Prospect

Al cosechar gemas en el espacio

Por Emiliano Fernández

Al cine actual le cuesta sufrimiento y muchas frustraciones generar buenos exponentes de una fórmula del pasado que supo ser sinónimo de propuestas de calidad, aquello de “a veces menos es más”, resumen práctico en torno a cierta filosofía minimalista encarada desde la producción que -con la decidida intención de contrarrestar el típico gigantismo hollywoodense de siempre- podía llegar a ser clave en obras de impronta artesanal más preocupadas por el desarrollo narrativo, los detalles y principalmente los personajes que por la parafernalia rutinaria aventurera, los romances de manual y esos héroes que parecen salidos de un serial pulp de principios del Siglo XX, aunque sutilmente adaptados al trasfondo soberbio vacuo asexual que domina el panorama de gran parte de la industria cultural mainstream desde la década del 80 hasta el presente. Ese regreso a relatos más desnudos implica por un lado una internalización en los personajes de las gestas conspicuas de antaño y por otro lado una expansión humanista tambaleante porque ahora todo depende del arte de conocer/ presentar al protagonista, por lo que resulta crucial que cuente con una vida anímica compleja ya que caso contrario el andamiaje retórico podría caerse a pedazos.

 

Tenía que aparecer una pequeña ópera prima, en este caso la sorpresiva y arrebatadora Prospect (2018), de los directores y guionistas norteamericanos Christopher Caldwell y Zeek Earl, para hacernos recordar la enorme importancia en primer lugar de ese ascetismo concienzudo al que nos referíamos con anterioridad y en segundo término de la mismísima ciencia ficción para adultos, rubro que parece sepultado por demasiadas obras bobaliconas intercambiables de nuestros días que vuelan muy bajo y aburren de inmediato. La película que nos ocupa definitivamente retoma varios elementos centrales de El Tesoro de Sierra Madre (The Treasure of the Sierra Madre, 1948), el clásico agridulce inoxidable de John Huston con Humphrey Bogart, Walter Huston y Tim Holt, ahora ofreciéndonos una mini odisea protagonizada por un padre y su hija, buscadores de minerales de altísimo valor en la Luna Verde: así las cosas, el primero muere pronto y la chica debe arreglárselas para sobrevivir a la par de nada menos que el asesino de su progenitor, con el que entabla una curiosa y mutuamente beneficiosa sociedad que escapa a los estereotipos vetustos de opus similares porque aquí las categorías taxativas de la bondad y la maldad no sirven para nada.

 

Damon (Jay Duplass) y la joven Cee (Sophie Thatcher) están acoplados con su nave a un carguero que orbita alrededor de un astro cubierto de una frondosa vegetación que resulta tóxica para los seres humanos, por lo que los susodichos deben utilizar trajes herméticos con filtros para purificar un aire en el que flotan permanentemente unas partículas parecidas a lo que serían unas esporas visibles destinadas a la reproducción de la flora. Ambos se desprenden del carguero, el cual en poco tiempo será sacado de servicio, y aterrizan en la Luna Verde porque el hombre, un “cosechador” experto de unas gemas que pululan en determinados yacimientos del lugar, fue contratado por un grupo de peligrosos mercenarios que se toparon por accidente con La Guarida de la Reina, un depósito legendario y bastante amplio de aurelac, tal el nombre de un mineral freak símil rubí muy buscado y costoso que requiere de un proceso concreto para ser cosechado, empezando por extraer unas vainas que crecen debajo de la tierra cual tubérculos, cortar con un bisturí un recubrimiento carnoso para sacar una ampolla con ácido que no debe tocar la gema y finalmente rociar el aurelac con un compuesto líquido explosivo -denominado fáser- para así limpiar/ pulir el mineral.

 

La relativa tranquilidad del padre y la hija, caracterizada por el recuerdo doloroso de la muerte de la madre y la frialdad con la que Damon trata a Cee, se viene abajo cuando se cruzan con un par de hombres, Ezra (Pedro Pascal) y Número Dos (Luke Pitzrick), que llegaron a la Luna Verde hace tiempo detrás de aurelac, no encontraron demasiado y hoy por hoy andan buscando una nave para escapar del planeta, frente a lo cual Damon les termina proponiendo que lo ayuden a cosechar en La Guarida de la Reina. Codicia entrecruzada de por medio, el asunto deriva en una balacera en la que fallecen Número Dos y Damon, quedando sola Cee con un transporte inservible para reacoplarse al carguero y salir del lugar, por lo que eventualmente acepta la oferta de Ezra -quien remató a su progenitor en el suelo- de ir hasta el campamento de los mercenarios, extraer las gemas y pedirles viajar con ellos para abandonar la Luna Verde. El viaje se complicará feo porque se topan con un grupito de religiosos desquiciados que quieren comprar a la niña para reproducirse y porque el propio Ezra, un señor muy verborrágico, tiene un disparo en un brazo -cortesía de la chica- que desencadenará una urgente amputación para sobrevivir.

 

Con un ritmo y una tesitura muy cercanas a lo que sería un western crepuscular en algún confín del universo semejante -pero al mismo tiempo diferente- al Planeta Tierra, y sin grandilocuencia facilista estándar y con prácticamente casi nada de CGI porque los efectos ópticos y un maravilloso diseño de producción pasan al primer plano desde el inicio de la faena, Prospect resignifica con eficacia e inteligencia una amalgama de alusiones simbólicas alrededor de la Fiebre del Oro y la Gran Depresión en términos de una fantasía de influjo naturalista que toma a la desesperación por enriquecerse como eje central, amén de su coletazo infaltable posterior, léase esa angustia por no haberlo logrado y ni siquiera contar con los recursos necesarios para volver al hogar o -en caso de que no se lo tuviese, como los nómadas Damon y Cee- para continuar viajando en pos de la mentirosa utopía capitalista del bienestar económico que algún día -se supone- debería caer del cielo por arte de magia. Aquí la iconografía despojada lo abarca todo: las naves son latas de sardinas sin realidad virtual ni pavadas similares, no hay trajes complicados sino simples escafandras con filtro, lo “alienígena” se reduce a las esporas flotando entre el follaje, la ansiedad es el principio rector, y en suma todos se sacan las armas mutuamente a pura torpeza humana (hasta el aparatejo semejante a un rifle que utiliza ella apenas si se carga con una manivela común y corriente que insinúa el sustrato de steampunk bucólico del film en su conjunto).

 

La realización de Caldwell y Earl se mantiene todo el tiempo dentro de la comarca retórica del cine de género y evita los soliloquios arty y los momentos de contemplación preciosista debido a que su interés se condice con la construcción de una historia mínima de insólita y necesaria complicidad entre dos personajes que comienzan el relato en plena enemistad y paulatinamente unifican fuerzas para conservar la vida en un ambiente tan paradójico como ellos mismos, a la par valientes y frágiles, cada vez más conscientes de la futilidad de la cruzada plutocrática de base y de un embrollo producto de una ingenuidad que les terminó “fagocitando” a sus dos grandes pivotes, el padre de Cee y el brazo derecho de Ezra, en este último caso en simultáneo arma y herramienta corporal esencial a lo largo de toda su vida. El hombre, un veterano del arte del rebusque a cualquier precio, encuentra su contrapunto en la dureza inocentona y muy melómana de la niña, quien quiebra su carácter adusto en el desenlace cuando por fin le dice a Ezra su nombre y le comenta que ese cuaderno que lleva con insistencia y se la pasa escribiendo es su transcripción semi de memoria de Streamer Girl, una novela adolescente de iniciación que perdió y que ahora reconstruye agregándole escenas a la trama principal para sentirse mucho más partícipe de lo narrado, un detalle hermoso que evita el escapismo pasivo y subraya la capacidad creadora/ imaginativa detrás del consumo cultural y este mismo elogio melancólico al cosechar gemas en el espacio…

 

Prospect (Estados Unidos/ Canadá, 2018)

Dirección y Guión: Christopher Caldwell y Zeek Earl. Elenco: Sophie Thatcher, Jay Duplass, Pedro Pascal, Luke Pitzrick, Arthur Deranleau, Andre Royo, Alex McCauley, Doug Dawson, Krista Johnson, Brian Gunter. Producción: Andrew Miano, Matthias Mellinghaus, Scott Glassgold, Chris Weitz, Garrick Dion y Dan Balgoyen. Duración: 100 minutos.

Puntaje: 8