A pesar de que se supone que fueron New Line Cinema y/ o Warner Bros. Pictures quienes se aparecieron con la idea de poner el nombre del director y guionista en el título original de La Posesión de la Momia (Lee Cronin’s The Mummy, 2026), el irlandés definitivamente mucho no se quejó al respecto y “dejó hacer” para eventualmente cargar con todo el peso de la culpa él solito en lo que fue un cheque en blanco de los productores de cabecera, nada menos que Jason Blum y James Wan, para otra vez aggiornar el motivo cinematográfico del terror vinculado a los faraones y las maldiciones del Antiguo Egipto, rubro que va desde La Momia (The Mummy, 1932), de Karl Freund, y La Momia (The Mummy, 1959), opus de Terence Fisher, los dos pivotes fundamentales primigenios, hasta La Momia (The Mummy, 1999), de Stephen Sommers, y La Momia (The Mummy, 2017), de Alex Kurtzman, aquellos dos intentos de reimaginar el asunto desde la arquitectura de las aventuras, el cine de acción y los relatos sobrenaturales posmodernos en general. Muy lejos de propuestas recientes con objetivos autorales semejantes, como Nosferatu (2024), de Robert Eggers, y Frankenstein (2025), de Guillermo del Toro, el opus de Cronin es indudablemente su peor película a la fecha y enfatiza que el susodicho de “autor” tiene poco y nada, apenas si califica como un artesano desparejo del montón -entusiasta aunque bastante limitado a escala creativa- en un Siglo XXI caracterizado por un Hollywood de proyectos gigantescos y magros resultados.
El cineasta irlandés, responsable de las simpáticas y no mucho más El Bosque Maldito (The Hole in the Ground, 2019) y Evil Dead: El Despertar (Evil Dead Rise, 2023), la primera de base indie y la segunda mainstream hasta la médula y parte de la franquicia que comenzase con Diabólico (The Evil Dead, 1981) de Sam Raimi, en La Posesión de la Momia vuelve a caer en la redundancia retórica o su tendencia a refritar premisas/ recursos/ clichés de otras películas pero sin coherencia alguna y para colmo abusando de un metraje que se extiende muchísimo más de lo conveniente a lo largo y ancho de unos 134 minutos interminables, abiertamente innecesarios, pensemos que el film que nos ocupa arroja en la coctelera un catalizador narrativo robado de Manhattan Baby (1982), una de las obras menos conocidas de Lucio Fulci, más chispazos del caos siempre efervescente de Diabólico, la destrucción familiar paranormal de Poltergeist (1982), de Tobe Hooper, el gore sadomasoquista o hiper truculento de Hellraiser (1987), de Clive Barker, y un popurrí de ingredientes de la saga de posesiones por antonomasia creada por William Peter Blatty, léase la nena blasfema de El Exorcista (The Exorcist, 1973), de William Friedkin, el exotismo lírico de El Exorcista II: El Hereje (Exorcist II: The Heretic, 1977), de John Boorman, y aquella investigación por demás delirante de El Exorcista III (The Exorcist III, 1990), trabajo escrito y dirigido por el propio Blatty que ni siquiera se había concebido como parte constituyente de la franquicia.
La historia da demasiadas vueltas para exponer una premisa muy sencilla vinculada a un demonio egipcio antiquísimo, Nazarenian, que es contenido por una secta de índole familiar que lo “encierra” en un cuerpo humano cualquiera -preferentemente un niño, para evitar reproducir el ritual en el corto plazo- cubriendo la anatomía en cuestión con muchas vendas con escrituras mágicas y confinando a este “recipiente” en un sarcófago de basalto negro. Cuando el destinado a contener la entidad malvada comienza a morir, es hora de buscarle una nueva celda a Nazarenian para que no escape y por ello la hechicera de turno (Hayat Kamille) elige a una mocosa extranjera llamada Katie (Natalie Grace y Emily Mitchell), amiga de su hija, Layla (May Elghety y Aisha Laouini), que se encuentra temporalmente viviendo con su familia estadounidense en El Cairo. Después del secuestro de Katie, sus padres no tienen noticias de ella por ocho años, Larissa (Laia Costa), de linaje mexicano, y Charlie Cannon (Jack Reynor), cronista televisivo yanqui, hasta que se estrella un avión en las afueras de Asuán con el sarcófago de Katie, quien es regresada a Estados Unidos con sus progenitores aunque en estado catatónico y deforme. Mientras Charlie investiga lo que ocurrió con la ayuda de una detective egipcia, Dalia Zaki (May Calamawy), y un profesor de arqueología, Bixler (Mark Mitchinson), la niña asesina a su abuela, Carmen (Verónica Falcón), y controla a sus dos hermanitos, Sebastián (Shylo Molina) y Maud (Billie Roy).
Más allá de idioteces varias como esa detective que sólo por ser de Egipto se transforma de repente en experta en ritos antiguos de traspaso o contención demoníaca y el hecho de que nadie explica por qué aquel avión transportaba el peligroso sarcófago de Nazarenian, el cual asimismo debe estar al amparo de una pirámide como la que vemos en el hogar de la sacerdotisa, la película ofrece pinceladas de gore a lo Fulci pero nada de su tono narrativo etéreo o su imprevisibilidad, sinceramente por momentos bordeando la locura, más bien todo lo contrario ya que Cronin no despliega en pantalla ni una mísera idea original y todo lo satura con estereotipos de diversa naturaleza, desde la rutinaria fuente del saber, Bixler, pasando por las peleas de los padres de Katie en materia de echarse mutuamente la culpa por el secuestro o discutir por cómo encarar la “rehabilitación” de la nena, con Charlie prefiriendo un centro médico especializado y Larissa queriendo mantenerla en casa sí o sí, hasta llegar a los secuaces del demonio, nos referimos a una Carmen resucitada y los otros purretes de la pareja, ambos comportándose como energúmenos precoces e irreverentes al igual que Katie, ese triste émulo de Regan MacNeil (Linda Blair), de El Exorcista, y Susie Hacker (Brigitta Boccoli), de Manhattan Baby. Como afirmábamos antes, La Posesión de la Momia se muestra ambiciosa y desparrama entusiasmo por todas partes pero no consigue rescatarnos del tedio debido al trazo grueso, una duración inflada y actuaciones anodinas…
La Posesión de la Momia (Lee Cronin’s The Mummy, Estados Unidos/ Irlanda/ España/ Canadá, 2026)
Dirección y Guión: Lee Cronin. Elenco: Natalie Grace, Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Verónica Falcón, Hayat Kamille, Shylo Molina, Billie Roy, Mark Mitchinson, May Elghety. Producción: Jason Blum, James Wan y John Keville. Duración: 134 minutos.