¿Qué sería de nuestra vida sin el cine asiático, ese enclave que en ocasiones parece ser obra de alienígenas o responder a las necesidades más profundas de alguna dimensión paralela? Si bien el susodicho suele ofrecer un número generoso de films deficientes por año, su mérito principal -que recorre toda su historia, llegando hasta nuestros días- pasa por su capacidad a la hora de construir “películas monstruo”, propuestas que van más allá de la simple amalgama de géneros o la vocación de shockear a los espectadores, penetrando de lleno en el campo de un humanismo sumamente contradictorio, que por un lado rescata determinadas sensaciones/ lógicas propias del homo sapiens y por el otro señala la malicia/ perversidad que anida en cada una de ellas. A diferencia de Occidente y sus círculos viciosos cada vez más conservadores, los orientales continúan metiendo el dedo en la llaga.
En la actualidad no hay mejor ejemplo de todo lo anterior que el que nos acerca Tetsuya Nakashima en The World of Kanako (Kawaki, 2014), suerte de secuela conceptual de su obra maestra Confessions (Kokuhaku, 2010), una de las experiencias cinematográficas más gloriosas de los últimos años y un notable punto de quiebre en una carrera que hasta ese momento estaba volcada hacia la comedia lisa y llana. Si la primera comenzaba con una profesora repartiendo unos cartoncitos de leche a sus alumnos y luego comunicándoles que dos de ellos habían matado a su hijita y que como venganza les había contagiado el SIDA, ahora el devenir traumático gira sobre su eje y es el padre quien padece el tormento de descubrir que su dulce hija adolescente -que lleva varios días desaparecida- se dedica al narcotráfico y al secuestro de “compañeritos” para ser sodomizados por señores pudientes.
Gracias a una disposición narrativa en la que todos los personajes resultan francamente inmundos, tanto por sus acciones como por la hipocresía que se desprende de su fachada cotidiana o las instituciones a las que representan, la trama logra trasladar a los límites del delirio la premisa que la moviliza y le da sustento, una muy sencilla por cierto. Akikazu Fujishima (Kôji Yakusho), un policía expulsado de la fuerza y hoy guardia de seguridad, es contactado por su ex esposa para que localice a Kanako (Nana Komatsu), vástago de un matrimonio que estalló por el alcoholismo del hombre y su inestabilidad psicológica. De a poco la locura de Akikazu comienza a ser superada por la que lo rodea, debido a que la investigación sobre el paradero del angelito termina conduciéndolo hacia un laberinto en el que coinciden las “amigas” de Kanako, los detectives, la yakuza y hasta una pobre docente.
La riqueza de la película abarca diferentes capas discursivas que se van acumulando a lo largo del metraje, siempre en consonancia con las herramientas formales que habilitan los géneros involucrados en el elixir: tenemos el esquema del thriller de misterio (en especial la pesquisa del protagonista y su fetiche centrado en patear cabezas, sin discriminar a hombres o mujeres), la omnipresencia del horror de impronta gore (el nivel de violencia jamás baja porque constituye la única respuesta posible ante las mentiras y la manipulación), algún que otro detalle en sintonía con el drama de pareja (la obsesión de Akikazu con “recuperar” a su familia, a pesar de que nunca le interesó demasiado y se la pasa violando a su otrora cónyuge), y finalmente una atmósfera con propensión a la comedia negra (por supuesto que la sonrisa sádica de los personajes convalida el nihilismo juguetón del film en su conjunto).
Una vez más la ebullición visual de Nakashima y su típica edición entrecortada construyen con sensatez una perspectiva maravillosamente alternativa, con respecto a la recurrencia contemporánea de esos viejos y monótonos engranajes narrativos, a la que se suma la desfachatez -tan característica del cine asiático- en lo que atañe al contenido y sobre todo a ese vendaval destructor que suele darse cita en los opus más viscerales del Lejano Oriente. La exigencia que plantea The World of Kanako a los espectadores es elevada porque nos saca de la zona de confort del relato tradicional y las certezas de la “simpatía direccionada” hacia el antihéroe de cotillón, ese que con tanto esmero han edificado Hollywood, los bastiones periféricos y esa clase B cool y mainstream que desde la década del 90 hasta el presente ha intentado capar al sector independiente contracultural, por suerte sin lograrlo…
The World of Kanako (Kawaki, Japón, 2014)
Dirección: Tetsuya Nakashima. Guión: Tetsuya Nakashima, Miako Tadano y Nobuhiro Monma. Elenco: Kôji Yakusho, Nana Komatsu, Satoshi Tsumabuki, Hiroya Shimizu, Fumi Nikaidô, Ai Hashimoto, Jun Kunimura, Joe Odagiri, Miki Nakatani, Aoi Morikawa. Producción: Satomi Odake y Yutaka Suzuki. Duración: 118 minutos.