The Crazies

Accidentes bacteriológicos

Por Martín Chiavarino

Seguramente a su pesar, el realizador neoyorkino George A. Romero es asociado con la estandarización del termino zombie a partir de su primer film, La Noche de los Muertos Vivos (The Night of the Living Dead, 1968), obra con la que inició un periplo por el terror sobrenatural, como pionero del subgénero de los muertos vivientes, que se convertiría en una franquicia muy atractiva para cierto público ávido del consumo zombie a partir de su secuela El Amanecer de los Muertos (The Dawn of the Dead, 1978), generando continuaciones y series sobre la temática. Romero fue un director con ideas independientes de la industria que siempre tuvo que batallar por realizar las películas que quería hacer, como The Amusement Park (1975), films que anclaban en el terror para ofrecer la cara terrible de una humanidad desbordada por el avance tecnológico, la biopolítica y la invención de la opinión pública como termómetro de la gobernabilidad.

 

The Crazies (1973) es una de esas obras que, mirando el presente, hablamos de los aciagos últimos años de la presencia de Richard Nixon, el comienzo de la Crisis del Petróleo, los últimos años de la Guerra de Vietnam y el reemplazo de la utopía por la acción directa y el terrorismo, por dar algunos ejemplos, lanza un atisbo hacia el futuro muy certero desde una visión crítica de los 70 y de las construcciones sociales de su época. Siguiendo esta lógica, la cuarta película de Romero trabaja sobre el regreso de la guerra bacteriológica que caracterizó a parte de la Primera Guerra Mundial, cuestión que hoy cobra nueva importancia con nuevos conflictos híbridos y pandemias que dejan nuevamente a los ciudadanos convertidos en los engranajes de una economía que siempre abandona a los eslabones más débiles por el camino.

 

Un avión que trasladaba un arma bacteriológica cae en las colinas de una pequeña ciudad de Estados Unidos contaminando el suministro de agua potable y generando así un contagio masivo en la población, que sufre de ataques de ira y delirios. El ejército intenta controlar la situación con una cuarentena bajo ley marcial y un apagón informativo pero el rumor de un virus peligroso y altamente contagioso se propaga rápidamente. Mientras el ejército intenta contener a la población, un grupo de habitantes logra evadir a los soldados para iniciar una fuga que tendrá consecuencias dramáticas. La película sigue a diversos personajes por el pequeño pueblo de Evans City, en Pensilvania, para ofrecer una cara dramática de un país de grandes contradicciones cuyas políticas son percibidas como la faceta más terrible de un Goliat que todo lo dirige desde su comando en un centro lejano, desde el cual se imparten las órdenes de controlar a los que solo quieren pasar desapercibidos frente a los ojos del Estado. Estos sobrevivientes a las redadas intentan escapar de un perímetro imposible de evadir mientras que el resto pasa de una euforia enfermiza a ataques de rabia llenos de violencia, que son contemplados con horror por los soldados enviados como carne de cañón para detenerlos.

 

Esa es la trama de The Crazies, una de las mejores películas del realizador estadounidense, que se inicia con un hombre poseído por la ira que acaba de matar a su esposa e intenta asesinar a sus hijos pequeños prendiendo fuego la casa. Con la población expuesta al virus, llamado Trixie, el ejército pretende contener el perímetro mientras los científicos buscan un antídoto, los médicos inyectan a los soldados algo que no se sabe si tiene algún efecto y los burócratas debaten si conviene filtrar el asunto como un accidente nuclear para engañar a la opinión pública y justificar así la posibilidad de utilizar la bomba atómica como último recurso, si las medidas de contención fracasan.

 

Es innecesario aclarar que todo deriva en un desastre mayúsculo: el ejército termina enfrentándose a los ciudadanos a tiros, matando a gente desarmada, casi la mitad de la población de la ciudad termina muerta, muchos soldados también corren la misma suerte, los protocolos son tan absurdos que el científico que acude a buscar una cura termina muerto en un accidente en su infructuoso intento por comunicar su hallazgo a las autoridades en medio del apagón comunicacional, el personal de salud se infecta, la población armada inicia una suerte de resistencia demencial y a nadie le importa testear a los que parecen haber desarrollado una inmunidad ante el virus. Por si fuera poco, la cuarentena para contener la debacle fracasa, dado que antes de que sea iniciada el virus ya probablemente había sido transportado a otra ciudad vecina por algún infectado.

 

Romero denuncia aquí los protocolos sanitarios norteamericanos, que en lugar de intentar proteger a la población y buscar una cura, intentan contener la situación para que la noticia del desastre causando por el propio gobierno no se propague y las autoridades no queden mal paradas ante la sacrosanta opinión pública por su falta de cuidado al desarrollar un virus potencialmente mortal e incurable y encima exponer accidentalmente a la población a sus efectos.

 

El final de la película remite a la recurrencia de los acontecimientos, a un eterno retorno de lo mismo que siempre conduce a una nueva situación a la que hay que atender. Con el desastre ya desatado, el ejército considera que la presencia del coronel, el militar de más alto rango en el emplazamiento, es requerida en otro lugar, donde probablemente las mismas circunstancias se repitan. En The Crazies Romero crea una trama de una actualidad sorprendente que expone el intento de las organizaciones estatales de controlar la información y a las poblaciones, sin hacerse cargo de sus errores y de sus perversas políticas que siempre terminan con efectos secundarios imposibles de contener.

 

El acierto de Romero es utilizar a la ciencia ficción y al horror para retratar el desmoronamiento social, o sea, la realidad de Estados Unidos, con pocos recursos, un financiamiento escueto y con numerosos errores, pero con una honestidad brutal desde un pensamiento independiente de todo arraigo político. Romero deja así un mosaico del comportamiento humano ante una epidemia, desde los están dispuestos a todo por escapar hasta los que son capaces de todo para impedirlo.

 

Con The Crazies Romero dio un paso necesario hacia una realidad social que quería denunciar, un intento de alejarse del camino al que pronto sería conducido, el de continuar con el legado de La Noche de los Muertos Vivos hasta quedar asociado a la figura del padre del cine zombie, encasillamiento que oculta una carrera que tuvo sus picos con The Crazies, Martin (1976) y la que tal vez sea su obra magna, Creepshow (1982).

 

The Crazies (Estados Unidos, 1973)

Dirección y Guión: George A. Romero. Elenco: Lane Carroll, Will MacMillan, Harold Wayne Jones, Lloyd Hollar, Lynn Lowry, Richard Liberty, Richard France, Harry Spillman, Will Disney, Edith Bell. Producción: Al Croft. Duración: 103 minutos.

Puntaje: 9