Exterminio: La Evolución (28 Years Later)

Algunas vidas se van y otras llegan

Por Emiliano Fernández

Exterminio: La Evolución (28 Years Later, 2025) constituye el reencuentro entre Danny Boyle y Alex Garland luego de casi dos décadas ya que sus colaboraciones previas habían sido las lejanas La Playa (The Beach, 2000), Exterminio (28 Days Later, 2002) y Sunshine: Alerta Solar (Sunshine, 2007), la primera inspirada en la novela de 1996 de Alex y las otras dos contando con guiones originales del señor, después devenido director de las geniales Ex Machina (2014), Aniquilación (Annihilation, 2018), Hombres (Men, 2022), Guerra Civil (Civil War, 2024) y Warfare: Tiempo de Guerra (Warfare, 2025). El film que nos compete, de hecho, es la segunda secuela de Exterminio luego de la digna Exterminio 2 (28 Weeks Later, 2007), de Juan Carlos Fresnadillo, y bien puede decirse que aquí queda poco de la claustrofobia a cielo abierto y el antimilitarismo de aquellas porque hoy el melodrama de descomposición familiar domina el relato, elemento de todos modos siempre presente en la saga pero de manera accesoria, u ocupa el lugar de las ironías de antaño sobre la sociedad de consumo, la vida hueca metropolitana y el manejo institucional de una “crisis zombie” que empezó con aquella liberación de primates infectados con el virus de la ira por parte de activistas ecológicos, todos pivotes a su vez tomados prestados de la trilogía inaugural del rubro -en su versión moderna- del recordado George A. Romero, compuesta por La Noche de los Muertos Vivos (Night of the Living Dead, 1968), El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 1978) y El Día de los Muertos Vivos (Day of the Dead, 1985), parábolas muy inteligentes de las guerras, el consumismo y el fetiche militar anglosajón, respectivamente.

 

Además de ser el inicio para una futura trilogía en la que Boyle se encargará de la tercera parte porque la segunda, Exterminio: El Templo de los Huesos (28 Years Later: The Bone Temple, 2026), ya quedó en manos de Nia DaCosta, responsable de las insípidas Cruzando los Límites (Little Woods, 2018), Candyman (2021) y The Marvels (2023), la propuesta funciona como la segunda secuela en la carrera del cineasta después de T2 Trainspotting (2017), continuación del célebre opus de 1996, y como su regreso a la dirección a posteriori de dos obras musicales apenas correctas, primero Yesterday (2019), un jukebox fantástico a medio cocinar alrededor del repertorio de The Beatles, y segundo Pistol (2022), disfrutable miniserie para FX on Hulu acerca de la historia de Sex Pistols desde el punto de vista del guitarrista histórico del legendario grupo punk, Steve Jones. El guión de Garland transcurre en 2030 en una comunidad de sobrevivientes de Lindisfarne, una pequeña isla de un Reino Unido en eterna cuarentena a la que se accede mediante una calzada que se cubre de agua con la marea alta y queda al descubierto para su utilización con la marea baja. Por un ritual de “adultez”, al cumplir los doce años Spike (Alfie Williams) es llevado al mundo exterior por su padre cazador e infiel, Jamie (Aaron Taylor-Johnson), en una peligrosa excursión sin demasiado sentido en la que ven a la distancia una fogata que el mocoso luego descubre es producto de un paria que edificó un templo con los huesos esterilizados de los muchísimos cadáveres, el médico Ian Kelson (Ralph Fiennes), por ello al regreso al hogar secuestra a su madre con problemas mentales, Isla (Jodie Comer), para hacerla atender por el matasanos.

 

El film incluye una partición muy explícita de acuerdo a una primera mitad de índole mainstream aventurera, basada en la típica incursión en territorio hostil, y una segunda parte de desarrollo en serio de personajes que en un primer momento se hace pesada por lo redundante -films similares se cuentan de a cientos, especialmente desde que la propia Exterminio pusiese de moda de nuevo a los muertos vivientes e infectados- para luego, en su tramo final, incorporar algunas ideas o recursos atractivos, pensemos para el caso en los zombies gordos reptantes, el episodio/ impasse cómico con Erik Sundqvist (Edvin Ryding), un soldado sueco de la OTAN con el que se topan el niño y su progenitora, y por supuesto aquel parto en un tren de una hembra zombie (Celi Crossland), amén del gurú solitario de la medicina y la parca en general en la piel de un infatigable Fiennes. Una vez más regresan todos los latiguillos de Boyle y en Exterminio: La Evolución se los utiliza en función de las necesidades narrativas -y el alto grado de autoindulgencia- de turno, así nos encontramos con un montaje esquizofrénico, imagen congelada para los impactos de flechas, inserts de películas de caballería en su versión ridícula británica, tomas desde ángulos bizarros, algo de visión nocturna, momentos surrealistas o lisérgicos tácitos, unos constantes flashbacks para explicar un evento reciente y esa generosa dosis de cámara en mano, a la par digital y movediza como corresponde a la saga. Como decíamos antes la parentela se transforma en el eje dramático excluyente, en esta ocasión más cerca del clan tradicional en crisis de la secuela de 2007 que de la familia compuesta/ intuitiva/ espontánea de la película original.

 

Si bien resulta muy interesante el retrato de la comunidad de sobrevivientes humanos, en pantalla vinculada a una cuasi secta de pajueranos corporativistas, banales y chauvinistas adeptos a los rituales de autolegitimación cruenta, y si bien el amigo Danny saca partido de la impronta entre deprimente y pintoresca de la campiña inglesa, una especie de jardín infinito porque los habitantes de las islas a lo largo de los siglos fueron destruyendo toda flora y toda fauna autóctonas para reemplazarlas con los típicos caprichos humanos que limitan el paisaje a la repetición vacua de lo mismo, suprimiendo lo salvaje o indomable, sinceramente The Walking Dead (2010-2022), la serie creada por Frank Darabont para la cadena AMC a partir de los cómics de Robert Kirkman, Tony Moore y Charlie Adlard, agotó por sobreexplotación cada una de las temáticas aquí trabajadas, desde la amenaza zombie, la ausencia del Estado y la comunidad improvisada de supervivientes hasta los vínculos familiares dañados, la desesperación en el día a día y las “internas” entre los seres humanos una vez que los recursos se sienten escasos o quizás se percibe una atmósfera de anarquía. Lamentablemente el mejor personaje de la realización, ese Sir Jimmy Crystal del siempre estupendo Jack O’Connell, aparece en los últimos segundos de la propuesta y el gesto exacerba el gusto amargo que la experiencia deja en el espectador porque pareciera que el verdadero “agite” narrativo estará reservado a Exterminio: El Templo de los Huesos de la mano de la madurez de Spike, el regreso de Jim (Cillian Murphy), protagonista de la primera odisea, y el aprovechamiento del Kelson de Fiennes y del culto freak alrededor del personaje de O’Connell, aquí núcleo de un prólogo en el que su padre vicario se entrega gustoso a las hordas de infectados (Sandy Batchelor). Exterminio: La Evolución funciona más como una introducción de personajes, o a lo sumo un análisis de la desintegración familiar o de un luto en cámara lenta, que como una película autónoma propiamente dicha, algo en el fondo doloroso porque se sigue aplicando la lógica televisiva de encadenamiento ad infinitum a un séptimo arte que no se merece este tipo de tratamiento incluso dentro del esquema comercial de las franquicias, pudiéndose construir peldaños interesantes sin dejar todo en el aire en un final abierto o “cliffhanger” cual escalera de nunca acabar. En última instancia aquí se pretende transmitir, de manera sensata pero demasiado simple, que nuestro devenir mundano se equipara a una situación de emparejamiento en parte fortuita ya que algunas vidas se van y otras llegan para equilibrar el asunto, moraleja diagramada desde un humanismo y una paciencia que el Hollywood contemporáneo para majaderos desconoce…

 

Exterminio: La Evolución (28 Years Later, Reino Unido/ Estados Unidos, 2025)

Dirección: Danny Boyle. Guión: Alex Garland. Elenco: Alfie Williams, Aaron Taylor-Johnson, Ralph Fiennes, Jodie Comer, Edvin Ryding, Sandy Batchelor, Celi Crossland, Amy Cameron, Christopher Fulford, Stella Gonet. Producción: Danny Boyle, Alex Garland, Andrew Macdonald, Peter Rice y Bernard Bellew. Duración: 115 minutos.

Puntaje: 6