El Sacramento del Diablo (Consecration)

A fuego y azufre

Por Emiliano Fernández

A decir verdad casi ninguna de las películas del querido Christopher Smith ha generado resultados significativos en taquilla y el asunto ejemplifica muy bien el triste destino hoy en día del cine de género de autor -el mínimo o cuasi inexistente que todavía sobrevive en el Siglo XXI, tiempo de redundancias extenuantes a granel- porque hasta las décadas del 80 y 90 se podían encontrar realizadores y/ o guionistas aguerridos con personalidad propia que de vez en cuando disfrutaban de un triunfo en materia de acumulación de espectadores que no sólo les permitía seguir filmando bajo sus condiciones, sin mutar en simples asalariados del montón, sino que ampliaba las posibilidades creativas del género de turno, precisamente una suerte de diálogo de posiciones discordantes que tomaban la forma de propuestas muy distintas que poco y nada tenían que ver con la uniformización dolorosa del nuevo milenio y esa cadena de montaje que depende cada vez más del streaming para una distribución lela que abarata los presupuestos de los opus, acelera los tiempos de rodaje, achata los discursos narrativos de fondo, idiotiza al público menudo y sobre todo condena al olvido a la enorme mayoría de los films actuales, independientemente de su calidad, de su origen en términos concretos o hasta del posible estreno en salas tradicionales que los productores en cuestión le hayan conseguido en un mercado regional o quizás nacional de esta sociedad planetaria.

 

El Sacramento del Diablo (Consecration, 2023), la última película de Smith, de hecho uno de los últimos directores valiosos o con algo para decir o idiosincrasia particular, supera con creces a su odisea inmediatamente previa, el paupérrimo relato de casa embrujada El Destierro (The Banishing, 2020), aunque resulta indudable que se posiciona por detrás de la trilogía anterior, esa disfrutable de la épica religiosa medieval Muerte Negra (Black Death, 2010), la comedia familiar ultra irónica Salven a Santa (Get Santa, 2014) y el thriller de venganza de resonancias éticas Detour (2016), y más todavía de sus tres obras inaugurales, hablamos por supuesto de las insuperables Creep (2004), Recorte Sangriento (Severance, 2006) y Triángulo (Triangle, 2009), la primera una gesta subterránea bien monstruosa, la segunda una parodia cruel de los trabajos de oficina y la tercera un convite pesadillesco en pleno loop existencial. Si bien el afiche de monjas postradas de El Sacramento del Diablo y efectivamente algunas de sus escenas aluden de modo literal a Madre Juana de los Ángeles (Matka Joanna od Aniolów, 1961), el clásico de Jerzy Kawalerowicz, el film que nos ocupa de nunsploitation o cuasi nunsploitation arty no tiene nada porque su horizonte en todo caso es el retrato furibundo del fundamentalismo piadoso enceguecido de Muerte Negra y aquel gustito por los bucles temporales esotéricos símil purgatorio de nunca acabar de Triángulo.

 

El guión del amigo Smith está coescrito junto a Laurie Cook, colaboradora suya desde la época de Triángulo aunque en lo que atañe a la producción, y gira alrededor de Grace (Jena Malone), una oftalmóloga que recibe una llamada telefónica de un oficial de policía, Harris (Thoren Ferguson), avisándole que su hermano falleció, un tal Michael (Steffan Cennydd) que fue hallado en las rocas del fondo de un acantilado de la Isla de Skye, en Escocia, en lo que se piensa fue un episodio de asesinato y suicidio en un convento porque se sospecha que el finado, un sacerdote, mató a un colega suyo, el Padre Carol (Shaun Scott), y después se arrojó al vacío de espaldas en un rito medieval bizarro de expiación de pecados. A pesar de que los dos delegados principales de la Iglesia Católica adoptan en apariencia enfoques distintos a la hora de tratar con una Grace que llega al lugar desde Londres con la intención de limpiar el buen nombre de su hermano, nos referimos al amable y comprensivo Padre Romero (Danny Huston) y a la ortodoxa y fatalista Madre Superiora (Janet Suzman), en realidad ambos comparten la idea oscurantista de que la intrusa es una “reliquia” con forma humana de la antigüedad con poderes demoníacos que deben limitar/ contener/ encerrar en una especie de cripta de una linda capilla del convento, sin embargo una fuerza misteriosa e invisible la salva una y otra vez de esta colección de fanáticos de la fe y sus varias tropelías.

 

La película en general recupera con astucia los dos latiguillos conceptuales de siempre del cineasta, léase la responsabilidad individual de los sujetos y los misterios que estos guardan en su interior -mente y alma- en lo que respecta a un costado psicopático que los debería obligar a replantearse quiénes son de verdad porque el deporte principal de la humanidad, el señalar los defectos del prójimo, no siempre aplica, precisamente por ello el último acto enfatiza que Grace es una entidad perenne que se debate entre la bondad celestial, cuando de inocentes se trata, y la maldad hecha y derecha, en especial cuando se siente atacada, semi amnesia conveniente de por medio que parecería indicar que tiene cientos de años a cuestas y fue adoptada por una familia en la que el padre, Vincent (Ian Pirie), enloqueció y asesinó a su esposa (Victoria Donovan). El Sacramento del Diablo, como casi toda epopeya de Smith, es un prodigio en cuanto a atmósfera lúgubre, ambigüedad moral, denuncia de las camarillas del poder y desempeño de la protagonista excluyente, una Malone magistral que recibe mucha ayuda de Huston y Suzman, aquí ambos parte de una secta cristiana que sigue una lectura extremista de la Biblia “a fuego y azufre”, no obstante la experiencia en última instancia sabe a poco porque la originalidad brilla por su ausencia, en el relato también falta desarrollo temático/ ideológico y el desenlace se siente bastante apresurado y algo torpe…

 

El Sacramento del Diablo (Consecration, Reino Unido/ Estados Unidos, 2023)

Dirección: Christopher Smith. Guión: Christopher Smith y Laurie Cook. Elenco: Jena Malone, Danny Huston, Thoren Ferguson, Ian Pirie, Will Keen, Janet Suzman, Steffan Cennydd, Victoria Donovan, Shaun Scott, Eilidh Fisher. Producción: Laurie Cook, Casey Herbert, Xavier Marchand y Jason Newmark. Duración: 91 minutos.

Puntaje: 5