Waves

La desintegración familiar

Por Ernesto Gerez

Entre las dos primeras películas de Trey Edward Shults hay un cambio de técnica importante; podríamos pensar en una mejoría si es que tomamos como referencia los parámetros de la representación institucional, como también en un acercamiento a los clichés y al preciosismo controlado si tomamos en cuenta la libertad formal que pareció demostrar Shults en Krisha (2015) y que en It Comes at Night (2017) pareciera licuarse en algunas decisiones más genéricas que de género. De todos modos, que It Comes at Night parezca por momentos más controlada no implica que la tensión que propone se diluya; incluso en cierto sentido y aunque se trate nuevamente de un drama familiar como su ópera prima, el mundo vacío de It Comes at Night (acá Viene de Noche) pedía desde su trama unos silencios opuestos al palabrerío irritante de los familiares de Krisha; silencios que se corresponden con unos movimientos de cámara menos frenéticos que aquellos que podrían haber sido parte de la experimentación de un Shults inicial. Sin embargo, esos paneos horizontales de 360 grados de Krisha reaparecen en Waves (2019) casi desde el principio; Shults vuelve a Krisha antes que a Viene de Noche, esta última un éxito de crítica más que de público (para ilustrar eso podemos pensar en los promedios de Rotten Tomatoes: 87% de consenso crítico y apenas un 44% de aprobación del público) que al director le trajo algunas frustraciones porque según sus propias palabras no logró plasmar del todo sus ideas. Ese inicio que se emparenta más con las formas de Krisha que con las de su segunda película es una constante a lo largo de Waves, incluso la casa del protagonista (de nuevo Kelvin Harrison Jr.) podría ser la casa de la recaída de Krisha.

 

El paneo de 360 que no para de girar es decisión y marca, Shults gira la cámara sobre su eje en varias oportunidades como él mismo lo hace en torno a su familia y a sus dramas personales. En Krisha lo lleva al paroxismo por falta de presupuesto (utilizó a sus familiares reales como actores entre otras cuestiones personales), en Viene de Noche lo utiliza por gusto (la película arranca con la muerte de un familiar que lo último que escucha son las mismas palabras que Shults le dijo a su papá antes de que muera), y en Waves además de meter en la trama a un padre con cáncer (más autobiografía), hay cuestiones de sus relaciones juveniles y de su pasado deportivo de lucha grecorromana. En esta oportunidad Shults vuelve a hablar de la desintegración familiar pero a partir de un femicidio, hecho trágico que se da a la mitad de la película y que es imposible no spoilear. Trabaja el femicidio sin caer en los lugares comunes, porque Tyler (Harrison) no es un macho golpeador con las características usuales que podrían pensarse para su representación (alcohólico, celoso, controlador), sino un pibe común, de clase media norteamericana, un pibe con “muchas más posibilidades que las que yo tuve”, le dice en un momento su padre (Sterling K. Brown). Y así como el femicidio no es pasado por el prisma sensacionalista y simplificador de los medios masivos, tampoco lo es el tema del aborto, otro agujero negro de la trama en el que el director se mete ofreciendo la complejidad que también le da a otras cuestiones como la presión de los padres sobre sus hijos adolescentes y las decisiones que los pibes toman independientemente de los valores que conscientemente les transmiten.

 

El segundo plano de Waves es el de Tyler y su novia Alexis (Alexa Demie) en un auto andando por la ruta, tan despreocupados que ni miran el camino; desde el principio hay felicidad pero también tensión, porque Shults sabe filmar esa sensación de que cuando todo está bien algo malo puede pasar en cualquier momento. Incluso lo hace en algunos planos de la segunda mitad de la película, que no tienen como protagonista a Tyler sino a su hermana menor Emily (Taylor Russell) y su historia con Luke (Lukas Hedges). En un determinado momento, con la pareja también en un viaje en auto, Shults filma un tren pasar con la violencia de una premonición negativa, aunque después no pasa nada; porque también sabe utilizar esos yeites del clasicismo como pistas falsas o sólo como generadores de tensión; tal vez gestos modernos de un tipo que no termina de confiar en la narrativa del género y que por eso dedica siempre algo de tiempo y espacio (sobre todo acá y en Krisha) a secuencias viajeras más ligadas a lo experimental en clave cool, y que también por eso no le gustó que vendan a Viene de Noche como una película de horror y volvió con Waves a sus formas previas y a sus obsesiones más personales, esta vez bajo un mantra pop y con una música incidental menos desquiciante que en sus películas previas porque así lo pide Waves, compuesta por dos laburantes de primera línea como Trent Reznor y Atticus Ross. Tal vez esta vuelta de Shults a sus primeras formas y su desprecio al género sean síntoma de su ego arty, de que se toma demasiado en serio, pero a su vez es una demostración de su independencia (de la industria y del corset del género) en un momento en que al cine norteamericano no le viene nada mal un poco de libertad.

 

Waves (Estados Unidos, 2019)

Dirección y Guión: Trey Edward Shults. Elenco: Taylor Russell, Kelvin Harrison Jr., Alexa Demie, Lucas Hedges, David Garelik, Justin R. Chan, Joshua Brockington, Krisha Fairchild, Renée Elise Goldsberry, Sterling K. Brown. Producción: Trey Edward Shults, Kevin Turen y James Wilson. Duración: 135 minutos.

Puntaje: 7