Primetime

Presión y puesta en escena

Por Emiliano Fernández

Así como Dateline, magazine semanal de la cadena televisiva NBC que viene emitiéndose desde 1992, fue uno de los precursores de la omnipresencia del true crime en el Siglo XXI, antes bajo el formato de investigaciones periodísticas y ahora fundamentalmente como miniseries ficcionales para el streaming, uno de los segmentos del show en cuestión, Para Atrapar a un Depredador (To Catch a Predator, 2004-2007), popularizó en el ambiente anglosajón la unificación de tres ingredientes a su vez hermanados a través de la cámara oculta y la instigación al delito, hablamos del engaño, el escrache y el arresto de supuestos pedófilos, todo en el marco de una insólita complicidad entre el poder judicial, la policía, parte de la producción de Dateline y sobre todo un grupo de vigilantes digitales que operó entre 2002 y 2019, Justicia-Pervertida (Perverted-Justice), en esencia una organización que utilizaba voluntarios adultos para hacerse pasar por menores de edad en salas anónimas de chat para hallar diversos sujetos dispuestos a enviar fotografías íntimas, entregarse a largas conversaciones libidinosas y/ o pautar un encuentro con fines sexuales, lo que derivaba en la publicación de toda la información vinculada a la identidad de los depredadores en la web oficial del colectivo. La metodología bastante burda de cacería de Justicia-Pervertida, que solía manipular y luego acosar a meros sospechosos y por supuesto “atrapaba” a los pedófilos más idiotas o inexpertos al extremo de instar al resto a ser mucho más cautelosos, llamaría la atención de Chris Hansen, el conductor estrella del segmento de turno, porque se adaptaba muy bien a dos esquemas en boga, el reality show y la cámara oculta, así las cosas Para Atrapar a un Depredador ofrecería doce operaciones encubiertas muy exitosas en términos de rating basadas en el mismo exacto formato a partir del tercer episodio: primero Justicia-Pervertida identificaba a un candidato a depredador sexual, luego se pautaba un encuentro en una casa plagada de cámaras en la que el susodicho se topaba con un actor que hacía de “señuelo”, el menor reglamentario que jamás dejaba de ofrecerse como raudo juguete del placer, a posteriori teníamos la salida repentina de Hansen tras bambalinas en soledad y segundos después con su equipo de camarógrafos, sorpresa y breve entrevista de por medio, y finalmente llegaba el momento en el que se invitaba al acusado/ cuasi víctima a marcharse sin adivinar que la policía lo esperaba en la puerta para arrestarlo, todo en una secuencia hilarante a raíz de los recursos desproporcionados para ello, esos que iban desde armas de fuego y pistolas Tasers hasta oficiales camuflados en el jardín y una infinidad de gritos, esposas y movimientos paralizantes de corte hollywoodense que paradójicamente por sus absurdos terminaban humanizando a ese hipotético pedófilo en potencia o algo así.

 

Como eventualmente ocurre cuando se juega con fuego, todos los palurdos involucrados se quemaron en 2006 cuando el fiscal adjunto de un condado de Texas, Bill Conradt, se pegó un tiro en la cabeza en su hogar mientras un equipo de la NBC lo esperaba con cámaras y la policía intentaba entregarle una orden de registro por haber estado chateando con un falso niño de 13 años que en realidad era un adulto voluntario de Justicia-Pervertida, el cual a su vez había pautado un encuentro con el hombre al que el funcionario decidió no asistir. El escándalo puso de manifiesto lo evidente, que el aparato policial/ judicial estaba al servicio del mainstream televisivo y nada de lo realizado por este último tenía el más mínimo valor legal, amén del enorme circo símil emboscada que se montó en el domicilio de Conradt que llevó a su hermana, Patricia, a demandar a Dateline por 105 millones de dólares y obtener una desconocida aunque de seguro jugosa suma en un acuerdo extrajudicial. Semejante pantomima, auspiciada por el propio Hansen al sentirse frustrado por la ausencia del fiscal en la cita acordada con hipotéticos propósitos sexuales, desencadenó una investigación en 2007 a cargo de Brian Ross para 20/20, el magazine histórico de la ABC desde 1978, y de hecho la cancelación al año siguiente de Para Atrapar a un Depredador, una consecuencia lógica de la catarata de acusaciones vinculadas a la táctica de llevar al suicidio al fiscal bajo la lógica de la TV comercial/ basura/ publicitaria u homologada al entretenimiento sin ética alguna para tontitos. La influencia del episodio se siente fuerte en el nuevo milenio en el costado más amarillista y banal del “contenido” para plataformas y servicios de streaming, precisamente el mayoritario, y en la colección de imitadores que desde múltiples canales de YouTube reproducen al dedillo las puestas en escena de Dateline, Hansen y compañía, sin embargo el reality original fue relativamente olvidado por las generaciones siguientes de realizadores, guionistas y conductores audiovisuales, quienes solían acceder de segunda mano a Para Atrapar a un Depredador mediante alguna de sus parodias, hasta la aparición de Depredadores (Predators, 2025), maravilloso documental de un sobreviviente de abuso sexual infantil, David Osit, que analizaba de manera muy cruda toda esta historia mediante una estructura tripartita, con un primer capítulo centrado en las confrontaciones armadas por la NBC, la policía y Justicia-Pervertida, más estupendas entrevistas a los tres señuelos principales, los femeninos Dani Jayden y Casey Mauro y el masculino Dan Schrack, una segunda parte focalizada en los imitadores, sobre todo el youtuber payasesco Skeeter Jean, y un último episodio consagrado a una entrevista con Hansen, un psicópata carismático que no se arrepiente de nada y para colmo sigue refritando el formato en su streaming, TruBlu.

 

La infaltable adaptación ficcional del caso, Primetime (2026), título que hace referencia al horario televisivo más codiciado en términos de publicidad y espectadores, entre las ocho y la medianoche, es el resultado de dos eventos vinculados al director, Lance Oppenheim, y su protagonista, Robert Pattinson, el primero tiene que ver con la esposa de Oppenheim, Abbey Rowe, contratando al mismísimo Hansen a través de Cameo, una plataforma en la que las celebridades más trash filman videos dedicados a sus fans a cambio de unos míseros dólares, con el objetivo de que grabe una felicitación dirigida al realizador por su segundo documental, El Mundo de los Espermatozoides (Spermworld, 2024), lo que hizo que Lance descubriese esta versión ultra autoparódica de Chris al menudeo en función del autobombo publicitario de Hansen y sus chistecitos sórdidos acerca de los delincuentes sexuales, y el segundo suceso involucra un encuentro por otro proyecto entre Oppenheim y Pattinson, uno de los productores del film junto con Ari Aster, en el que precisamente le enseña el video bizarro de Cameo y despierta el interés del actor británico, quien un mes después se topa con un guión del debutante Ajon Singh sobre Para Atrapar a un Depredador inspirado en una nota de 2007 de Luke Dittrich para la revista Esquire, Esta Noche en Dateline: Este Hombre Morirá (Tonight on Dateline: This Man Will Die), que indagaba en el suicidio de Conradt y las responsabilidades de la cadena, la policía y los vigilantes on line. Oppenheim, uno de los mejores documentalistas de la actualidad como lo demuestran El Mundo de los Espermatozoides, epopeya sobre la donación desregulada de semen, Algún Tipo de Cielo (Some Kind of Heaven, 2020), acerca de una comunidad de jubilados en Florida, y Puedes Verlo Todo (You Can See Everything, 2026), opus codirigido por Nathan Fielder alrededor de la etapa previa a entrar en prisión de Elizabeth Holmes, la famosa estafadora detrás de la compañía Theranos, en Primetime unifica la pirotecnia promedio de Oliver Stone, Errol Morris y Alan J. Pakula, todos paladines de la denuncia, apuesta por la fotografía ecléctica y degradada de David Bolen, para simular la época y sus fachadas patéticas, y deja en claro que la base del film es el documental de Osit porque abre con una acepción ficcionalizada del material de archivo inicial de Depredadores y en gran medida respeta sus conclusiones, nos referimos a las acusaciones contra Para Atrapar a un Depredador en el terreno de su maniqueísmo, la impunidad de este aparato mediático mafioso, el nulo valor jurídico de las cámaras ocultas, chats y conversaciones telefónicas de Justicia-Pervertida, la connivencia con la policía y el hecho innegable de que la mayoría de los candidatos a pedófilos de los doce informes televisivos no pasaban de la condición de unos tarados sin prontuario alguno.

 

El misterioso guión de Singh, por momentos rozando el sustrato entre hipnótico, metafísico y sarcástico de David Lynch y Werner Herzog, salta continuamente entre tres personajes de 2006, Hansen (Pattinson), aquí un ególatra con delirios místicos en función de su hambre de reconocimiento y una cruzada que se remonta a su cobertura de niños desaparecidos en la India por el accionar de un monstruo humanoide ancestral, en realidad un especial de 2003 sobre tráfico infantil en Camboya, Andie Bender (Merritt Wever), una productora hiper sanguinaria que sintetiza a una retahíla de profesionales de la NBC, Dateline y Para Atrapar a un Depredador, ahora recibiendo una tentadora oferta para sumarse al equipo de ¿Qué Harías? (What Would You Do?), programa de cámara oculta de la ABC nacido en el año 2008, conducido por John Quiñones e inspirado abiertamente en el show de Hansen, y Daniel Plum (Skyler Gisondo), señuelo masculino efectivamente basado en aquel Schrack de Depredadores que quedó muy traumado por su participación en el suicidio de Conradt, en esta oportunidad un muchacho que muta en protegido del conductor y acepta el trabajo para poder sumarse al Sindicato de Actores de Cine (SAG). Desde ya que el grueso del metraje se concentra en las tribulaciones de Chris, hombre casado y con hijos que pretende despegarse de una amante más joven en un restaurant aunque es fotografiado por un colega de National Enquirer, cuyos contactos en busca de su opinión antes de publicar la crónica sobre el affaire enloquecen de a poco a un Hansen obsesionado con ganarle en rating a Lost (2004-2010), serie creada por Jeffrey Lieber, J.J. Abrams y Damon Lindelof para ABC, desde que el mandamás de la NBC, un Jeff Zucker interpretándose a sí mismo, moviese a Para Atrapar a un Depredador al primetime de la grilla de programación, con el tiempo generando la idea de dar caza a un “pez gordo” que llega de la mano de las averiguaciones en Texas del grotesco fundador de Justicia-Pervertida, Xavier Von Erck (Matthew Maher), de hecho el que pone sobre la mesa el nombre de Conradt (Alex Winter). El film homologa a Plum a una inocencia que se corrompe paulatinamente, veinteañero tendiente a apreciar lo hecho por Billy Bob Thornton en su ópera prima como director, Resplandor en la Noche (Sling Blade, 1996), y sitúa a Hansen en una enajenación que se intensifica por la sombra de Lost pero también por los elogios de unos espectadores cuya indignación automática y sumisa los lleva a creerse del lado de los buenos, de hecho los mismos imbéciles que luego votarían al pedófilo de Donald Trump, parte de la secta plutócrata de Jeffrey Epstein, por ello Oppenheim en su debut ficcional ofrece una caricatura de la producción de Dateline y los señuelos, Plum y su contraparte femenina secundaria, Del Harvey (Phoebe Bridgers).

 

Hansen en pantalla resulta desde el vamos bastante contradictorio porque en simultáneo es frágil en la intimidad y agresivo o apasionado en los encuentros con los depredadores y en todo su ecosistema laboral, un narcisista que hace culto de su mediocridad, pragmatismo y sed de fama, pensemos en la máquina expendedora que lo estafa, aquella rivalidad con un colega de Dateline al que envían a Afganistán, Stone Phillips (Bill Heck), y la escena en la que despierta a sus dos vástagos pequeños en el medio de la noche para mostrarles un VHS de Para Atrapar a un Depredador. Primetime con razón considera que la excusa de “salvar a los niños” se utiliza como mantra para la televisión chatarra sin un gramo de empatía por nadie y un único verdadero interés, eso de apelar al morbo del público y usar a todos para incrementar el rating y el valor de la pauta publicitaria en el horario central, en este sentido el enfoque de la película se mueve entre el indie, el drama testimonial y una especie de surrealismo paranoico ya que todos se traicionan entre sí en sintonía con el canibalismo de los medios de comunicación y la industrial cultural en general. Si por un lado el conductor deja ver su vulnerabilidad o sus inseguridades cuando le cuestionan su pose de juez, jurado y verdugo, por ejemplo con la semi extorsión del tabloide, National Enquirer, y el momento incómodo con un rabino y depredador sexual (Bob Ari), el cual ataca de lleno los aires de superioridad moral de nuestro esperpento de TV, por el otro lado el trasfondo carroñero de su productora, Bender, trae a colación la metamorfosis de la manipulación de vieja cepa, en esta ocasión equiparada a la cámara oculta televisiva, en la basura tediosa y esquizofrénica de YouTube de hoy en día, en línea con el cuentapropismo marginal del citado Jean y de tantos necios que arriesgan su vida y las de los demás por la aprobación de desconocidos en plan de “monetización” de contenidos, sin olvidarnos de esas cámaras en las armas durante la redada del desenlace sobre la casa del fiscal que anticipan la llegada de los smartphones, el exhibicionismo patológico posmoderno y la omnipresencia de la vigilancia internalizada por el pueblo, ya filmándolo todo. Resulta interesante la decisión dramática de homologar la excelente llegada popular de Lost con la crisis de Hansen y el surgimiento de la meta de cazar a un depredador de alto perfil del entramado estatal, lo que a la postre desemboca en la destrucción de la credibilidad del programa vía Conradt, además la obra sabe aprovechar al señuelo, suerte de brújula humanista del relato, para denunciar la explotación de Para Atrapar a un Depredador y Justicia-Pervertida con respecto a sus presas, recordemos para el caso las secuencias del depredador paralítico y ese que le muestra el pene a Plum, en realidad un sujeto que rápidamente se tapa con una toalla, instantes que equivalen al joven de 18 años de Depredadores, Hunter, que pretendía verse con un chico de 15 y al que le arruinaron la vida por el ridículo arresto y la exposición de turno en TruBlu. Así como el castigo excesivo, fetichizado o no administrado por el Estado eventualmente deriva en un latiguillo bobo de la derecha, cercano a la flagelación pública del pasado, la patraña de la cruzada autojustificada esconde el detalle de que en el mainstream de la información y el entretenimiento casi todo es una construcción retórica no por el bien común sino por el dinero, el ego y la especulación o el azar símil una ludopatía masoquista de los poderosos. Primetime es a la vez errática y fascinante y por momentos nos retrotrae a joyas sobre las prácticas nefastas de la televisión y medios parecidos como por ejemplo Poder que Mata (Network, 1976), de Sidney Lumet, El Rey de la Comedia (The King of Comedy, 1982), de Martin Scorsese, Quiz Show: El Dilema (Quiz Show, 1994), de Robert Redford, Buenas Noches y Buena Suerte (Good Night and Good Luck, 2005), de George Clooney, y Primicia Mortal (Nightcrawler, 2014), de Dan Gilroy, entre otras. La mercantilización grosera de los depredadores o candidatos a serlo por parte de la producción del segmento de Dateline funciona en sociedad con una policía fascistoide representada por otra caricatura, Cortland Gunn (Bokeem Woodbine), sheriff negro, republicano y de extrema derecha que se muestra muy interesado en reventar cuanto antes a Conradt, un demócrata. El final mordaz, basado en Plum recibiendo en 2007 su ansiada credencial del Sindicato de Actores, enfatiza toda la simulación de fondo con el objetivo de forzar la realidad hacia los intereses de esta retahíla de titiriteros de segunda, tercera o cuarta categoría intelectual y moral, desesperados por mantener su poder de presión en el capitalismo a través de sucesivas puestas en escena…

 

Primetime (Estados Unidos, 2026)

Dirección: Lance Oppenheim. Guión: Ajon Singh. Elenco: Robert Pattinson, Merritt Wever, Skyler Gisondo, Matthew Maher, Bokeem Woodbine, Alex Winter, Bill Heck, Phoebe Bridgers, Jeff Zucker, Bob Ari. Producción: Robert Pattinson, Ari Aster, Brian Kavanaugh-Jones, Fred Berger, William Iannaccone, Brighton McCloskey y Lars Knudsen. Duración: 109 minutos.

Puntaje: 8