Hay pocas cosas más divertidas que burlarse de los infradotados que continúan pagando mensualmente Netflix, gran sinónimo de chatarra cultural y de la versión más grosera del mentado triple extractivismo del rubro que la empresa estadounidense lleva adelante en todos los países del planeta donde opera, hablamos por supuesto de la transferencia de sus ganancias a la casa matriz, el robo de los datos de consumo de sus usuarios sin ninguna retribución económica o siquiera simbólica y la extranjerización del patrimonio cultural local ya que casi todos los engendros producidos -y también muchos de los distribuidos- quedan en manos de la plataforma de streaming a perpetuidad, sin ninguna posibilidad de disponer de ellos los creadores en materia de festivales, emisiones televisivas o derechos de autor en general. En realidad fueron tres las fases del crecimiento de Netflix en el Siglo XXI, en la primera intentó copiar en vano el modelo productivo de HBO, luego empezó a generar “contenido” cruzando las métricas de consumo con los criterios de los autómatas de marketing y finalmente, en el período en el que nos encontramos, tenemos productos que directamente parecen escritos por una inteligencia artificial porque cuando creíamos que nada podría superar la mediocridad, la cobardía y el sustrato impersonal anterior, una vez más el conglomerado con base en yanquilandia logra tocar nuevos subsuelos de calidad en su incesante búsqueda de multiplicar por diez el conformismo promedio hollywoodense.
Lo Dejamos Acá (2026), film lamentable a más no poder de Hernán Goldfrid, ratifica este estado de cosas porque en los créditos aparece como guionista Emanuel Diez, asalariado de los fascistoides y muy devaluados a escala creativa Mariano Cohn y Gastón Duprat, para quienes trabajó en El Encargado (2022-2026), Nada (2023) y Coppola, el Representante (2024-2026), sin embargo la estructura narrativa es tan endeble y la indefinición en cuanto al horizonte del relato es tan pronunciada que uno no puede más que llegar a la conclusión de que Netflix sigue con su fábrica de chorizos digitales de siempre para un público cada día más lobotomizado y adepto a festejar cualquier mierda que ofrezca el emporio, amén de toda la prensa chupavergas del mainstream, claro está. En medio de un contexto argentino dominado por la destrucción del financiamiento público por parte de la mafia psicopática neoliberal mileista y un oligopolio en las productoras privadas, léase un par que trabaja para estos servicios de streaming y un puñado más que vende sus productos en festivales internacionales o se dedica a estafas piramidales mediante el microfinanciamiento de las películas, la basura cultural de Netflix aporta la frutilla de la torta del desinterés del público latino hacia su propio ecosistema audiovisual y de la paupérrima formación de estas nuevas camadas de directores, guionistas y productores, todos ellos pusilánimes y tan analfabetos culturales, políticos, económicos e históricos como la enorme mayoría de los espectadores.
La supuesta trama escrita por Diez, artífice además de la insípida aunque un poco mejor La Extorsión (2023), obra de Martino Zaidelis con Guillermo Francella, no sabe si quiere ser una comedia de enredos, un drama semi psicológico, una buddy movie o incluso un thriller hitchcockiano/ depalmiano, fallando en todos los géneros individuales y en la aparente intención de fondo de unificarlos. Ulises Verón (Ricardo Darín) es un psicólogo de la alta burguesía, con sesiones de cien dólares, que después de la muerte de un colega opta por no creer más en los límites profesionales y meterse explícitamente en la vida de sus pacientes, por ello sabotea una pareja, fuerza el distanciamiento de una hija con respecto a su madre o le tira consejos tajantes a choferes y televidentes del montón, porque para colmo tiene un bolo en un magazine bien cutre de la caja boba. Sin pareja ni amigos y con una hija que oficia de secretaria, Paula (Antonia Bengoechea), Verón se topa de repente con el caso de un escritor de bestsellers, Martín Bouchard (Diego Peretti), que atraviesa una especie de bloqueo creativo porque su método histórico para escribir no le está dando resultados, eso de emborracharse y dejarse llevar frente a la página en blanco. Luego de una experiencia alcohólica en conjunto, el psicólogo le copia las llaves del hogar a Bouchard y se mete por las noches para plantarle en su computadora una novela autobiográfica que a posteriori se publica como El Pragmático, no obstante Martín pronto descubre que no es de su cosecha.
Goldfrid, aquel de las olvidables Música en Espera (2009) y Tesis sobre un Homicidio (2013), donde dirigió respectivamente a Peretti y Darín, asimismo ya había trabajado con Netflix al encargarse de algunos episodios de una miniserie inmunda, Atrapados (2025), y hoy vuelve a poner en evidencia su sustrato mercenario o sin personalidad propia alguna en consonancia con la ausencia de un discurso valioso o siquiera tonto sobre lo que sea, apenas divagando sin pies firmes alrededor de la identidad caprichosa del Siglo XXI y una fábula sobre dos soberbios que eventualmente se muerden la cola, estos Verón y Bouchard ultra caricaturescos que desde el maniqueísmo apuestan al extremo de su profesión y luego todo se les vuelve en contra cuando el flamante método terapéutico genera más problemas de los que resuelve. Entre Woody Allen, las comedias ochentosas para descerebrados y un cameo patético final de ese Adrián Suar con un kilo de bótox en las mejillas, Lo Dejamos Acá banaliza al alcoholismo, desaprovecha la oportunidad para analizar el control en el ámbito cotidiano y jamás sabe qué demonios hacer con sus protagonistas, unos Darín y Peretti que son lo único bueno de la odisea junto con la inclusión de Fanky, joya de Cómo Conseguir Chicas (1989), del mítico Charly García. A pesar de que el latiguillo retórico no es malo, eso de que siempre queda mucho por hacer porque la praxis suele comerse los prejuicios de la teoría, la película es aburrida, superficial y torpe como casi todo el catálogo de Netflix…
Lo Dejamos Acá (Argentina, 2026)
Dirección: Hernán Goldfrid. Guión: Emanuel Diez. Elenco: Ricardo Darín, Diego Peretti, Adrián Suar, Antonia Bengoechea, Inés Efron, Andrea Politti, Patricia Echegoyen, Carlos Santamaría, Miriam Odorico, Gonzalo Urtizberéa. Producción: Ricardo Darín, Federico Posternak y Chino Darín. Duración: 99 minutos.