Propuestas como The Neighbor (2016) le hacen muy bien al terror porque ayudan a ratificar una verdad que suele pasar desapercibida para la mayoría de los que escribimos habitualmente sobre el género y apoyamos todo su desparpajo y nihilismo: por más que en determinado período tengamos la sensación de que un formato está agotado y que ya no tiene nada para ofrecer, las que nosotros llamamos “excepciones” del caso quizás son la regla estándar en otros rumbos y/ o sectores de la industria porque siempre hablamos, precisamente, de impresiones subjetivas moldeadas en primera instancia por las decisiones del mainstream en materia de qué estrenar y qué no en el circuito comercial local. Es muy importante nunca perder la curiosidad, esa necesidad de bucear en el mercado internacional y descubrir películas interesantes que le escapen al facilismo o se impongan por su eficacia.
El film que nos ocupa, el tercero como realizador de Marcus Dunstan, uno de los guionistas históricos de la saga de El Juego del Miedo (Saw), tiene muchos puntos en común con su díptico previo, el compuesto por El Juego del Terror (The Collector, 2009) y Juegos de Muerte (The Collection, 2012): si bien no hay un nexo narrativo explícito, las tres obras pueden ser leídas como una suerte de trilogía que resignifica a esos thrillers de invasión de hogar que colocan en una balanza moral al usurpador, al dueño de casa y hasta a un posible tercero, enfatizando siempre que el que a priori parece ser el agente externo de destrucción no lo es tanto ya que el anfitrión puede guardar un número mayor -y más truculento- de secretos sucios en el interior de su morada. El director construye un parque de diversiones macabro a partir de las minucias de la intimidad burguesa y sus “juguetitos” fetichizados.
Como era de esperar, Josh Stewart vuelve a interpretar el personaje principal, un tal John que se parece mucho al Arkin de los trabajos anteriores de Dunstan, hoy por hoy un señor que está a cargo de lo que podríamos definir como una estación intermedia de un circuito narco entre diferentes puntos de Estados Unidos. Enclavado en una casita de un pueblo en el medio de la nada, John vive con su pareja Rosie (Alex Essoe) y se la pasa recibiendo cargamentos de droga y fajos de billetes para su tío Neil (Skipp Sudduth), propietario de un barsucho de la zona. Justo unas horas antes de lo que hubiese sido la fuga definitiva del dúo de enamorados con el dinero ahorrado hasta la fecha vía comisiones, Rosie desaparece y todas las sospechas de John recaen en el vecino de ambos, Troy (Bill Engvall), un lugareño misterioso y seco que gusta de cazar y acumular cadáveres de conejos en una fosa común.
Dunstan divide la historia en dos segmentos muy bien trabajados de manera individual y en conjunto, ya que armonizan la progresión del relato sin ninguna estridencia: el primero está vinculado al voyeurismo de índole hitchcockiana y a la precariedad de los cuentapropistas del submundo mafioso/ criminal, y el segundo se ubica en consonancia con lo hecho por el propio cineasta anteriormente. A partir del momento en que el protagonista irrumpe en la vivienda de Troy en busca de Rosie, The Neighbor se transforma en una versión más sutil de El Juego del Terror y Juegos de Muerte, ganando en suspenso y vehemencia lo que pierde en gore y trampas imprevistas. Aquí, a decir verdad, el asunto se vuelca más hacia los arquetipos bucólicos y la corruptela de los jerarcas del interior profundo, manteniendo al mismo tiempo la desesperación de antaño en pos de mejorar la vida de los seres queridos.
La obra de Dunstan se encuadra en una clase B arrolladora que se entrega de inmediato a la proverbial tarea de tensionar e incomodar, no tanto a través de la sorpresa en sí (al fin y al cabo, los engranajes centrales nos reenvían a muchos opus semejantes) sino mediante una ejecución pensada al dedillo y con gran astucia (las escenas de la primera parte se condicen perfectamente con el desarrollo de las características de la pareja, y las de la segunda mitad se sustentan en una fotografía digital certera, una banda sonora plagada de detalles souleros y de trip hop y en un verosímil que describe al villano y su simpática familia, pinchándonos con personajes que pueden ser por un lado padres comprensivos y por el otro asesinos impiadosos). Esta heterogeneidad permite una identificación multidireccional por parte del espectador, quien se ve una vez más debatiéndose entre seres distintos que curiosamente comparten el mismo concepto de honestidad, esa disposición -del ideario de la justicia social- orientada a la sinceridad y a defender todo lo ganado ante los embates del entorno…
The Neighbor (Estados Unidos, 2016)
Dirección: Marcus Dunstan. Guión: Marcus Dunstan y Patrick Melton. Elenco: Josh Stewart, Alex Essoe, Skipp Sudduth, Bill Engvall, Luke Edwards, Ronnie Gene Blevins, Jaqueline Fleming, Melissa Bolona, David Kallaway, Heather Williams. Producción: Brett Forbes y Patrick Rizzotti. Duración: 87 minutos.