Ferrari

A media máquina

Por Emiliano Fernández

El mayor problema de Ferrari (2023), la última película del casi siempre genial Michael Mann, pasa por el hecho de que no se decide exactamente qué quiere ser ni tampoco sabe cómo brillar en cada una de sus diversas facetas, esas que van de manera esquizofrénica desde el drama familiar y el lienzo hollywoodense de época hasta la epopeya deportiva a toda velocidad y el retrato de los oligarcas del empresariado más poderoso y más lejano con respecto a los padecimientos del pueblo raso, un panorama que se exacerba por la decisión del guión de Troy Kennedy Martin -ya fallecido en 2009, por cierto- de centrarse en un único año en la existencia del protagonista del título, 1957, generando una claustrofobia poco feliz ya que la acción no va a ninguna parte y la experiencia por momentos resulta soporífera de verdad en función de escenas remanidas que Mann filma sin imaginación y Martin desde el vamos no logra resolver/ aprovechar para contagiar vertiginosidad o en su defecto un mínimo dejo humanista enrevesado que justifique la visión, este último un señor de amplia experiencia televisiva pero muy poco bagaje cinematográfico a cuestas como lo demuestran las disfrutables Faena a la Italiana (The Italian Job, 1969), de Peter Collinson, y El Botín de los Valientes (Kelly’s Heroes, 1970), de Brian G. Hutton, y las descartables Infierno Rojo (Red Heat, 1988), de Walter Hill, y Tierra de Sangre (Red Dust, 2004), de Tom Hooper, sus únicos cuatro films en 50 años de carrera en el ecosistema audiovisual.

 

Aquí Ferrari (Adam Driver) está basado en la acepción de Brock Yates de su libro Enzo Ferrari: El Hombre, los Coches, las Carreras, la Máquina (Enzo Ferrari: The Man, the Cars, the Races, the Machine, 1991) y se nos aparece como un témpano de hielo con patas que no puede escapar de un laberinto de su propia creación: otrora un piloto de carreras para Alfa Romeo que se transformó en empresario con la fundación de la célebre Scuderia Ferrari, su división volcada a la Fórmula Uno, Enzo a mediados del Siglo XX no sólo está al borde de la bancarrota y se ve obligado a presionar a sus pilotos y a buscar otros socios comerciales, algo que detesta porque a diferencia del resto del gremio él vende coches para financiar/ publicitar el berretín de las pistas y no al revés, sino que además debe lidiar con su competencia directa, la Maserati de Adolfo Orsi (Domenico Fortunato), la incorporación de un corredor español muy prometedor y con aires de estrella, Alfonso de Portago (Gabriel Leone), la muerte reciente de su hijo Dino, fallecido en 1956 a los 24 años de edad por distrofia muscular, y por supuesto los líos de polleras de turno, ahora a raíz de dos vidas paralelas que se condicen con su esposa Laura (Penélope Cruz) y su amante Lina (Shailene Woodley), la primera complicando sus finanzas y mostrándose siempre celosa y depresiva por el óbito de Dino y la segunda reclamando que reconozca a su segundo vástago cuanto antes, Piero (Giuseppe Festinese), muchacho ya grandecito fruto de la relación romántica.

 

Poco y nada queda en Ferrari de esa energía y esa astucia narrativa exhibidas por Mann en la vertiente más prolífica y mejor desarrollada de su trayectoria, aquel neo noir ampuloso de Ladrón (Thief, 1981), Cazador de Hombres (Manhunter, 1986), Fuego contra Fuego (Heat, 1995), El Informante (The Insider, 1999), Colateral (Collateral, 2004), Miami Vice (2006), Enemigos Públicos (Public Enemies, 2009) e incluso la injustamente ninguneada o subvalorada Blackhat (2015), y en gran medida la decepción de fondo es equiparable a las sensaciones que dejaba Ali (2001), la otra biopic del realizador, sin embargo los resultados aquí son aun peores porque por lo menos el opus aludido, retrato del gran Muhammad Ali aka Cassius Clay en la piel de Will Smith, compensaba su frialdad o tono documentalista monocorde con los floreos visuales paradigmáticos del director, aliciente que en Ferrari brilla por su ausencia debido a lo que parece ser una inventiva en franca crisis con mucho de decisión minimalista/ ascética/ humilde a cuestas, lo que desde ya no tendría nada de malo si el asunto hubiese generado una película apasionante que funcionase, precisamente, como un homenaje al automovilismo en sintonía con las recientes y muchísimo mejores y más coherentes Rush (2013), de Ron Howard, Ford v Ferrari (2019), de James Mangold, y Gran Turismo (2023), de Neill Blomkamp, la segunda para colmo producida por el propio Mann durante el período previo a Tokyo Vice (2022), su admirable serie para HBO Max.

 

La propuesta pretende ser una biopic seria y adulta pero carece de intensidad, desparpajo o algún tipo de verdadero entusiasmo por el retratado, en esta ocasión algo mucho “tapado” o quizás corriendo a media máquina por un ritmo abúlico, demasiado melodrama barato, cero originalidad y un metraje muy extenso de 124 minutos que se sufren en los huesos desde los primeros momentos de la epopeya, cuando al espectador no le queda otra opción que acostumbrarse a los acentos italianos ridículos de buena parte del elenco cual exigencia de esta distribución internacional en inglés de hoy en día cortesía del imperialismo cultural globalizado. No todos son puntos en contra y se podría decir que el carácter impostado del film -y en espiral hacia ningún lugar- está en cierta medida contrapesado por una excelente reconstrucción histórica y un puñado de secuencias interesantes en lo que atañe a prácticas en pistas, competencias automovilísticas y accidentes leves o hasta letales, en este último apartado con CGI y destacándose la escena de la muerte del corredor español en la carrera de resistencia Las Mil Millas/ La Mille Miglia, un episodio en el que también fallecieron nueve espectadores y el copiloto Edmund Nelson (Erik Haugen), amén de la grata idea de situar al automovilismo por sobre el negocio automotriz y el buen desempeño de un Driver que pone en vergüenza a la exagerada Cruz, la decorativa Woodley y una desaprovechada Sarah Gadon como la actriz Linda Christian, pareja de entonces del piloto accidentado…

 

Ferrari (Estados Unidos/ Reino Unido/ Italia/ China, 2023)

Dirección: Michael Mann. Guión: Troy Kennedy Martin. Elenco: Adam Driver, Penélope Cruz, Shailene Woodley, Sarah Gadon, Gabriel Leone, Jack O’Connell, Patrick Dempsey, Michele Savoia, Lino Musella, Domenico Fortunato. Producción: Michael Mann, Lars Sylvest, Gareth West, P.J. van Sandwijk, Thorsten Schumacher, Marie Savare, John Lesher, Laura Rister, Andrea Iervolino, Thomas Hayslip, John Friedberg y Monika Bacardi. Duración: 124 minutos.

Puntaje: 4