comunidades en la de por sí heterogénea isla. Como los otrora esclavos se negaban a trabajar de nuevo en las plantaciones y el dominio de los ingleses no ofrecía alternativa laboral, la pobreza y el desempleo se extendieron entre los afrodescendientes y la represión colonial se incrementó para evitar todo alzamiento y mantener la hegemonía en semejante polvorín, desembocando en la aparición a principios del Siglo XX de Marcus Garvey, figura política controvertida de extrema derecha que aglutinaba ideas separatistas, antisocialistas, nacionalistas negras, antisemitas y panafricanistas que llevarían al bizarro nacimiento en la década de 1930 del Movimiento Rastafari, una religión de tipo sincrético tendiente a recuperar conceptos del cristianismo protestante y de los colectivos africanos e indígenas para oponerse a Babilonia, la sociedad capitalista occidental, y luchar por la mudanza de la diáspora afrocéntrica a Sión, una África romantizada que jamás existió y que sus “profetas” ni siquiera conocían, todo a su vez respetando el liderazgo de Haile Selassie, emperador de Etiopía durante la friolera de 44 años que sería asesinado justo después del Golpe de Estado de influjo socialista de 1974 y que los rastafaris consideraban la segunda venida de Cristo y/ o la encarnación de Jah, Dios en este ideario de impronta monoteísta.

 

Bajo los intentos de los británicos de “modernizar” el país y contener el descontento por las consecuencias de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, surge el bipartidismo en Jamaica, léase la pugna sostenida entre el Partido Laborista de Jamaica (JLP), conservador, y el Partido Nacional del Pueblo (PNP), de izquierda, facciones que por cierto se pusieron de acuerdo a la hora de presionar al Reino Unido por la independencia, cosa que finalmente ocurre en 1962 aunque bajo el paraguas de la Mancomunidad de Naciones, lo que implica autonomía política aunque reconociendo al monarca británico como soberano. La primera década de independencia quedó en manos del JLP de Alexander Bustamante y vio un fuerte crecimiento económico que fue desigual porque en esencia los negros seguían viviendo en barriadas pobres de las ciudades, de allí el colorido ecosistema criminal especialmente de Kingston, mientras el país a nivel general se enriquecía en primer lugar debido al turismo anglosajón y la extracción de bauxita, una roca de la que se obtiene aluminio, y en segunda instancia por la producción manufacturera y la agricultura. El cambio llega gracias a las elecciones de 1972 y el ascenso del PNP de Michael Manley, que implementó un programa progresivo de gobierno basado en mejores laborales, educativas, de vivienda, agrícolas y salariales, además de oponerse al apartheid en Sudáfrica y acercarse al Bloque Soviético. Las consecuencias de la Crisis del Petróleo de 1973 y la intensificación del neoliberalismo, la violencia política y la Guerra Fría a lo largo de los años 70 castigan a la nación y llevan en 1980 al regreso del JLP bajo el liderazgo de Edward Seaga, que se alinea con Ronald Reagan y empeora sustancialmente la economía al pedir una serie de préstamos al Fondo Monetario Internacional, el cual a su vez obliga a aplicar sus recetas hambreadoras de siempre y genera huelgas, un funesto descenso en el turismo y el cierre de prácticamente todas las productoras de aluminio que aún quedaban en pie. Henzell filma la película entre 1970 y 1972, en las postrimerías del gobierno de Bustamante, y la estrena precisamente durante la llegada de Manley al poder, generando en simultáneo un gigantesco éxito de taquilla en Jamaica, porque la población negra por primera vez podía identificarse con personajes hablando criollo jamaiquino, una cruza del inglés con el francés, el castellano y las lenguas africanas, y una mínima aunque a la postre muy importante exportación, por ello la propuesta sería fundamental en la popularización del reggae en determinados nichos melómanos del planeta que se empaparían del estilo y de su vinculación vía el rastafarismo con los dreadlocks, el cannabis o ganja y la idiosincrasia contracultural del panafricanismo, además la presencia protagónica de Jimmy Cliff, figura musical central de la época junto a Bob Marley y Peter Tosh, generaría interés en parientes del reggae como el mento, el ska, el rocksteady, el dub y el dancehall, todos cruciales en la eclosión del punk y la new wave.

 

Escrita por Henzell, un trotamundos y publicista blanco que ensambló el soundtrack para Island Records y nunca más podría terminar otro film por falta de financiamiento, y Trevor D. Rhone, dramaturgo negro que osó dirigir una sátira de aquella industria del turismo en crisis homologada a las clases altas anglosajonas del extranjero, Smile Orange (1976), la propuesta traslada a los años 70, dominados por esa marihuana y ese reggae que a su vez venían en ascenso desde la década anterior, el derrotero del criminal jamaiquino Vincent “Ivanhoe” Martin alias Rhyging (1924–1948), un muchacho que se convirtió en un héroe popular en Jamaica por su costumbre de defenderse a sí mismo en los juicios, escapar de la cárcel, enviar cartas y fotografías a los periódicos y asesinar a policías y sus informantes siempre que podía en venganza por sentencias de prisión y el castigo estándar de la época por hurto y lesiones, la flagelación. La trama en sí es muy simple y arranca con la llegada a Kingston de Ivanhoe Martin alias Iván (Cliff), un joven pobre del interior rural que luego del funeral de su abuela visita en la ciudad a su madre (Lucia White) y ésta le recomienda que pregunte por trabajo a un predicador sin nombre (Basil Keane), quien adoptó a una ninfa con la idea de transformarla en su amante o esposa, Elsa (Janet Bartley). Como un vendedor ambulante le robó sus pertenencias, no le gusta comer en basurales, es echado cuando pide limosna y no logra ingresar en obras en construcción por no tener experiencia, Iván se resigna a trabajar para el payasesco e hipócrita clérigo, el cual termina consumido por los celos y la furia cuando el muchacho inicia una relación con Elsa, eventualmente despidiéndolo y generando una pelea de armas blancas con el lugarteniente del predicador, Longa (Elijah Chambers), a raíz de una bicicleta que el protagonista construyó a partir de un cuadro abandonado. Sentenciado a ocho azotes de vara de tamarindo y con sueños de convertirse en una estrella del reggae, Iván se muda con Elsa aunque la pareja no prospera porque ella no consigue trabajo y el joven graba una canción con potencial de hit, de hecho The Harder They Come, pero el productor mafioso de turno amigo de los sobornos radiales, Hilton (Bob Charlton), le paga únicamente 20 dólares y no le da la difusión que necesita. Un jerarca delictivo intermedio de Kingston, José (Carl Bradshaw), convierte a Iván en narcotraficante especializado en marihuana y así el personaje de Cliff con el tiempo deduce que corre riesgos a diario y el dinerillo jugoso se lo llevan otros. Debido a las quejas del migrante y su idea de no pagar más las reglamentarias comisiones, José y su mano derecha en la policía corrupta, el Detective Ray Jones (Winston Stona), pretenden emboscar a Iván a través de un uniformado en motocicleta que termina asesinado, desencadenando una fuga y un raid criminal que transforman en mito al joven y en un hit a su canción, por ello Jones la prohíbe en las radios y corta el flujo de hierba para que los narcos entreguen a Martin.

 

Con diálogos en criollo jamaiquino, idioma oral y marginal que surgió del pidgin o inglés simplificado y que está siempre en tensión con el dialecto oficial, el inglés jamaiquino, la realización posee intercambios y un acento francamente incomprensibles sin subtítulos y un trasfondo documentalista que se unifica con otros ingredientes, sobre todo una edición cuasi hipnótica, actuaciones amateurs aunque muy dignas y una andanada de canciones memorables de The Slickers, Scotty, The Maytals, Desmond Dekker, The Melodians y desde ya el estupendo Cliff, aportando clásicos de la talla de You Can Get It If You Really Want, Many Rivers to Cross y la misma The Harder They Come. Entre curiosidades como la escena en la que Iván y José concurren a una proyección de Django (1966), el glorioso spaghetti western de Sergio Corbucci con Franco Nero, y la secuencia desde el punto de vista del uniformado baleado en motocicleta o aquella otra de la fantasía sexual sacrílega de Elsa en medio de la pantomima religiosa frenética de los evangélicos, el film por un lado jamás se queda en un hipotético blaxploitation de eje “exótico” y va más allá, recuperando elementos del neo noir, las faenas musicales y el drama testimonial sórdido, y por el otro lado indaga en temáticas en el Siglo XXI todavía vigentes como la insensibilidad cultural, la pobreza, la hipocresía religiosa, la inequidad social, la ignorancia, el canibalismo entre lúmpenes, el olvido estatal, la delincuencia, la mafia de la industria musical y los anhelos de alcanzar una celebridad o más bien prosperidad que dure en el tiempo y no implique humillaciones a instancias de los psicópatas en el poder. Henzell, que en 1974 rodaría una segunda película hasta eventualmente quedarse sin fondos, No Hay Lugar como el Hogar (No Place Like Home), opus costumbrista que circuló en una versión mutilada en festivales internacionales durante 2006, año de la restauración tardía de Caiga Quien Caiga, retoma episodios concretos de la existencia de Rhyging en sintonía con la trampa policial nocturna, la revancha matando a la mujer del delator, los contactos con la prensa y el envío de fotos exhibiendo dos revólveres, el intento de escape marítimo hacia Cuba y aquel asesinato a los 24 años de edad en una playa debido al acoso de los esbirros del aparato represivo. Aquí se traza una suerte de oposición entre el mundo terrenal o hedonista o comprometido de Iván y la ética piadosa, conformista y bastante farisea de Elsa, por ello el hit enfatiza la venganza social, el dejo anticristiano/ antiexplotación y la conciencia de clase de nuestro antihéroe y de la militancia negra en general de entonces, condimentados por la cerveza y el cannabis, mientras que la hembra oficia de entregadora a la ley según esa tradición del policial que se remonta a La Jungla de Asfalto (The Asphalt Jungle, 1950), de John Huston, y Casta de Malditos (The Killing, 1956), de Stanley Kubrick. El realizador no sólo homenajea a nivel espiritual con las escenas musicales a aquellos sound systems jamaiquinos del período, las mixturas de DJs, ingenieros de sonido y MCs, sino que además vincula la subcultura de los “rude boys”, surgida de la miseria metropolitana de los 60 en Jamaica, con los westerns posmodernos y las epopeyas nihilistas de gangsters a escala macro, de allí que celebre a Iván/ Rhyging como una actualización de Robin Hood, a su vez más adelante citado en The Guns of Brixton, joya de The Clash correspondiente a London Calling (1979) y consagrada a retratar el combate de los inmigrantes jamaiquinos de Londres contra la brutalidad policial y la recesión neoliberal cortesía de Margaret Thatcher. La fama musical en pantalla deja paso a su homóloga delictiva, vinculada a la marginalidad y la violencia, para en el último acto ambas fusionarse mediante la muerte del ídolo de los proletarios y los sectores que quedan afuera del modelo parasitario capitalista, pensemos que la visceralidad de la fotografía se confunde con un estudio etnográfico, por cierto repleto de primeras -o únicas- tomas y cámaras escondidas sin permiso oficial alguno, y que las estrategias de la ley para eliminar al bandolero/ forajido del pueblo se condicen con la crueldad promedio del aparato colonial y postcolonial, hablamos del doble recurso de cortarle la voz, prohibiendo sin más su canción, y de sabotear su sustento en el desierto económico citadino, el narcotráfico…

 

Caiga Quien Caiga (The Harder They Come, Jamaica, 1972)

Dirección: Perry Henzell. Guión: Perry Henzell y Trevor D. Rhone. Elenco: Jimmy Cliff, Carl Bradshaw, Janet Bartley, Basil Keane, Elijah Chambers, Bob Charlton, Winston Stona, Lucia White, Ras Daniel Heartman, Carlton Lee. Producción: Perry Henzell. Duración: 103 minutos.

Puntaje: 10