Carter Smith es uno de esos directores que sin llegar a ninguna cima de calidad por lo menos se las ingenian para entregar películas interesantes y sobre todo distintas entre sí, lo que ya es mucho decir en este reino de la uniformidad y la redundancia denominado Siglo XXI, donde las odiseas con corazón o garra o sinceridad constituyen pequeñas anomalías. El estadounidense, en esencia un fotógrafo gay de modas antes de saltar al ecosistema del séptimo arte, debutó como realizador a toda pompa con una propuesta mainstream para DreamWorks Pictures y Paramount Pictures, Las Ruinas (The Ruins, 2008), película bien despareja y no particularmente original que se centraba en el ataque de unas enredaderas carnívoras en unas construcciones mayas en México y que por cierto sentaría las bases para lo que ocurriría a posteriori aunque en el campo indie, hablamos de las también erráticas pero atractivas Jamie Marks Está Muerto (Jamie Marks Is Dead, 2014), faena adolescente de fantasmas que mutaba en un romance gay de ultratumba, y Tragado (Swallowed, 2022), aquella mixtura de body horror y thriller de contrabando que tampoco terminaba de cuajar del todo aunque, nuevamente, se las arreglaba para ofrecer un cóctel formal por momentos imprevisible y con algunas escenas verdaderamente memorables, otra vez con una temática homosexual de fondo pero ya “bajándola” al mundo criminal de los vivos e incluyendo en la pócima algunos detalles drogones que arrimaban todo el asunto hacia el eje surrealista.
La cuarta propuesta de Smith para MGM+ y Mubi, El Pasajero (The Passenger, 2023), se sumerge en un raid delictivo verosímil por lo improvisado, en contraposición a las pavadas hollywoodenses, y renuncia al motivo gay explícito pero no a una posible interpretación homoerótica porque todo vuelve a concentrarse en dos hombres y sus agitadas experiencias colectivas, Benson (Kyle Gallner), treintañero de carácter psicopático apenas disimulado, y Randolph “Randy” Bradley (Johnny Berchtold), muchacho de 21 años muy introspectivo y dócil desde que cuando niño dejase tuerta a una docente, la Señorita Beard (Liza Weil), al arrojarle una goma de borrar que fue a parar a su ojo izquierdo. Ambos trabajan en una hamburguesería de un pueblito rural de Luisiana y Benson decide salir en defensa de Randy cuando estaba siendo victimizado por otro compañero de trabajo, Chris (Matthew Giovanni Laureano), por ello el personaje del tremendo Gallner toma una escopeta y mata al abusón, a la descerebrada de su novia, Jess (Jordan Sherley), y al gerente de turno, Hardy (Billy Slaughter). Luego de limpiar la sangre y esconder los cadáveres, los dos varones cierran el local y se dirigen al hogar de Benson para entregarle comida y cigarrillos a su madre (Sue Rock), periplo que pronto incluye visitas a la ex novia de Bradley que lo abandonó por su inconmensurable apatía, Lisa (Lupe León), y a la misma Señorita Beard, quien reconstruyó su vida a posteriori del incidente y hoy tiene una hija de ocho años, Tessa (Merah Benoit).
El trabajo de Smith, escrito por un tal Jack Stanley cuyo único film previo dejó mucho que desear, Lou (2022), thriller de acción de Anna Foerster para Netflix, por un lado cae algo por debajo de La Última Parada en el Condado de Yuma (The Last Stop in Yuma County, 2023), excelente neo noir de Francis Galluppi y otra aventura delictiva de marco bucólico aunque decididamente socarrona, y por el otro lado consigue la proeza de analizar con perspicacia una temática vigente y nada agradable, esa idea muy del nuevo milenio de que el otro es un pobre diablo y el que habla tiene el control de su vida, ya sea de la propia y/ o de esa misma del prójimo, noción transformada en el latiguillo de la película porque todo el periplo de Randy y Benson se justifica en la creencia de este último, de tipo paternalista, de que en Bradley existe “algo que se puede arreglar”, un trasfondo psicológicamente dañado que puede curarse si se respeta la filosofía del asesino, doctrina resumida en adagios como valerse por uno mismo, vengarse de los bullies, escapar de la mediocridad cultural y laboral y hacer las paces con el pasado para que deje de atormentarnos o de esclavizar al presente y al futuro, de allí que obligue a punta de revólver a su compinche intuitivo o experimento social en potencia, el “pasajero” del título, a enfrentarse a sus problemas cuando él mismo tiene los suyos sin resolver, comenzando por un antiguo profesor y quizás pedófilo, Elliot Sheppard (Glendon Ray Hobgood), al que revienta a golpes en un estacionamiento escolar.
Sin lugar a dudas uno de los puntos fuertes del film es la intervención etérea de Berchtold, construyendo en pantalla a una criatura siempre vulnerable, y la pirotecnia del mucho más experimentado Gallner, veterano del thriller y el horror que recientemente brilló en Sonríe (Smile, 2022), de Parker Finn, y sobre todo Querida Extraña (Strange Darling, 2023), de J.T. Mollner, y que en esta ocasión maneja hábilmente el campo de lo “no dicho” porque jamás conocemos el background identitario de su personaje, un espejo negativo e insalvable de Randy. Con un tono apesadumbrado que incorpora pinceladas de obras similares como Malas Tierras (Badlands, 1973), de Terrence Malick, Thelma & Louise (1991), de Ridley Scott, Un Mundo Perfecto (A Perfect World, 1993), de Clint Eastwood, y Un Día de Furia (Falling Down, 1993), de Joel Schumacher, entre otras epopeyas de colapso ciudadano o travesía criminal espontánea, El Pasajero a veces confía demasiado en el minimalismo del armazón artístico o su claustrofobia y por ello no va más allá de -o tal vez se engolosina con- las cárceles mentales de ambos hombres y sus ingredientes centrales, tanto la abulia, el trauma y los fetiches sadomasoquistas del pueblo chico o pastoril como esos estados varios en línea con la sumisión, la madurez y la tolerancia o los problemas comunicacionales y de autoestima. En última instancia la película trabaja bastante bien la angustia y el naturalismo con conciencia de clase, ubicado entre el lumpenproletariado y la white trash más tosca…
El Pasajero (The Passenger, Estados Unidos, 2023)
Dirección: Carter Smith. Guión: Jack Stanley. Elenco: Kyle Gallner, Johnny Berchtold, Liza Weil, Matthew Giovanni Laureano, Lupe León, Jordan Sherley, Sue Rock, Merah Benoit, Glendon Ray Hobgood, Kanesha Washington. Producción: Jason Blum, Chris McCumber, Jeremy Gold y Paige Pemberton. Duración: 99 minutos.