Exterminio (28 Days Later)

Algo en la sangre

Por Emiliano Fernández

Cuando Danny Boyle estrena Exterminio (28 Days Later, 2002) el subgénero del terror centrado en los zombies estaba casi desaparecido y por ello, en función del éxito global del film y su significativa influencia a futuro, se suele decir que rejuveneció un formato hasta entonces reducido al ámbito Clase B, el horror indie y los sustos homologados a la sátira social polirubro que no atraía multitudes ni mucho menos. Como si se tratase de una banda que se sigue desde hace mucho tiempo y de repente alcanza una popularidad descomunal al punto de dejar en el público histórico ese gusto amargo de la traición simbólica del destino, el espectador fanático del terror de toda la vida debió aceptar que la moda mainstream de los cadáveres caminantes y semejantes -u obsesión temática comercial, mejor dicho- haya conquistado al público bobo promedio durante los tres primeros lustros del nuevo milenio en gran medida gracias al diminuto opus de Boyle, el cual -como todo convite para la gran pantalla- está realizado de una vez y para siempre y aquello que ocurra en recepción se le escapa completamente de las manos, fama que sorprendió a todos pero también se explica por la calidad del film de turno y la necesidad planetaria de descargar la angustia y la falta de certezas en todo sentido mediante la identificación para con un contexto apocalíptico furioso, de allí se entiende la enorme aceptación que tuvo The Walking Dead (2010-2022) y la generosa catarata de películas, novelas y videojuegos sobre zombies. Boyle por aquellos años venía de dos obras extraordinarias, Tumba al ras de la Tierra (Shallow Grave, 1994) y Trainspotting (1996), y dos relativamente fallidas, Vidas sin Reglas (A Life Less Ordinary, 1997) y La Playa (The Beach, 2000), por ello Exterminio se sintió como un regreso a lo mejor de su carrera y una suerte de “solución negociada” entre su estatus de director Clase A y sus pretensiones siempre vanguardistas y lúdicas a lo versión británica de un Steven Soderbergh, hoy desembocando en un rodaje símil cine de guerrilla con cámaras de 16 milímetros y de video digital de baja resolución para tomas casi siempre cortas y feroces.

 

Además de este gesto ultra iconoclasta, léase el apego hacia el lo-fi y el cinéma vérité de bajo presupuesto en medio de la dictadura del Siglo XXI de la prolijidad desabrida, las imágenes cristalinas y las pantallas en verdad gigantes, en Exterminio se suman otras dos características de quiebre, primero el mismo hecho de retrotraerse hacia las fuentes de la paranoia y la devastación al retomar El Día de los Trífidos (The Day of the Triffids, 1963), clásico del húngaro István Székely alias Steve Sekely sobre unas plantas carnívoras que dejan ciega y devoran a toda la humanidad, y aquella trilogía original de George A. Romero centrada en un complejo holocausto zombie, la de La Noche de los Muertos Vivos (Night of the Living Dead, 1968), El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 1978) y El Día de los Muertos Vivos (Day of the Dead, 1985), y segundo la idea de transformar en guionista al hasta entonces únicamente literato Alex Garland, señor muy talentoso que había escrito la novela de 1996 en la que estaba basada La Playa, siendo precisamente Exterminio su debut en un enclave cinematográfico en el que luego crecería exponencialmente firmando las historias de Sunshine: Alerta Solar (Sunshine, 2007), asimismo de Boyle, Nunca me Abandones (Never Let Me Go, 2010), de Mark Romanek, y Dredd (2012), de Pete Travis, y escribiendo y dirigiendo Ex Machina (2014), Aniquilación (Annihilation, 2018) y Hombres (Men, 2022). Jim (Cillian Murphy) es un mensajero en bicicleta que es atropellado en las calles de Londres y se despierta en un hospital desértico después de que unos activistas por los derechos de los animales liberasen en un centro de investigación de Cambridge a un chimpancé infectado con un virus modificado de la rabia. Primero se topa con un dúo de sobrevivientes, Selena (Naomie Harris) y Mark (Noah Huntley), pero este último muere en un ataque de los contagiados y la pareja restante decide trasladarse a Manchester junto a un padre taxista y su hija, Frank (Brendan Gleeson) y Hannah (Megan Burns), es pos de hallar un edén en la debacle siguiendo una transmisión radial emitida por un pelotón de soldados.

 

Recuperando aquel comienzo en el hospital con el protagonista débil y muy confuso, Bill Masen (Howard Keel), de El Día de los Trífidos, tanto de la película como de la novela original de 1951 de John Wyndham, y mucho de la aislación con protección castrense y las críticas furibundas contra el ecosistema militar y su brutalidad de El Día de los Muertos Vivos, por más que Boyle y Garland en su momento hayan hablado más de La Noche de los Muertos Vivos y El Amanecer de los Muertos, Exterminio está dividida en dos partes muy claras en las que se pasa de la soledad y la desesperación urbana, correspondientes a una primera mitad plagada de tomas fascinantes de una Londres sin un ser humano a la vista, a una esperanza bucólica cuando Jim, Selena, Frank y Hannah se suben al taxi para llegar al idealizado Bloqueo 42, ubicado a 27 millas al norte de Manchester, lo que resulta ser un mega fiasco porque Frank se infecta cuando se le cae una gota de sangre en un ojo mientras intentaba espantar un cuervo que comía un cadáver en las alturas, terminando asesinado por huestes militares que en realidad lo único que deseaban eran putas y por ello la mujer y la preadolescente hija del finado cumplen los requisitos. Desde el momento en el que los tres sobrevivientes se convierten en esclavos tácitos de los esbirros marciales, éstos a su vez comandados por el Mayor Henry West (Christopher Eccleston), quien frente al fantasma del suicidio masivo entre sus tropas prefirió “levantar la moral” con una buena tanda de violaciones, el film de Boyle hace propio un viejo latiguillo del acervo romeriano -aunque también, en menor medida, propio de las incursiones en el género zombie de Lucio Fulci, Jean Rollin y Dan O’Bannon- vinculado a la amenaza de los mortales, quienes pueden ser tan peligrosos como los muertitos ya sea por su gran malicia o por su evidente estupidez, ejemplo de lo primero es la cruel intervención de los milicos, quienes fusilan a un colega díscolo, el Sargento Farrell (Stuart McQuarrie), y tienen encadenado a uno de los suyos que está infectado para descubrir cuánto tarda en morir de hambre, Mailer (Marvin Campbell).

 

Ni siquiera Jim, el héroe del segundo acto de la trama al salvar a las hembras cautivas, le escapa al tratamiento nihilista, impiadoso y realista sucio de Garland, uno por cierto muy pegado al desprecio hacia los resortes sentimentaloides hollywoodenses y toda esa estética del maniqueísmo barato preciosista, debido a que durante la primera parte del relato en esencia es él quien provoca la muerte de Mark, cuando se pone a mirar videos familiares en medio de la noche y así llama la atención de los rabiosos, y es él quien actúa como un peso muerto en aquella escena del ataque en el edificio de Frank y su vástago, cuando por sus quejas y su debilidad es tratado como un lastre insoportable por Selena. Si bien el desenlace original craneado por el director y el guionista, el de Jim muriendo en otro hospital luego de recibir un disparo de parte del maquiavélico West, es en verdad muchísimo mejor que el elegido para el estreno internacional, ese del rescate del hombre y de las dos féminas al ser identificados por un avión finlandés de reconocimiento, porque cierra el ciclo del personaje del genial Murphy en torno a los nosocomios del espanto y la desolación más prosaica, el remate estándar tampoco molesta y se puede aseverar que le da un poco de aire a personajes que sufrieron demasiado a lo largo de un periplo casi siempre fatalista, donde las injusticias darwinistas están a la orden del día y la farsa de las autoridades, el aparato represivo, el capitalismo y la medicina queda en primer plano ya que más que rescatarnos brillan por su ausencia o directamente mutan en psicópatas tremendos que se piensan que pueden hacer lo que quieren con la vida y muerte de sus prójimos y de la flora y la fauna. Muchas veces se suele decir que Exterminio introdujo la novedad de la velocidad de los zombies pero ello ya estaba presente en la también mítica El Regreso de los Muertos Vivos (The Return of the Living Dead, 1985), de O’Bannon, lo que en verdad aportó fue el dejo animalizado de los infectados y un cuidado supremo en la dirección de actores, detalles que pusieron el acento en el drama humano detrás de estos embates por “algo en la sangre” que todo lo consume…

 

Exterminio (28 Days Later, Reino Unido, 2002)

Dirección: Danny Boyle. Guión: Alex Garland. Elenco: Cillian Murphy, Naomie Harris, Brendan Gleeson, Megan Burns, Christopher Eccleston, Noah Huntley, Stuart McQuarrie, Ricci Harnett, Leo Bill, Marvin Campbell. Producción: Andrew Macdonald. Duración: 113 minutos.

Puntaje: 10