Clayface

De naturaleza camaleónica

Por Emiliano Fernández

Lamentablemente nunca veremos la versión de Clayface (2026) que concibió el gran Mike Flanagan porque el señor tuvo que abandonar el asunto debido a otros dos proyectos que ya lo tenían ocupado y evidentemente le interesaban más, Carrie (2026), excelente serie para Amazon Prime Video basada en la novela debut de 1974 de Stephen King, y El Exorcista: Mártires (The Exorcist: Martyrs, 2027), reboot de la franquicia que tiene por objetivo dejar en el pasado la inmunda El Exorcista: Creyentes (The Exorcist: Believer, 2023), de David Gordon Green. El personaje titular de DC Cómics es uno de los villanos históricos de Batman con cuerpo semejante a la arcilla y la destreza de cambiar de forma, aquí bajo el nombre de su segunda encarnación, Matt Hagen, aunque con un trasfondo cinematográfico vinculado al Clayface primigenio, Basil Karlo, por cierto una idea de Flanagan que luego fue trabajada por la dupla británica que quedó a cargo del proyecto una vez que Mike se retiró, hablamos del realizador James Watkins y el guionista Hossein Amini, este último en esencia conocido por Drive (2011), obra maestra de Nicolas Winding Refn, y el primero siempre padeciendo la sombra de su ópera prima, Eden Lake (2008), joya del extremismo europeo que no superó con La Dama de Negro (The Woman in Black, 2012), Atentado en París (Bastille Day, 2016), No Hables con Extraños (Speak No Evil, 2024) y la faena que nos ocupa. Cabe señalar que el film de Watkins y Amini, quienes asimismo colaboraron a la hora de crear McMafia (2018), serie anodina para la BBC sobre sindicatos criminales, resulta ameno porque apuesta a truculencias realmente dignas del terror, para variar un poco viniendo del mainstream pusilánime de siempre, y cuenta con un tono serio tendiente a evitar los chistecitos para subnormales de la factoría Marvel, planteo que redondea un combo de body horror, neo noir, gesta de venganza y una sátira tácita antihollywoodense.

 

Nuestro protagonista de futura naturaleza camaleónica, Hagen (Tom Rhys Harries), en un principio es un actor famoso nominado al Oscar que en un club nocturno se topa con una linda señorita, Mia Torrez (Joana Ribeiro), que resulta ser la novia de un capo de la mafia de Ciudad Gótica, Markos Szabo (David Dencik), el cual le corta el rostro de manera espantosa como castigo por acostarse con la ninfa. La situación empeora cuando Torrez lo acusa falsamente de abuso sexual, Szabo sale libre del juicio de turno, su manager le roba todo su dinerillo, Frank Fitzpatrick (Eddie Marsan), su mejor amigo ayuda al mafioso a destruirlo, el colega actor Corey Bowery (Joshua James), y para colmo pierde el mentado Oscar, no obstante la luz al final del túnel aparece bajo la forma de la Doctora Caitlyn Corr (Naomi Ackie), quien utilizando un tratamiento experimental con nanotecnología cura los tejidos dañados de la cara de Matt aunque con efectos secundarios, léase unos trastornos mentales, la habilidad para la metamorfosis imitativa y eso de “derretirse” cuando sucumbe a una furia sin control. Luego de inyectarse una sobredosis de nanobots, Hagen asesina a los agentes de la perfidia, Frank y Corey, como prólogo del acto de reventar a Torrez y Szabo, todo mientras se enamora de a poco de Corr, a su vez en pareja con un detective de Ciudad Gótica que está investigando los homicidios, John Borrelli (Max Minghella). Está bien lo hecho por Rhys Harries, profesional galés prácticamente desconocido para el gran público porque se había dedicado a secundarios en films como Los Caballeros: Criminales con Clase (The Gentlemen, 2019), de Guy Ritchie, y La Odisea: El Regreso (The Return, 2024), de Uberto Pasolini, y la propuesta no pasa vergüenza en su clara intención de pensar al pasado como un trasfondo monstruoso que a veces debe soltarse para mantener algo de paz psicológica, garantía de no terminar en el masoquismo o la locura violenta más florida.

 

Clayface amaga con ofrecer algo desagradable en línea con las recordadas secuencias de El Increíble Hombre que se Derrite (The Incredible Melting Man, 1977), de William Sachs, RoboCop (1987), de Paul Verhoeven, y Street Trash (1987), de J. Michael Muro, pero esto es el Hollywood lavado posmoderno, la premisa no se aleja de Frankenstein o el Moderno Prometeo (Frankenstein or the Modern Prometheus, 1818), novela gótica de Mary Shelley, y a lo sumo tenemos referencias a El Hombre Invisible (The Invisible Man, 1933), de James Whale, Terror en el Museo de Cera (House of Wax, 1953), de André De Toth, y Los Ojos sin Rostro (Les Yeux sans Visage, 1960), opus de Georges Franju, por un lado, y a Estados Alterados (Altered States, 1980), del estupendo Ken Russell, La Mosca (The Fly, 1986), de David Cronenberg, y El Hombre sin Rostro (Darkman, 1990), de Sam Raimi, por el otro. Otra alternativa pasa por interpretar a la epopeya como un exploitation de La Sustancia (The Substance, 2024), obra de Coralie Fargeat que asimismo inspiró a Caparazón (Shell, 2024), de Minghella, La Hermanastra Fea (Den Stygge Stesøsteren, 2025), film de Emilie Blichfeldt, Juntos (Together, 2025), de Michael Shanks, Him: El Elegido (Him, 2025), de Justin Tipping, Inclinada (Slanted, 2025), de Amy Wang, e Insaciable (Saccharine, 2026), de Natalie Erika James, amén de muchos otros convites parecidos. Entre temazos como I’m Gonna Make You Love Me (1968), de The Temptations más Diana Ross & the Supremes, Golden Years (1976), de David Bowie, If You Leave Me Now (1976), de Chicago, y Ooh La La (2005), de Goldfrapp, a la película le lleva demasiado tiempo llegar a destino pero por lo menos no aburre en el trajín ni abusa gratuitamente de los CGIs, además ofrece desnuda a Ribeiro e incluso se propone analizar diversas temáticas del montón que se condicen con lo que el mainstream del Siglo XXI entiende por una realización ambiciosa a escala simbólica.

 

Dicho de otro modo, se percibe la mano de Flanagan en el peso que tienen en la historia tópicos como los vaivenes del corazón, la inestabilidad anímica promedio contemporánea, la traición en los ámbitos laboral y privado, las tribulaciones de la revancha, la oposición entre talento y superficialidad en el mundo del espectáculo y los riesgos de la medicina marginal, hoy desde ya llevados a la hipérbole. La “no destrucción” de Hagen/ Clayface durante el desenlace -Hollywood y específicamente DC pretenden secuelas- recuerda al punto final de la extraordinaria Estados Alterados, debido a la mixtura de ciencia ficción, grotesco y eje melodramático, no obstante la película cuenta con instantes atractivos, en especial la dolorosa escena de la desfiguración, las cirugías posteriores, los ataques contra los parásitos del círculo íntimo, el amigo y el manager, y la masacre del último acto en el club nocturno con el protagonista cual comodín asesino imparable que ajusticia a todos, parte de una concepción en la que la identidad se nos aparece como un significante vacío que se rellena a gusto siguiendo el ejemplo del arte y en concreto el cine. Watkins, quien empezó su carrera escribiendo guiones para proyectos mediocres ajenos de terror como Circuito Cerrado (My Little Eye, 2002), opus de Marc Evans, Viaje a lo Inesperado (Gone, 2006), de Ringan Ledwidge, y El Descenso: Parte 2 (The Descent: Part 2, 2009), secuela a cargo de Jon Harris de la muchísimo mejor El Descenso (The Descent, 2005), esa maravilla jamás superada por Neil Marshall, en Clayface sigue preso de la maldición de Eden Lake de una manera similar a lo padecido por su compatriota, el susodicho Marshall, aquí por suerte acercándose a la corrección de La Dama de Negro y Atentado en París y en sí esquivando la redundancia y el sustrato eventualmente castrado de No Hables con Extraños, remake fofa de Speak No Evil (Gæsterne, 2022), una poderosa obra del danés Christian Tafdrup…

 

Clayface (Estados Unidos/ Reino Unido, 2026)

Dirección: James Watkins. Guión: Mike Flanagan y Hossein Amini. Elenco: Tom Rhys Harries, Naomi Ackie, David Dencik, Max Minghella, Joshua James, Eddie Marsan, Joana Ribeiro, Nancy Carroll, Wil Coban, David Wilks. Producción: Matt Reeves, Peter Safran, Lynn Harris y James Gunn. Duración: 108 minutos.

Puntaje: 5