El séptimo arte nos debía una adaptación honesta y expansiva del llamado “Experimento de la Cárcel de Stanford”, uno de los estudios psicológicos por antonomasia en lo que respecta al ámbito de las consecuencias concretas de los marcos institucionales en la constitución de la identidad de los sujetos. Teniendo en cuenta que tanto el excelente film alemán El Experimento (Das Experiment, 2001) como la lamentable remake estadounidense de 2010 entregaron una versión bastante exacerbada de lo que fue una investigación mucho menos pomposa y maniquea, hoy The Stanford Prison Experiment (2015) por fin hace justicia al reconstruir -con una enorme paciencia y dedicación- los pormenores del evento desde una perspectiva ascética que llama la atención por su meticulosidad, para colmo centrándose específicamente en el período de los acontecimientos y negando toda piedad al espectador.
De hecho, la decisión de la película de obviar la tranquilidad que nos podría haber ofrecido el “background narrativo” del antes y el después de los incidentes -un recurso simplista del clasicismo cinematográfico más perezoso- repercute en el desarrollo de personajes y nos deja a merced de la fascinación del tener que comparar las primeras reacciones de los protagonistas (apenas un puñado de minutos de entrevistas, el “arresto” de cada uno y su ingreso al correccional) con sus conductas a posteriori (cuando ya se desató la dinámica del control y los roles han sido asumidos). Para aquellos que no conozcan el experimento, vale aclarar que tuvo lugar en la Universidad de Stanford en agosto de 1971: un grupo de profesores de psicología, liderado por Philip Zimbardo, eligió a una serie de participantes vía un aviso en un diario y los dividió en dos categorías excluyentes, prisioneros y guardias.
Si bien la experiencia debería haber durado dos semanas y puesto en evidencia el papel de la uniformización institucional en los abusos de poder y su esquema ideológico estándar, vinculado a una suerte de impunidad legitimada de manera automática bajo el fantasma de la figura de autoridad que encarnaban los centinelas del penal ficticio, lo cierto es que la investigación finiquitó a los tumbos al sexto día y no sólo ratificó en parte las hipótesis de trabajo sino que hasta demostró el triste encuadramiento ético detrás de todo el asunto, en especial debido al sadismo que ejercieron los guardias, la conformidad de los prisioneros y el despliegue pasivo/ convalidante por parte del equipo encargado del monitoreo, con Zimbardo a la cabeza. Desde ese entonces, los sucesos de Stanford se han convertido en un ejemplo de la potencialidad dañina del ser humano y de las paradojas del método científico.
La realización de Kyle Patrick Álvarez, sobre un maravilloso guión de Tim Talbott, está basada en The Lucifer Effect, un libro del propio Zimbardo en el que retoma su rol en el experimento para analizar las torturas del 2003 contra los reclusos de la prisión iraquí de Abu Ghraib, a manos de representantes de la CIA y del Ejército de Estados Unidos. A pesar de que el relato por momentos se engolosina con la vehemencia del profesor y su decisión de llevar el estudio hasta el límite del deterioro psicológico irreversible, también examina largo y tendido el enroque cognitivo involucrado; el cual se inicia en la pretensión de denuncia e imparcialidad, pasa por el quiebre de lo moralmente aceptable y la curiosidad por lo que vendrá a futuro, y termina en la abierta complicidad con el fluir de los atropellos y en el hallarse a sí mismo muy lejos del altruismo y la posición de “observador neutral”.
Definitivamente las dos grandes herramientas de la propuesta son el minimalismo en la puesta en escena (siempre preocupado por el progreso escalonado y natural de los eventos) y el desempeño del elenco en su totalidad (aquí se destacan Billy Crudup como Zimbardo, Olivia Thirlby como su pareja, Michael Angarano como el guardiacárcel más cruel, y Ezra Miller, Tye Sheridan y Thomas Mann entre los pobres prisioneros). Así como Stanford aportó una relectura extrema de las conclusiones a las que llegó Stanley Milgram, gracias a su famosa serie de experimentos de la primera mitad de la década del 60, la obra que nos compete adopta el formato del thriller de entorno cerrado para desnudar los caprichos e incoherencias detrás de una simulación que se les escapó de las manos a los responsables de turno, quienes cayeron en cada una de las muchas barbaridades que pretendían señalar…
The Stanford Prison Experiment (Estados Unidos, 2015)
Dirección: Kyle Patrick Álvarez. Guión: Tim Talbott. Elenco: Billy Crudup, Olivia Thirlby, Michael Angarano, Ezra Miller, Tye Sheridan, Thomas Mann, Nelsan Ellis, Ki Hong Lee, Nicholas Braun, Gaius Charles. Producción: Lauren Bratman, Brent Emery, Lizzie Friedman, Karen Lauder y Greg Little. Duración: 122 minutos.