Tranquilamente se pude afirmar que Beastie Boys son los genios por antonomasia del hip hop más surrealista e inquieto y por ser caucásicos -racismo global tácito mediante- ayudaron a popularizar una infinidad de artistas negros del rubro, además de transformarse en profetas del pastiche posmoderno en su versión más esquizofrénica al extremo de convertir sus excentricidades en su principal bandera. A caballo del guitarrista Adam “Ad-Rock” Horovitz, el bajista Adam “MCA” Yauch y el baterista Michael “Mike D” Diamond, la banda siempre tuvo un fuerte componente humorístico, se formó en la Nueva York de comienzos de los 80 y en un principio perteneció a la escena del hardcore punk de la época antes de saltar al hip hop gracias a un recordado single satírico basado en una broma telefónica, Cooky Puss (1983). Los señores lanzaron la carrera como productor vía Def Jam Recordings de Rick Rubin, hasta mediados de la década del 80 un DJ desconocido que pasó a colaborar con ellos en los shows cuando abrazaron de lleno el rap, y por cierto salieron de gira con -o abrieron recitales de- Madonna, Public Image Ltd., Run-DMC, A Tribe Called Quest, Rollins Band, Public Enemy y Cypress Hill, entre otros ejemplos de la vitalidad y el eclecticismo del mainstream de entonces. Separados luego del fallecimiento de Yauch en 2012 a sus 47 años, a raíz de un cáncer de parótida, en sus inicios generaron un hilarante revuelo en el Reino Unido, bajo acusaciones de incitar a la violencia, y fueron precursores en los 80 de la unificación psicodélica de diversas canciones y de las descargas gratuitas ofrecidas a sus fans mediante MP3s en las postrimerías de los 90 y comienzos del Siglo XXI. Más allá del lanzamiento de In a World Gone Mad (2003), canción de protesta contra la Invasión de Irak de 2003 y la campaña militar en Medio Oriente en pos de petróleo de George W. Bush, y de aquella participación en No Alternative (1993), antología de Red Hot Organization orientada al tratamiento y la concientización pública en torno al SIDA/ VIH, el grupo siempre estuvo muy vinculado a la militancia de MCA, importante activista por la independencia del Tíbet y director de muchos de los legendarios videoclips del colectivo bajo el seudónimo de Nathanial Hörnblowér, beneficiándose tanto de la creatividad visual en conjunto como de la cúspide en popularidad de MTV en los años 80 y 90.
Una constante en la historia de los Beastie Boys fue el tiempo y el cariño dedicados a cada álbum de estudio y de allí se desprende el excelente nivel de una producción discográfica que tan bien ha envejecido en su cornucopia avant-garde, empezando por Licensed to Ill (1986), estándar del rap metal -en ocasiones punkeado- con la asistencia de Rubin, y Paul’s Boutique (1989), todo un clásico de la sampledelia más nostálgica y adictiva junto con It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back (1988), de Public Enemy, y 3 Feet High and Rising (1989), de De La Soul, ahora bajo la égida de The Dust Brothers, léase esos Michael “E.Z.” Simpson y John “Gizmo” King que luego saltarían al mítico Odelay (1996), de Beck. A continuación llegaron Check Your Head (1992) e Ill Communication (1994), colaboraciones con el brasileño Mario Caldato Jr. englobadas en el funk, el rhythm and blues y el jazz más algunas pinceladas de garage y rock pesado que inspirarían el nü-metal por venir. Hello Nasty (1998) constituyó el primer trabajo con el DJ residente definitivo del grupo, Mix Master Mike, y asimismo una suerte de apertura hacia la electrónica, el pop, la world music, el dub, la bossa nova y el calidoscopio alternativo en general, nuevamente con la asistencia en consolas de Caldato. El esperable neoclasicismo, ya autoproducido en soledad, llega de la mano de To the 5 Boroughs (2004) y Hot Sauce Committee Part Two (2011), el primero de impronta minimalista y el segundo decididamente maximalista o altisonante, sin olvidarnos de The Mix-Up (2007), trabajo instrumental apenas simpático mayormente volcado al funk, el soul, el jazz y la psicodelia. En el campo de los compilados, sin duda tres son los que rankean como fundamentales, Some Old Bullshit (1994), rescate de sus EPs en el mundillo indie y específicamente hardcore, el doble Beastie Boys Anthology: The Sounds of Science (1999), aglutinando éxitos, Lados B, inéditos y rarezas varias del montón, y Solid Gold Hits (2005), refrito literalmente de los temas más famosos a lo largo y ancho del globo, aquellos que popularizaron el rap en regiones hasta ese momento vírgenes como Europa, América Latina y Asia.
Los proyectos solistas estuvieron nucleados primordialmente en Country Mike’s Greatest Hits (1999), un bizarro disco de country y blues que Mike D regaló a su familia y sus amigos para Navidad y que se ha pirateado extensivamente desde entonces, y BS 2000 (1997) y Simply Mortified (2000), dos faenas semi electrónicas descartables de BS 2000, fugaz dúo compuesto por Horovitz y Amery “AWOL” Smith, el baterista original de Suicidal Tendencies. Thank You (2026) es el primer disco solista verdadero desde la separación de 2012 y el gran proyecto que reunió a los dos integrantes con vida, Beastie Boys Story (2020), muy buen documental autobiográfico para Apple TV+ inspirado en Beastie Boys Book (2018), las memorias oficiales según Mike D y Ad-Rock, y dirigido por Spike Jonze, socio de los neoyorquinos en los extraordinarios videoclips de Sabotage y Sure Shot, singles de cabecera de Ill Communication. El muy disfrutable álbum de Mike D recupera el absurdo fascinante de Beastie Boys desde una perspectiva melancólica con una crucial presencia de drum and bass modelo Hello Nasty y una dosis del eco y los juegos vocales distorsionados de Hot Sauce Committee Part Two, lo que desemboca en sorprendentes ejercicios de electroclash, big beat, dream pop, sampledelia y electropop y en una inusual amalgama de extravagancias sónicas marca registrada, por un lado, y cierta simpleza en letras y beats tendientes a una improvisación de idiosincrasia lúdica, por el otro lado. La placa funciona también como un trabajo familiar, en gran medida producido por Diamond y sus dos hijos, Davis y Skyler, que si bien no llega al umbral de calidad de las joyas de Beastie Boys por lo menos califica como un interesante y siempre digno intento en pos de desarrollar un camino propio sin desconocer los logros de antaño correspondientes a la Edad de Oro del Hip Hop, entre mediados de la década del 80 y fines de los 90, en especial considerando que lo hecho por Ad-Rock con BS 2000 resulta significativamente inferior y que Thank You en concreto sí conserva el espíritu de las epopeyas del trío en estudio, escasas en número aunque apasionantes.
Switch Up, el primer tema del lote, ya deja en claro de qué va la cosa con una base furiosa de drum and bass y una colección de breakdowns, efectos y drops que parecen extraídos de Earthling (1997), de David Bowie, ahora enarbolando la necesidad de cambio pero también de introspección, paz y especialmente reflexión debido a un popurrí de rasgos negativos del Siglo XXI que Mike D enumera en la letra, apuntamos a la sobreestimulación digital, la manipulación de las elecciones, la información falsa, el conservadurismo, la banalidad o pobreza cognitiva de la industria cultural, unos líderes desquiciados y psicópatas y por supuesto la obsesión con la inmediatez y el hedonismo. Disfrazado de un exponente post punk que cita a The Order of Death, célebre canción de Public Image Ltd. perteneciente a This Is What You Want… This Is What You Get (1984), el cuarto disco de los ingleses, What We Got en realidad desparrama sampledelia juguetona circa Paul’s Boutique alrededor del semi retiro de Diamond y la decisión caprichosa y sin demasiada explicación de salir del freezer para agarrar de nuevo el micrófono, amén de rememorar tiempos lejanos y deslizar que efectivamente dejaron de hacer música con Horovitz porque la ausencia de Yauch atrofió para siempre a los Beastie Boys. True Colors, oda a la creatividad, el jolgorio del arte y la sabiduría que da la vejez en cuanto a la destreza para detectar a los tontos soberbios del montón, es una mixtura de electroclash y drum and bass en versión lo-fi que incluye una coda tranquila y freak que se asemeja a sus homólogas de Hello Nasty y del citado Odelay, referencia clara en materia de programaciones y producción en general al igual que otros clásicos de Beck, Mellow Gold (1994) y Mutations (1998). Muy cercana al big beat más grandilocuente símil caminata de gigante, That’s Right continúa abrazado versos sencillos que parecen en gran medida improvisados momentos antes de la grabación ya que vuelven a girar en torno a la propia mortalidad, la concepción artística y el paso del tiempo, aquí además burlándose del público, la prensa y el propio Mike D porque todos tienden a buscar significados ocultos en una retahíla de significantes que el estadounidense equipara a elucubraciones anárquicas/ oníricas surgidas de su aislación, precisamente como solían registrar los discos los Beastie Boys en su madurez, alejados del ambiente musical inmediato tanto mainstream como indie.
Secrets Parts I & II salta con relativa comodidad del electroclash y el techno a la sampledelia y el dream pop mientras el señor rapea sobre una ruptura enigmática que puede ser romántica o amistosa o laboral, en suma originada en la impulsividad, el miedo, la incomunicación, las expectativas y la inseguridad emocional de cada parte y llevándolos a ambos al viejo problemilla de siempre del ser humano, eso de convertirse en lo que uno detesta, frente a lo cual la letra propone como solución un retiro espiritual que nos conduzca a esperar lo inesperado y que no debe confundirse con unas vacaciones burguesas superficiales. Con un puente instrumental de hip hop old-school, vocalizaciones en ocasiones hiper distorsionadas y un outro inusitadamente luminoso, I Don’t Care constituye una de las grandes curiosidades del disco porque Mike D edifica un estupendo collage sonoro a medio tiempo y recita su parecer sobre el sustrato efímero de la vida y su tendencia a burlarse de nuestros planes, por ello la aceptación del ridículo existencial de turno viene homologada a correr en ropa interior por la calle, dejar de complacer a terceros e incluso transformarnos en pelotas rebotando en el aire o en globos que se quedan sin aire. Make It Stop reincide en el electroclash para seguir reflexionando sobre los callejones sin salida del devenir prosaico, hoy mirándose obsesivamente en el espejo y sometiéndose a una fuerte autocrítica cercana al masoquismo en la que queda en evidencia cómo el mortal promedio tiende a engañarse a sí mismo para alcanzar estabilidad o un simulacro de perfección en una vida en metamorfosis, de hecho creyéndola eterna y abrazando doctrinas desde la ortodoxia cuando en realidad la existencia es finita y las certezas en la cotidianeidad no abundan ni mucho menos, así caemos en anestésicos sensoriales o la estática de la discusión virtual chatarresca. La maravillosa Crypto, construida como un track de hip hop progresivo más un segmento final de drum and bass, satiriza a los millonarios adolescentes del nuevo milenio que especulan con las burbujas alrededor de las criptomonedas, cúspide abstracta del mercado de por sí demencial de la timba financiera cual correlato del neoliberalismo sin ética o un mínimo de sentido común detrás, dominado por imbéciles fanáticos de la codicia y el estatus que vinculan su identidad a sus propiedades y que siempre eventualmente terminan mordiéndose la cola debido a un doble axioma irrevocable, todo lo que sube tiene que bajar y la acumulación posee un techo cuando los recursos son limitados.
Here We Are, otra joyita fascinante, se lanza de cabeza al electropop en su acepción lo-fi o más bien indie con el objetivo de ofrecer otra coda instrumental psicodélica y retomar algunos tópicos ya trabajados y explorar otros nuevos, especialmente el pánico, la decepción entrecruzada, el repliegue hogareño, la ambición, el amor que redime y una desorientación social contemporánea relacionada con estar perdidos en el oscurantismo y la necedad de la extrema derecha psicopática del Siglo XXI. Cruza de techno y dream pop, Back to Start es otro tema sorprendente porque Diamond opta por cantar y repetir incesantemente el mantra del título homologado a regresar al inicio, en síntesis dando a entender que la vida se puede empardar a un ciclo en el que el comienzo y el final se parecen en su desprotección, vulnerabilidad o condición de sentirse despistado, algo que surge cuando lo imaginado no sale como se esperaba porque el margen del sujeto para controlar su entorno siempre está restringido, muy a su pesar y por más poder o dinero o influencia que haya acumulado. Una vez más coqueteando con el big beat y el drum and bass deforme desde la filosofía de la sampledelia de los 80, It’s Time apunta a no dejarse atrapar por la melancolía y ciertos escollos mentales de larga data porque casi siempre se está a tiempo de corregir errores y liberarse de las cadenas que uno mismo se impuso, esquema en el que las mentiras chocan con la autenticidad del ser o como dice el señor, “tonterías frente a mi verdad”, lo que asimismo implica esquivar el control fetichizado posmoderno, la venta de la dignidad y las soluciones mágicas/ veloces modelo manual de autoayuda, psicología barata de redes sociales o videítos engañosos de YouTube para subnormales e infantilizados varios. Thank You, tema que titula y cierra la placa, juega con el dancehall de base dembow, muy cercano al reguetón, y con guitarras acústicas de impronta dreampopera hipnótica, ya durante el segmento final, todo a su vez volcado a repensar la efervescencia -y las jaulas simbólicas, en mayor o menor medida- de la juventud desde los 60 años de edad del solista, nuevamente cantando y poniendo el foco en las ideas de detener el tiempo, para reconsiderar el pasado, y del gasto improductivo como anticapitalista y paradigmático del underground cultural ácrata desde donde surgieron los Beastie Boys, amén de un cariñoso agradecimiento a sus allegados y todos los fans que lo acompañaron como una familia a lo largo de tantos años de música y glorioso descontrol, exactamente lo contrario a la escena musical apática, comercialoide, conservadora e inofensiva de hoy en día.
Lejos tanto de Country Mike’s Greatest Hits, trasheada en términos ideológicos emparentada al anti-folk punkeado de Lach, como del díptico de estudio de BS 2000, intentos bastante aburridos de parte de Ad-Rock con vistas a despegarse del sonido del trío histórico, en su debut oficial en solitario Mike D entrega, precisamente, el gran cliché de las óperas primas individuales de gente que ha sabido hacerse de un nombre trabajando en conjunto, así Thank You por un lado respeta el ideario de Beastie Boys, en lo que atañe a los collages y la estructuración en apariencia caótica aunque en realidad muy cuidada de las composiciones, y por el otro lado introduce nuevos ingredientes en la ensalada para evitar acusaciones de que siempre hace lo mismo, en este caso novedades que vienen hermanadas a la paleta electrónica. Como muchos músicos veteranos de su generación, si Diamond hace lo de siempre significa que estamos ante un trabajo digno de un maestro que dejó atrás su período de oro pero sin jamás perder el talento, en este sentido el álbum que nos ocupa retoma las excentricidades de Hello Nasty, anomalía que se propuso abarcar múltiples géneros, aunque invirtiendo el enfoque de antaño, planteo en el que el aislamiento y el generoso tiempo de estudio del segundo lustro de los 90 hoy mutan en una evidente apertura colaborativa vía improvisaciones con los hijos al momento de la grabación, canciones a las que hilarantemente les dedicaron poco tiempo de cocción para retener la frescura o no engolosinarse con las consolas como solía ser el caso de aquellos arquitectos del rap más estrafalario y apasionante. El disco también tiene mucho del neoclasicismo de To the 5 Boroughs y Hot Sauce Committee Part Two en materia de mantenerse en los canales esperables durante buena parte de la duración de la placa, lo que aviva la paradoja de fondo ya que la ambición demostrada en el calidoscopio electrónico, ese que hubiese pasado por experimental dos o tres décadas atrás, se contrapone con la vuelta a las raíces del último período profesional de Beastie Boys, cuando habían hallado el nicho creativo en el que se sentían cómodos y por ello simplemente optaban por maquillar el asunto en producción hacia el minimalismo o el maximalismo, siempre bajo la noción de ofrecer al público y la crítica lo que hacen bien porque la sinceridad del veterano pasa por esquivar la autoindulgencia del pasado y no arreglar una fórmula que funciona hasta con los ojos cerrados. Thank You se entretiene con toneladas de introspección y unos floreos electrónicos ampliamente segmentados/ estandarizados en el mainstream y el indie del nuevo milenio aunque novedosos en las manos tan particulares de Mike D, un artesano entrañable del pastiche sonoro más inconformista y bombástico que aquí regala una lección de vitalidad sin siquiera proponérselo.
Thank You, de Mike D (2026)
Tracks:
